El ministro de Economía, Martín Guzmán, puso ayer el dedo en la llaga durante una exposición ante inversores extranjeros. Entre diferentes definiciones respecto a las negociaciones con el Fondo Monetario, cuyo acuerdo incluirá metas de acumulación de reservas, respecto de la inflación y el dólar, el funcionario insistió en la necesidad de ajuste fiscal para evitar aquello que, desde la campaña electoral de 2019, más preocupó al gobierno de Alberto Fernández, la sostenibilidad de la deuda pública. De acuerdo a los dichos del ministro, uno de los objetivos es mantener estable la relación de la deuda pública sobre el PBI. Pues bien, esa relación aumentó más de 5 puntos porcentuales durante el primer semestre y, a pesar del proceso de reestructuración de la deuda, podría cerrar el año en torno a 100%. Es decir, la Argentina debe prácticamente todo lo que produce. Para un país que no tiene financiamiento en los mercados voluntarios de deuda, ese porcentaje enciende todas las alarmas.
De acuerdo a los datos de la Secretaría de Finanzas, que en los próximos días publicará el informe mensual de deuda actualizado a noviembre, la deuda de la Argentina ascendía a octubre a unos USD 333.146 millones. Al cierre del primer semestre, cuando totalizaba unos USD 8.594 millones menos, es decir, USD 324.552 millones, la deuda era equivalente a 95,4%, unos 5,2 puntos más que hace un año.
Se trata, siempre según los datos oficiales, del nivel más alto de deuda respecto del tamaño de la economía de los últimos 15 años, desde que en 2005 la reestructuración de la deuda llevada adelante por el entonces ministro de Economía Roberto Lavagna, y gracias al período de crecimiento económico, se pudo volver a acomodar esa relación por debajo del 118% que registraba en 2004. A partir de ese año, el crecimiento económico primero y el atraso cambiario después, contribuyeron a que esa relación cayera al mínimo de 39% en 2011, año a partir del cual creció hasta el pico de este año. Las sucesivas devaluaciones y crisis económicas determinaron que ahora, a pesar del canje que se cerró los acreedores privados de la deuda permitió reducir el pago de intereses con una leve quita de capital, otra vez el volumen total del endeudamiento se transforme en una pesada carga.
Ese incremento, en definitiva, correlaciona directamente con el mayor desequilibrio fiscal, cuyo financiamiento vía emisión monetaria dejó en evidencia sus limitaciones en la corrida cambiaria de octubre. “La deuda va a aumentar a fin de año unos 10 puntos respecto del año pasado (que cerró en 90,2% del PIB). Está en línea con el aumento del déficit y no fue un año en que hubo licuación. La regla inevitable es que si hay déficit, hay deuda”, proyecto el Jefe de Estrategas de Cohen, Martín Polo.
De ahí que Guzmán llamara la atención ayer sobre el punto: “No debe haber un ajuste fiscal en un contexto recesivo que dañe la recuperación pero sí hay que transitar un recorrido fiscal que haga que la relación deuda/PBI quede estable”, dijo el ministro. Para que eso ocurra, será necesario evitar fuertes saltos devaluatorios que, si bien licúan la deuda en pesos, hacen más pesada la parte en dólares, que asciende a más del 75% de la deuda total. A su vez, para evitar presiones sobre el tipo de cambio, se deberá controlar la emisión monetaria destinada a financiar el déficit fiscal, lo mismo que, obviamente, las nuevas colocaciones de deuda con el mismo fin.
En contrapartida, el avance del PIB tras la caída histórica registrada este año permitiría que en 2021 mantener estable como quiere Guzmán o incluso mejorar esa relación. “Mantener estable la deuda sobre PBI puede ser posible, el plan sigue siendo financiar 60% del déficit del año que viene con emisión monetaria, por lo tanto sólo lo que queda sería nueva deuda”, explicó el economista Luis Secco, director de la consultora Perspectivas Económicas. “Ahí empezará a jugar cuánto prevé de crecimiento del producto en dólares, cuánto emitirá en pesos y cuánto en dólares, no me parece que sea difícil lograrlo. Lo difícil va a ser bajar el déficit a la mitad”, cerró Secco.
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