
Desde Washington - El ministro de Economía, Sergio Massa, salió anoche de Washington DC para llegar hoy a Buenos Aires. Atrás dejó tres días de una frenética seguidilla de reuniones, encuentros, cenas, mesas redondas y cruces no del todo casuales en pasillos que -en todos los casos, sin excepción- se transformaron en fotos para la galería de imágenes con la que el todavía flamante titular del Palacio de Hacienda construye su influencia.
Massa llegó el miércoles al mediodía a la capital de los Estados Unidos y se fue ayer por la noche. Vino a esta ciudad a participar de las Reuniones Anuales del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, que empezaron el lunes pasado y terminaron ayer.

En un foro en el que las obsesiones generalizadas fueron el cada vez más cierto riesgo de recesión para la economía global, el voluntarioso apoyo financiero a la Ucrania que pelea contra una invasión, la preparación para lo que será un duro invierno europeo sin la disponibilidad de combustible ruso y la certeza de que los países más débiles tendrán problemas de deuda ante el endurecimiento de la política monetaria en los economías, Massa debió seguir su propia agenda paralela.
A París a fin de mes
Uno de los principales motivos de Massa para viajar a Washington por segunda vez en sólo 70 días de gestión, ya que había hecho una larga gira por Estados Unidos en septiembre, era establecer el contacto en persona con el Club de París. El demorado acuerdo con el grupo de países acreedores -Guzmán renunció días antes de un viaje en el que, aseguraba, se firmaba el nuevo programa de pago- ya venía siendo desarrollado por el equipo económico.

Pero el contacto en persona, siempre necesario, se necesitaba para cerrar algunos detalles que en Economía calificaron de menores pero que no evitaron programar un viaje a la capital de Francia a fines de mes. De la reunión con Emmanuel Moulin, secretario del Tesoro francés y secretario general del Club de París, los funcionarios argentinos se llevaron la cita que -según ellos- sólo un imponderable podría transformarla en algo distinto a firmar los papeles. La fecha tentativa del viaje es el 27 y 28 de octubre.
La deuda con el Club de París era la última refinanciación que le quedaba por hacer al Gobierno de Alberto Fernández, luego de que Guzmán cerrara con acreedores privados y con el FMI. Son unos USD 2.000 millones remanentes que, si todo sale según los deseos oficiales, pasarían a ser pagados en un nuevo cronograma con mayor plazo y mejores condiciones financieras.
Dólares para las reservas
En segundo lugar, Massa se trajo de la Ciudad que es sede del FMI, el Banco Mundial y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) la firma de un crédito que forma parte de los USD 3.000 millones que prometió este último organismo antes de fin de año. El miércoles, el directorio del BID comunicó la aprobación de una línea de crédito que se incorporaría este lunes a las reservas del Banco Central. Unos USD 700 millones.

Además, el viernes el equipo técnico del banco completó un informe para destrabar el desembolso de otros USD 500 millones de una línea de crédito ya vigente. En total, USD 1.200 millones que deberían estar en Buenos Aires antes de fin de mes.
Massa, además, aprovechó la presencia en el FMI de sus pares de la región para participar de las conversaciones en dirección a reemplazar a Mauricio Claver-Carone, el presidente estadounidense de muy buena relación con él que terminó destituido por un affaire laboral.
La región, todavía herida por la ruptura de la tradición de que un latinoamericano conduce al BID que significó el nombramiento de Claver-Carone a instancias del entonces presidente Donald Trump, va a tratar de redimirse. Brasil y México, a la cabeza de los todavía heridos por aquella derrota, conducen un intento de consenso alrededor de una serie de puntos.

El primero de ellos, sentar prioridades para los préstamos del futuro, segundo abordar la necesidad de capitalizar el banco para sumarle poder de fuego y, por último, un candidato.
La Argentina no tiene hoy por hoy un candidato propio. Pero Massa dice en público que va a buscar consenso en la región para presentar un candidato, que no tiene por que ser argentino. Una vez que exista ese consenso.
Preocupación
A seis meses de firmado el acuerdo con el FMI, y siendo Massa el tercer ministro de Economía argentino en ese período, en los múltiples encuentros de personal del FMI con Massa el punto en común fue la preocupación de los funcionarios de todo rango por la inflación que corre ahora al 83% interanual, muy por encima del 52,3% al que se movía cuando se pactó el Programa de Facilidades Extendidas vigente.
En las reuniones cerradas, Gita Gopinath -la número dos del Fondo- fue la encargada de hacer llegar las inquietudes del organismo. Más en público, el director del Departamento del Hemisferio Occidental, Ilan Goldfajn, fue el encargado de hacer sonar algunos de las inquietudes del organismo. Como las quejas por los “15 tipos de cambio” que ventiló en una entrevista a la agencia internacional Bloomberg.
La dinámica de los precios, explicó Goldfajn en conferencia de prensa, necesita para moderarse de una correcta implementación del programa y, sobre todo, de apoyo político detrás. Si Massa consigue o no la aprobación del proyecto de Ley de Presupuesto 2023 en el Congreso, por ejemplo, es algo que en el Fondo se sigue de cerca.
Después, la esperanza de una desaceleración rápida de la inflación no es algo que abunde en Washington.
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