
Desde Washington DC, EEUU - El ministro de Economía Sergio Massa se fue anoche de esta capital con una sonrisa más grande que con la que llegó hace una semana.
Su peso político propio y sus contactos en EEUU se tradujeron en un fuerte apoyo del gobierno de EEUU a su gestión y en una negociación con el FMI exitosa. “Ordenada”, es la palabra eligió usar ayer por la tarde, luego de verse cara a cara con Kristalina Georgieva y dejar todo encaminado para un pronto cierre de la segunda revisión del programa vigente.
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“Hay logros, pero tenemos que ser prudentes”, resumió el propio tigrense antes de subirse al avión para volver a Buenos Aires. No es para menos en un contexto muy difícil para la economía argentina, con un 90% de inflación proyectada para este año y otros desafíos por delante, incluidas las próximas revisiones con el FMI y el compromiso, que Massa ratificó, de acumular casi USD 6.000 millones de reservas y tener un déficit primario del 2,5% del PBI para este año y de 1,9% para el próximo. O sea, más ahorro.
Sorpresa en el Tesoro
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Si bien el acuerdo con el FMI fue la noticia que vino a buscar en su primer viaje al exterior como ministro, la reunión con la poderosa secretaria del Tesoro de Joe Biden, Janet Yellen, significó un apoyo político extra y fuera de agenda. El propio Massa se enteró un día antes que lo recibiría la número uno del Tesoro.

“La presencia de Yellen es un gesto muy interesante. Es la primera vez desde que está en el cargo que recibe, en el Tesoro, a un ministro argentino. El intercambio fue muy valioso, estoy seguro que abonará la relación bilateral. Todos nos escucharon con mucho interés: el respaldo político que tiene Sergio es algo que ellos percibieron con claridad”, aseguró el embajador Jorge Argüello.
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Antes del viaje, analistas políticos y financieros que siguen de cerca lo que pasa en el país destacaron la impronta y el peso específico propio del ministro, uno de los líderes de la coalición gobernante que se hizo cargo hace poco más de un mes del sillón principal del Palacio de Hacienda. “Se lo conoce como un pragmático y con suficiente peso político para minimizar malas influencias. Aceptó la necesidad urgente de cortar el gasto público y dejar de imprimir pesos para cubrir el déficit”, resumió Benjamin Gedan, del think tank Wilson Center.
Las reuniones en la Casa Blanca y el Departamento de Estado, pero sobre todo la conversación con Yellen, ratificaron ese rol.
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No sólo fue el Tesoro. Massa pasó por la Casa Blanca, donde se reunió con tres espadas de Biden, los consejeros Jake Sullivan, Mike Pyle y Juan González, con quien además cenó en la residencia del embajador Jorge Argüello; por el Departamento de Estado y vio a empresarios y a líderes comunitarios. No fue a Wall Street -”No tiene sentido en este momento, ya iremos”, dijeron en su entorno- pero destrabó con sus vínculos personales, la relación con el BID y consiguió USD 1.200 millones en créditos de libre disponibilidad. El martes pasado sonrió junto a Mauricio Claver-Carone, presidente del BID, al hacer el anuncio. Hasta su llegada, la relación del presidente de multilateral con el país era muy mala.
“No fui a pedir nada a la Casa Blanca, ni me ofrecieron nada”, dijo el ministro el domingo. E insistió con un tema del G7 y la Cumbre de las Américas: quién pagará el impacto económico global de la invasión rusa a Ucrania. ¿El FMI y los multilaterales? “La guerra generó un impacto que no podemos dejar de poner en cualquier mesa de discusión”, afirmó. Su cálculo para la Argentina da unos USD 20.000 millones que se dejaron de recibir por el conflicto bélico.
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Massa sí habló en el Tesoro del proyecto, ya cerrado a nivel técnico, entre AFIP y su par estadounidense, la IRS, para hacer cruces automáticos de información y cobrarles impuestos -a los bienes Personales y Ganancias- a unos USD 100.000 millones que el gobierno estima están en cuentas de argentinos en EEUU.
“No les debe generar agrado que el sistema financiero de EEUU funcione como guarida fiscal de quienes evaden impuestos en Argentina”, dijo ayer Massa, casi desafiante. Hasta ayer dudaba de la viabilidad del convenio, ahora está seguro de que sale.
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Empoderado por el respaldo, Massa regresó al país después de una semana. Lleva buenas noticias, pero el desafío es grande. De entrada, tendrá días iguales de intensos que en DC: el miércoles presentará su Plan Energético y se conocerá el dato de inflación de agosto, mientras que el jueves difundirá el Presupuesto 2023.
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