
Los números fiscales son una de las obsesiones del Fondo Monetario Internacional (FMI), y más aún cuando el déficit se financia con emisión monetaria, como sucede -en parte- en la Argentina. En el marco de la negociación que los técnicos del organismo están llevando adelante con el equipo económico para reestructurar una deuda de USD 44.000 millones, el resultado fiscal primario es uno de los ejes más relevantes de discusión, ya que el Fondo podrá aceptar un punto de partida de déficit elevado, pero exigirá un plan descendente hasta alcanzar el equilibrio primero, y luego superávit. El objetivo, claro está, será que el país pueda repagar su deuda.
¿Desde dónde entonces arrancará la Argentina para ir reduciendo gradualmente el rojo fiscal? Con los datos a septiembre, ninguna estimación privada llega a proyectar el número establecido en el Presupuesto 2021, que comenzó siendo del 4,2% del PBI para el sector público no financiero y luego bajó a 4% cuando el Gobierno actualizó las cifras, al presentar el proyecto de gastos y recursos del año próximo. Las previsiones de las consultoras rondan el 3%, al considerar dentro de los ingresos el aporte solidario. De esta manera, el déficit se ubicaría un punto porcentual del producto más bajo del estimado.
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¿El ministro de Economía, Martín Guzmán, ganó finalmente la pulseada, luego de debatir públicamente con la vicepresidenta Cristina Fernández? No hay dudas de que el gasto se aceleró a partir de la segunda mitad del año, pero desde el ala más dura del kirchnerismo consideraban que había un margen todavía mayor para inyectar recursos en la calle y revertir así el resultado electoral de las PASO. Eso no se logró, aunque el oficialismo pudo achicar bastante la diferencia en la provincia de Buenos Aires.

Pasados los comicios, y a un mes y medio de que termine el año, el ministro podrá mostrar un mejor resultado fiscal que le servirá como carta de presentación en la negociación con el Fondo. “Guzmán al final se salió con la suya y estuvo haciendo los deberes para llegar mejorar la meta fiscal, que es una de las llaves para entrar al FMI”, afirmó el economista de Analytica, Ricardo Delgado.
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Según sus estimaciones, a octubre el déficit primario acumula 2,3% del PBI, pero sin incluir los DEGs ni el aporte solidario. Sumándole este impuesto, baja a 1,8% del producto, por lo que el año podría cerrar en torno a 3% y en no más de 3,6% si se excluye el tributo extraordinario de la cuenta. Pero la comparación cabe hacerla considerando estos recursos, debido a que cuando el Gobierno proyectó 4% del PBI de rojo primario, ya había recaudado este aporte. “Mi hipótesis es que el ‘plan platita’ fue para la tribuna. Y se está emitiendo más porque estacionalmente tenés un aumento del déficit. Pero no hay una explosión de financiamiento en pesos para financiar ese rojo”, remarcó Delgado.
Con un déficit primario hasta septiembre de 1,3% del PBI, incluyendo el aporte solidario, los datos de octubre -que se conocerán la semana próxima- le sumarán 0,5% del producto adicional. Lo mismo sucedería en noviembre para llegar al último mes del año con un aumento de 1 punto del producto de déficit, por lo que el número del año sería de 3,3% del PBI, proyecta la consultora Equilibra. El economista Lorenzo Sigaut Gravina remarcó que habrá una aceleración del gasto entre octubre y diciembre y que “es probable que aprovechen para pagar más deuda flotante, como por ejemplo adelantarle pagos a Cammesa”, lo que podría elevar el déficit hasta 3,6% del producto.
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De ser así, el rojo primario en todo el año ascendería a $1,5 billones, a raíz de un gasto primario que treparía a $9,2 billones (21% del PBI) e ingresos que se ubicarían en los $7,7 billones, es decir, 17,6% del producto, de acuerdo con los números de esta consultora. Para Sigaut Gravina, y en línea con el argumento que utilizó oportunamente Guzmán para defenderse de las críticas de la Vicepresidenta, “el gasto creció mucho y el déficit pudo bajarse debido a que los ingresos también aumentaron fuertemente”.
“Es la forma virtuosa de reducir el déficit de la que habla Guzmán. Cristina planteaba que si había más recursos había que gastar más y en realidad lo que hay que hacer es aprovechar esa situación para mejorar el resultado fiscal. El gasto se hizo, aunque es cierto que estaba la expectativa de que el gobierno iba a quemar las naves y finalmente no lo hizo”, planteó el economista. “Porque en 2022 no vas a tener los ingresos extraordinarios de este año, ni por retenciones ni por el aporte solidario”, explicó.
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Sobre el ritmo de crecimiento del gasto, remarcó que durante el primer semestre creció 32% interanual -se compara con un mismo período de 2020 con un fuerte gasto por la pandemia-, pero ya en el tercer trimestre el ritmo se aceleró al 50% y la proyección para el último es de un alza del 64 por ciento.
La pregunta es cuál será el esfuerzo fiscal previsto para 2022, y “ahí el presupuesto es bastante mezquino”, dijo el economista. El proyecto de ley establece un rojo de 3,3% del PBI, pero si este año termina en esos niveles o algo menos, el número para el año próximo debería ser más bajo, en el marco de un acuerdo con el FMI. Los ingresos, por lo pronto, volverán a estar subestimados por el solo hecho de que se prevé una inflación del 33%, cuando el mercado prevé un piso del 50 por ciento.
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A su turno, Nadin Argañaraz, del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), coincidió con sus pares respecto de que no se llegará al número fiscal proyectado en el presupuesto, ya que “el crecimiento del gasto tendría que ser muy elevado en la última parte del año y no parece viable”. Por ejemplo, las erogaciones de capital aumentaron 113,6% en los primeros nueve meses del año y deberían trepar 558% interanual en el último trimestre para cumplir con la meta que se fijó el gobierno en el cierre fiscal presentado con el proyecto de presupuesto 2022; lo mismo sucede con el gasto en personal: creció 45,9% hasta septiembre y debería aumentar 104% entre octubre y diciembre, dijo el analista. “Dada esa situación, tenemos 3 escenarios, pero el promedio nos está dando un déficit primario de 3% del PBI”, sostuvo Argañaraz. Su cálculo, como los del resto, excluye los DEGs pero incluye los recursos del aporte solidario.
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