
El nivel de actividad económica medida por el indicador desestacionalizado de recaudación de impuestos asociados al mercado interno cerraría con un aumento de apenas 0,3% en el cuarto trimestre respecto del tercero, la mitad de lo que había aumentado este respecto del segundo. Este amesetamiento de actividad dejaría para 2022 un “efecto de arrastre” del PBI de solo 2,4%, precisó un estudio que alertó sobre varios riesgos que podrían complicar a la economía argentina. El indicador incluyen los ingresos fiscales por IVA; aranceles a la importación, impuesto al cheque, combustibles, aportes personales y contribuciones patronales.
“El riesgo de la aceleración inflacionaria ha dejado de ser una cuestión de mediano plazo; con el déficit primario previsto por el presupuesto para 2022 podría ser necesaria una expansión de la base monetaria del orden del 62 %, definiendo un piso elevado para la inflación. Más en el contexto de la necesidad de corregir precios relativos, dado el rezago experimentado por tipo de cambio y, sobre todo, por tarifas”, dice un pasaje de un informe de Jorge Vasconcelos y Guadalupe González, economistas del Ieral de la Fundación Mediterránea, quienes alertan que condiciones “menos favorables”, pero todavía positivas para la Argentina, como una desaceleración del crecimiento chino y el fortalecimiento del dólar, llevaría a una desaceleración del crecimiento del PBI.
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Esos cambios no implican un mal escenario externo. De hecho, en el más probable, de mantenimiento del actual nivel de precios de las materias primas, el valor promedio de las exportaciones argentinas se mantendría 54% por sobre el de los últimos 20 años, tras haber sido un impulso fenomenal en 2021 (el índice del precio de las Materias Primas que elabora el propio BCRA aumentó 49% en los primeros 9 meses del año) y aportar, hasta ahora, USD 38.000 millones de exportaciones del campo y la agroindustria.
Ese envión permitió aumentar la importación de insumos y traccionó el nivel de actividad general, a punto tal que al ranking de subsectores industriales que más crecieron respecto de 2019 lo lideran “Maquinaria Agrícola” (116% en el acumulado a septiembre) y “Remolques, semirremolques y carrocerías” (49,4 %), todos sectores con olor a bosta.
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El Gobierno, sin embargo, busca disfrazar ese aporte de pericia política. La yapa de USD 10.800 millones por la mejora de precios durante el año, dice el informe, es el argumento con el que desestima las expectativas de devaluación, olvidando que el equilibrio del tipo de cambio real no depende solo de esos valores, sino también del nivel del gasto público que debe sufragar la economía y que tuvo un fuerte desfase. Entre 2019 y 2021, precisan los autores, el gasto primario del sector público nacional aumentó 140 % en pesos corrientes, contra el 90% del tipo de cambio oficial, lo que hizo que medido en dólares pasara de 80.000 a 109.000 millones, un 29% más.

Si el gobierno desecha la oportunidad de un acuerdo con el FMI “para revisar las políticas públicas que han llevado a la Argentina a una década de estanflación”, el riesgo es una implementación a medias y revisiones recurrentes. Así no habrá vuelco de expectativas y el horizonte económico seguirá sin despejarse, dice el trabajo.
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Parte del auto-engaño oficial, explican Vasconcelos y González, es haber utilizado la emisión a favor del Tesoro y puesto el endeudamiento en cabeza del Banco Central, que a su vez ha debido emitir Leliqs y Pases para evitar los efectos del jauja monetario. Pero si se suman a la deuda esos “pasivos remunerados”, resulta que la relación deuda pública/PBI, neta de reservas, pasó del 44,6% en 2019 a 53,3% ahora, un aumento del 8,7 puntos en menos de dos años.
Riesgo claro e inminente
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De ahí es que los autores coligen el riesgo de aceleración de la inflación, ya no como algo lejano y, además, potenciado por la necesidad de corregir dos precios relativos: el rezago del dólar “oficial” y, más aún, el de las tarifas públicas. El atraso tarifario, precisan, es mayor al cambiario y presiona las cuentas fiscales vía subsidios cercanos al 3% del PBI. Desde fin de 2018 las tarifas de gas, agua y electricidad subieron en promedio 50 % en CABA, mientras en el mismo período la inflación acumuló un 200%, como muestra el gráfico aquí abajo.

La recaudación “consumointernista” se frenó incluso antes de recuperarse plenamente: el acumulado a noviembre de ese indicador, aunque 11,7% por sobre igual período de 2020, está aún 3% debajo de igual período de 2019. Al actual ritmo, de 0,3% trimestral, llevaría largo tiempo cerrar esa brecha.
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Mientras, entra en juego el nuevo escenario, no adverso pero ya no tan favorable: una economía mundial creciendo menos, por la desaceleración de China (al 4,5-5% anual), un dólar más fuerte y tendencia alcista de las tasas de interés en EEUU, tanto las de política monetaria como la de los bonos del Tesoro a diez años, que de un promedio del 1,5% anual en la actualidad saltarían a más del 2,2% a mediados de 2022, según el consenso de los analistas.
En ese marco, la cuestión sanitaria sería más o menos neutral. “La Argentina llegó entre 3 y 4 meses más tarde que Uruguay y Chile al 50 % de inmunización de población con dos dosis, recuerdan los autores, pero esa brecha se acortó y la aparición de nuevas variantes no parece implicar un retorno a los momentos más críticos, aunque sí podría ralentizar la normalización de actividades como el turismo internacional.
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De hecho, el informe recuerda que el propio FMI señaló en su última Outlook que la desaceleración económica será más intensa en América Latina que en el resto del mundo, con un punto porcentual pleno de merma, precisamente por esa suavización de condiciones externas.
Hasta ahora, el gobierno ha pospuesto los riesgos de la expansión monetaria por el aumento de la deuda del BCRA aplicando tasas reales negativas (38%, contra más de 50% de inflación), algo que solo es posible gracias al continuo estrechamiento del “cepo”. Pero esto, dicen Vasconcelos y González tiene como efecto colateral una altísima brecha cambiaria y un persistente drenaje de reservas ya casi exhaustas.
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El freno al nivel actividad, concluyen, aparece cuando la inflación empieza a acelerarse y restar poder adquisitivo a la demanda, dinámica inevitable si no se recorta el déficit fiscal. Un diagnóstico que de hecho refleja el comunicado del Fondo Monetario de este viernes, en que remarcó la necesidad de hacer “sostenible” la recuperación, marcó la necesidad de empezar a reconstruir las reservas e incluso fue explícito sobre la necesidad de aumentar las tasas de interés.
Como remachan los autores del trabajo, “el riesgo de la aceleración inflacionaria ha dejado de ser una cuestión de mediano plazo”: la economía se amesetó y el esquema de política económica, incluida la política cambiaria, entró en tiempo de descuento.
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