Polémica con los dólares “cara chica”: por qué algunos clientes no quieren aceptar de los bancos billetes de USD 100 antiguos

En el mercado informal se paga menos por los billetes previos a 1996, en los que la cara de Benjamin Franklin es más pequeña que en los diseños que se imprimen hoy

Los billetes de 100 más antiguos, con el dibujo de Benjamin Franklin más pequeño
Los billetes de 100 más antiguos, con el dibujo de Benjamin Franklin más pequeño

En días de brecha cambiaria en torno al 100% y goteo constante de depósitos, es muy difícil que un ahorrista que necesita desarmar ahorros en dólares para hacer frente a un gasto en pesos esté dispuesto a venderle sus divisas a un banco. Mientras que las entidades venden dólares a cerca de $139 por unidad, cuando sus clientes quieren venderlos pagan apenas $85 por unidad. La tentación de ir al mercado libre, al dólar MEP o de hacer operaciones directamente en moneda extranjera es muy grande: se paga en torno a $153 por unidad. Dado este desarbitraje que hizo prácticamente desaparecer la oferta voluntaria de divisas en el mercado, ahora los bancos sufren un problema que hasta hace poco estaba reservado al mercado blue. Los clientes ya no quieren dólares “cara chica”.

En el mercado cambiario informal que funciona en la City porteña existe desde hace años una diferenciación entre distintas emisiones del billete de dólar. En particular, las financieras y sus clientes tienden a preferir operar con los modelos más modernos del billete de dólar y dejar de lado a los antiguos. En la jerga, los papeles discriminados son los que se imprimieron en los Estados Unidos hasta el año 1996, un diseño en el que la efigie de Benjamin Franklin del billete de USD 100 aparece dentro de un marco ovalado y que, en términos de dimensiones, es más pequeño en comparación con las versiones impresas más tarde.

Los ahorristas que se acercan a las “cuevas” del microcentro porteño y el resto del país a vender dólares “cabeza chica” se encuentran con que les ofrecen hasta $5 menos de tipo de cambio, sólo porque esos billetes son “difíciles de mover”. En operaciones inmobiliarias y otros pagos hechos en moneda extranjera, por ejemplo, no es raro que una de las partes rechace recibir parte del pago en billetes de ese tipo.

Cara grande: el modelo más nuevo del billete de USD 100
Cara grande: el modelo más nuevo del billete de USD 100

Pero lo nuevo es que, dado el boom que supo vivir en octubre el mercado informal, ahora los bancos también sufren ese mismo problema. En distintas entidades cuentan que los propios clientes, que van a retirar depósitos o a sacar en efectivo las compras mensuales del cupo de USD 200 se niegan a recibir los diseños antiguos y exigen versiones más modernas.

La discriminación respecto a los billetes previos a 1996 ya generó que las casas de cambio locales salgan a pedir ayuda a la embajada de los Estados Unidos para que aclaren que son de curso legal y tan válidos como cualquier otro, algo que en la representación diplomática resuelven muy fácilmente refiriendo a la página web de la Reserva Federal de los Estados Unidos, el banco central de ese país.

“Se advierte a los consumidores de todo el mundo que no es necesario cambiar los billetes de USD 100 del diseño anterior por los nuevos. Es la política del Gobierno de los EE.UU. que todos los diseños de la moneda de los EE.UU. sigan siendo moneda de curso legal, independientemente del momento de su emisión”, anunció la Fed en 2013, la última vez que renovaron el diseño del billete.

En el mercado libre del dólar se paga hasta $5 menos por dólar "cara chica"
En el mercado libre del dólar se paga hasta $5 menos por dólar "cara chica"

En cuanto a los motivos para el trato diferencial que existe según la antigüedad del billete, no hay una versión única. Es habitual que en el mercado informal circule el rumor de que los EEUU van a dejar de considerar como de curso legal a alguna vieja edición. Pero una deducción más sensata de un operador del mercado asegura que en realidad las mayores medidas de seguridad contenidas en las versiones más modernas del dólar hacen más difícil una falsificación, lo que explica la diferencia.

Independientemente de los motivos, los “arbolitos” toman los billetes viejos con descuentos de entre $2 y $5 pesos, y lo mismo hacen con los billetes de baja denominación, como los de USD 10, USD 20 y USD 50.

A simple vista, para saber si un billete de USD 100 es viejo o nuevo hay que fijar la atención en la figura de Franklin. En los viejos, la cabeza del científico que descubrió la electricidad y fue uno de los padres fundadores de Estados Unidos está enmarcada en un óvalo. Por eso ese billete se conoce en la jerga de los arbolitos como “cabeza chica”.

Los ahorristas que se acercan a las ‘cuevas’ a vender dólares ‘cabeza chica’ se encuentran con que les ofrecen hasta $5 menos de tipo de cambio, sólo porque esos billetes son ‘difíciles de mover’

En cambio, la versión más reciente de los billetes estadounidenses es la que tiene una banda azul que lo atraviesa y la cara de Franklin aparece en primer plano, sin el óvalo. Ese es el billete llamado “cabeza grande”, y la banda azul es una medida de seguridad adicional con la que se busca evitar las falsificaciones.

La alternativa es recurrir a los bancos, no para vender sino para depositar. Quienes tienen caja de ahorro en dólares pueden depositar los viejos billetes y unos días después volver a retirarlos, ya que el banco tiene la obligación de aceptar cualquier tipo de billete y en general cuando los reponen entregan billetes nuevos. No es raro encontrar un banco que también rechaza recibirlos, pero en principio están obligados a hacerlo.

Pero ahora, el problema está en los propios bancos. En medio del goteo constante de depósitos en dólares y la demanda de compradores que hacen uso de su cupo mensual pero en seguida sacan a los billetes del sistema, cuando intentan volcar a sus clientes los billetes viejos que recibieron en forma de depósito, los propios clientes se niegan a recibirlos.

La solución, que no esta libre de costos, es no volver a poner en circulación esos billetes. Realizar una exportación que devuelve al dinero a su país de origen y de esa forma sacarse de encima esos papeles para cambiarlos por otros más modernos. El problema es que esa logística quedó complicada por la pandemia de coronavirus y, así, se limita la capacidad operativa de bancos y casas de cambio.

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