
La decisión del ministro de Economía de reducir el ritmo de suba de dólar oficial para que actúe como ancla contra la inflación no estaría teniendo el impacto deseado. El motivo por el cual la política cambiaria definida por Martín Guzmán presenta problemas de funcionamiento se explica por otro factor: las fuertes y crecientes restricciones sobre las importaciones.
La elevada incertidumbre sobre las verdaderas posibilidades de acceso al mercado cambiario está generando una ola de remarcaciones en sectores industriales y también en el comercio minorista. El temor no es a una devaluación, como sucedía hace algunos meses. Ahora los empresarios no saben si el producto que precisan importar para llevar adelante la producción o para comercializar en el mercado estará disponible. Y si lo está tampoco hay certeza alguna del momento en que podrán traerlo.
El efecto de estas trabas es tanto o más nocivo que la suba del tipo de cambio. De hecho, se está registrando en distintos sectores, empezando por la construcción pero siguiendo por la industria automotriz entre otros segmentos, inflación en dólares. Es decir que los precios aumentan muy por encima de la suba del dólar oficial, que ahora está en torno al 2,6% mensual pero con tendencia a una desaceleración aún mayor.
El motivo de las remarcaciones “por las dudas” tiene su justificativo. Aquella empresa que logró que le aprobaran su trámite vía SIMI (Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones) y logra hacerse de la mercadería opta por no reflejar el precio al tipo de cambio oficial sino mucho más alto.
¿Por qué los precios de insumos o bienes finales importados se “marcan” a valores mucho más altos que el oficial? Muy sencillo: al no tener certeza sobre la reposición del mismo y mucho menos de los tiempos en los que se podrá volver a importar, la opción es aplicarle una fuerte remarcación que cubra esa incertidumbre. Uno de los argumentos más escuchados es que se vuelve necesario obtener una ganancia mayor porque no se sabe cuándo se podrá comprar de nuevo ese producto.
Por supuesto que existe otro factor, típico de las políticas que apuntan a la sustitución de importaciones. La escasez que empieza a notarse en el mercado permite a los fabricantes locales avanzar con remarcaciones significativas ante la falta de producto. Esto vale para el repuesto de un auto, pero también para una heladera o un juguete. El límite, claro, es la caída del salario que le pone un techo natural a esos intentos.
Quienes hayan sufrido algún desperfecto en electrodomésticos desde el arranque de 2021 lo saben. Es difícil conseguir repuestos y no hay un precio de mercado. Básicamente hay que pagar lo que indica el service, con escasas posibilidades de comparar entre distintas opciones.
No es casual que el rubro “equipamiento y mantenimiento del hogar” haya aumentado 4,6% en febrero, un punto por encima de la inflación promedio. “Incidieron incrementos (4,6%)en artefactos grandes para el hogar, bienes no durables para el hogar y servicios domésticos y para el hogar”, señaló el último informe del INDEC.
La total incertidumbre que tienen las empresas en relación al acceso al mercado cambiario es totalmente contraria a la pelea que el Gobierno quiere dar contra la inflación. “No es lo mismo que me dejen importar en 60 días que por ahí esperar cinco o seis meses, por ejemplo el tipo de cambio es totalmente distinto en un caso que en otro”, explicaba ayer un empresario local a Infobae.
La UIA también se hizo eco de esta situación. En un comunicado posterior a la reunión de Junta Directiva, los industriales expresaron que “otro de los temas temas que preocupan, tratado durante el encuentro, es el régimen de aprobación de SIMIS para el acceso a insumos importados. El actual esquema no permite que se garantice la producción de bienes en un contexto de recuperación de la actividad”.
La expectativa del sector empresario está puesta ahora en los meses de “temporada alta” de liquidación de soja. Con mayor ingreso de divisas, existe una posibilidad que también se aceleren las autorizaciones para importar, con el objetivo de no impactar negativamente en el proceso productivo y también para que el mercado esté abastecido, ya que esto tendría efectos positivos para reducir la inflación. Pero nadie lo sabe a ciencia cierta. Estas decisiones se van evaluando casi día a día entre Guzmán, el titular del Central, Miguel Pesce, y el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas.
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