En la última elección los candidatos de izquierda hicieron campaña en nombre del trotskismo, Ahora bien, ¿qué es el trotskismo y qué busca para la Argentina? El magister en economía y ciencias políticas Alejandro Bongiovanni, director de la Fundación Libertad, explicó para Infobae los detalles de esta corriente política que quedó como tercera fuerza en gran parte de los distritos del país y consiguió cuatro diputados nacionales (Nicolás del Caño, Romina del Plá, Myriam Bregman y Alejandro Vilca).
“Los trotskistas son seguidores de León Trotski, aquel líder bolchevique, jefe del Ejército Rojo, organizador de la Revolución Rusa de 1917, que luego de la muerte de Lenin tuvo que exiliarse en México donde finalmente fue asesinado por un sicario de Stalin”, describe Bongiovanni.
En el video que realizó para Infobae, el experto destacó cómo el trotskismo propone eliminar el capitalismo y las instituciones que los componen: las empresas, la libre contratación y, sobre todo, la propiedad privada. “Al sistema económico, jurídico e institucional, tal como lo conocemos, lo reemplazaría por una serie de consejos, o soviets, de trabajadores que decidirían qué se produce, cuánto se produce y para quién se produce. Tomemos por ejemplo el sector automotriz. Para el trotskismo no deberían existir empresas privadas que fabriquen autos, sino que debería haber consejos de trabajadores que definan qué tipos de autos hay que fabricar, con qué cantidad, en qué calidad y para quiénes”, explicó el economista.

Esa disruptiva visión económica, también tiene un correlato con su visión institucional. “La Constitución Nacional, por ejemplo, es vista por el trotskismo como una institución liberal, opresiva y burguesa que busca defender a los poderosos del verdadero poder, que estaría en la calle y en los trabajadores. Aunque no lo hayan declarado tan expresamente en esta campaña legislativa, los candidatos de la izquierda trotskista creen fuertemente en esta visión”, agregó Bongiovanni.
Todos los modelos económicos, políticos e institucionales “son vistos para el trotskismo como intolerables, con excepción del modelo ruso que va de 1917 a 1923″, describió.
Algunas de las propuestas del trotskismo en estas elecciones son:
1 - Nacionalizar la banca y el comercio exterior.
2 - Expropiar todas las empresas que despiden empleados y pasar a gestionarlas con consejos de los trabajadores.
3 - Crear consejos de los trabajadores para gestionar la electricidad, el agua, el transporte y las comunicaciones.
4 - Crear consejos para gestionar todo el sistema de salud.
5 - Repartir las horas entre desempleados y empleados son que nadie cobre menos lo que cobra hoy.
Según Bongiovanni, el modelo trotskista tiene algunas “ventajas”. Por ejemplo, al no estar anclado en un modelo concreto de país, de sistema económico y político, sino más bien en uno ideal, “puede estar siempre del lado de los indignados, de los enojados con el statu quo”.
“Al no tener que referenciarse con datos empíricos, el trotskismo puede denunciar a todos los sistema como injustos y no hacerse responsable de nada de lo que pase en esta ‘prehistoria de la humanidad’, como la llamaba Marx. Eso sí: ese idealismo hace que el trotskismo no sea visto, al menos por ahora, como una alternativa válida para la gestión ejecutiva”, aseguró.
Además, como su foco permanente es la destrucción el sistema capitalista, se aleja de problemas concretos; por ejemplo, la inseguridad. “Para el trotskismo, la inseguridad es un producto de un sistema económico e institucional injusto y no tiene respuesta a la hora de saber qué hacer con un violador, un homicida o un ladrón. La visión de la izquierda trotskista no plantea hacer modificaciones parciales al sistema económico y político sino revolucionar y modificar por completo el mundo tal como lo conocemos. Todos sus planteos se basan en la hipotética y futura llegada de una revolución internacional. Por lo pronto, no hay ningún país del mundo haya aplicado estas ideas, estas recetas, y haya sido exitoso”.
Bongiovanni cerró con una reflexión: “Es muy curioso que las expresiones libertarias e incluso las corrientes de derecha sean tratadas por muchos como peligrosas manifestaciones anti-sistémicas mientras que la izquierda trotskista es vista con simpatía y conmiseración. Afortunadamente, creo que la Argentina dejó atrás las posibilidades de regímenes violentos tanto de izquierda como de derecha, pero resulta peculiar que expresiones que piden menos impuestos o mano dura contra el crimen sean percibidas como anti-sistema y no así espacios que buscan la dictadura del proletariado”.
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