
La nueva bajante que exhibe el Río Paraná, por tercer mes consecutivo, crea desasosiego en el sector agroindustrial, que presenta un movimiento diario de miles de camiones que llegan a los puertos del Gran Rosario transportando soja y maíz, en pleno desarrollo de la cosecha gruesa. La problemática abre un interrogante para el destino que en definitiva se le daría a un volumen de granos, que no puede ser embarcado en Rosario, por un valor de casi 270 millones de dólares.
Actualmente el río presenta hasta casi un metro de profundidad en su paso por Rosario, cuando la media histórica es de 3,4 metros para esta época del año. Allí productores, industriales y exportadores temen que en breve se produzca un quiebre en todo el sistema de logística de carga de granos en los buques que amarran desde Timbúes hasta Arroyo Seco.
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La preocupación del sector se puso de manifiesto en un informe realizado por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el cual lleva la firma de los expertos Emilce Terré, Alfredo Sesé y Pablo Ybáñez. Allí se indicó que la altura promedio del río en Rosario cayó a 0,9 metros, mucho menos de un tercio del nivel histórico que sabe mostrar el Paraná en tiempos en que se carga la cosecha gruesa en las instalaciones portuarias del sureste santafesino. Por allí pasa el 94% de la carga que no carga en containers y que sale por la Hidrovía Paraná – Paraguay.
El nivel del Paraná está al límite de ser navegable en el nodo portuario rosarino. Actualmente, dicho nivel, se ubica 1,73 metros menos que el nivel promedio de agua que se registró en febrero último. Hecho que puso en alerta a todo el sistema agroexportador en la región. Atento a las previsiones, el pronóstico no es alentador. De acuerdo a informes del Instituto Nacional del Agua, se prevé que continúe bajando durante el corriente mes llegando hasta un mínimo de 1,09 m; ello es, aún medio metro por debajo de la marca actual.
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Según registros relevados por la Bolsa rosarina, el río Paraná solo tres veces mostró durante mayo bajantes por debajo del metro: en el 2020, la bajante alcanzó los 0,51 metros, en 1968 registró un nivel mínimo de 0,91 metro y en el 2021, en los primeros seis días de mayo se contabilizó un nivel mínimo 0,93 metro de promedio. Esto habla a las claras de las dificultades que exhiben las lluvias, hecho que se constata desde el año pasado, para contar con precipitaciones adecuadas durante el verano que permitan abastecer el cauce de los ríos que alimentan la Hidrovía. Por ello, la sequía en el sur de Brasil, fue parte del problema en cuestión y no logró revertirse en los primeros meses del 2021.

La falta de un nivel adecuado en el Paraná compromete el mantenimiento de una cota de 34 pies de calado. Por la escasez de lluvias estivales río arriba provocó que hoy el calado efectivo en el río sea de apenas 31 pies. Esto genera en los buques que se llenan en los puertos de Rosario una pérdida de capacidad de carga de entre 4.500 y 5.500 toneladas por cada embarcación que se despacha. Esto representa un 10% menos de capacidad de carga en cada buque, necesario para posibilitar el tránsito por el lecho del río para salir al mar.
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Embarques
Según estimaciones realizadas por el Ministerio de Agricultura de la Nación, durante mayo se debería cumplir con la carga en las bodegas de los buques de un mínimo de 7,2 millones de toneladas de trigo, maíz, poroto y harina de soja. Sin embargo, por la bajante del Paraná, dicho volumen se debería reducir en casi 730 mil toneladas. Este tonelaje debería quedar en puerto o bien ser despachado desde los puertos del sur bonaerense, como Bahía Blanca o Necochea-Quequén para cumplir allí con el rellenado del buque en cuestión.
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Por ello, la bajante que hoy exhibe el Paraná abre un interrogante para el destino que en definitiva se le daría a un volumen de granos, que no puede ser embarcado en Rosario, por un valor de casi 270 millones millones de dólares.
Tal como indicó el informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, “la perspectiva que se agudice la bajante del río en las próximas semanas comienza a despertar el temor que se resienta el embarque de maíz tardío o de segunda, el grueso de cuyas descargas se realiza entre los meses de julio y agosto. Con las condiciones secas de la primavera pasada las siembras programadas de maíz temprano no pudieron completarse en todas las zonas del país, obligando a trasladar algunos lotes a maíz tardío o de ciclo más corto. La mejora en las condiciones climáticas de fines de marzo y abril permitió a estas variedades sortear la escasez de agua que afectó a la soja, por lo que se prevé un buen nivel de producción esta temporada”.
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