
Alberto Fernández prepara en silencio un programa destinado a exhumar la economía tras la conclusión de la cuarentena obligatoria dictada para evitar que el COVID-19 ejecute una masacre nacional en su pico de contagio social. Junto al presidente trabaja el gabinete económico y social que lideran Santiago Cafiero y Martín Guzmán.
El plan Post Pandemia -en Olivos evitan llamarlo Marshall por obvias razones históricas-, apunta a relanzar las economías provinciales, facilitar el consumo y conectar los excedentes productivos con los mercados internacionales que multiplicarán su demanda cuando el coronavirus aplaque su impacto en la economía global.
El gabinete Económico y Social se reúne una vez por semana en la Casa Rosada para bosquejar el programa que Alberto Fernández revisa en Olivos. Cafiero y Guzmán tienen un mapa en sus computadoras personales que describe la situación de las economías regionales -provincia por provincia, actividad por actividad-, y que será la base para consolidar un plan que debe enfrentar obstáculos sociales, financieros y globales.
“El mapa de cada una de las provincias sirve como un tablero de control para conocer su situación económica y financiera. Con ese tablero de control diseñamos políticas públicas. Por ejemplo, el Ingreso Federal de Emergencias (IFE), que llegará a todas las provincias”, explicó a Infobae un ministro que conoce la preparación del plan presidencial que se anunciará en las próximas semanas.

Las bases del programa que monitorean Cafiero, Guzmán y la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, no se apoyan únicamente en una lógica keynesiana. Ya no se trata solo de abrir zanjas de día para taparlas de noche, los trabajos que a principios del siglo XX empujaban el consumo a través del mínimo ingreso salarial.
La pandemia está dejando en las familias un fuerte temor al gasto, ante la incertidumbre de perder la fuente de ingreso, y ello implica que la demanda del consumo no mejorará aunque se incrementen los ingresos per capita.
“Lo que está viviendo la economía es un shock a la oferta y a la demanda, que se propaga como un shock aún más persistente sobre la demanda. Y eso se produce porque la incertidumbre genera conductas precautorias, temor a gastar”, aseguró un miembro del Gabinete que analiza con Alberto Fernández los alcances del eventual Plan Post COVID-19.
-Entonces, ¿cómo van a lograr que se incremente la demanda?-, preguntó este medio.
-El crédito blando será un componente, pero solo no alcanza. Los incentivos se diseñan de forma tal de generar certidumbre sobre la demanda. No habrá una reducción de impuestos a secas, sino esquemas que les garanticen a quienes ofrecen, que va a haber demanda por lo que venden.

El plan post pandemia no sólo tienen razones económicas y financieras. Alberto Fernández desea regresar a su agenda de pacto social y político, y el futuro programa necesita de consensos con la Unión industrial Argentina (UIA) y la Confederación General del Trabajo (CGT), por citar a dos protagonistas clave del entramado de poder del país.
El establishment económico y financiero retrocedió cuando el Presidente anunció la eventual estatización de Vicentin, pero al comprobar que esa medida política perdía aire en Olivos, avanzó en un paso institucional y presentó una batería de medidas económicas y laborales. Alberto Fernández se comprometió a estudiar esa propuesta y no debería sorprender que también sirva para profundizar su propia iniciativa de relanzamiento de la economía nacional.
Junto a la decisión de sumar a los industriales y a los sindicalistas, el jefe de Estado considera un capítulo de obra pública que servirá para mejorar las economías regionales y un programa en si mismo vinculado a las exportaciones de comodities y bienes con valor agregado.
“Cuando todo se cae, lo único que queda es el Estado, que puede poner en marcha la rueda de la economía. La obra pública es clave para el despliegue territorial, porque tenemos capacidad para llegar a 2.300 municipios con obra pública rápidamente”, aseguró el ministro de Obras Públicas, Gabriel Katopodis.
El capítulo de obras públicas depende del financiamiento local y externo. Katopodis asegura que hay millones de dólares en líneas de créditos de organismos multilaterales que se pueden utilizar, y no descarta la reasignación de partidas del presupuesto 2019 para mejorar los niveles de gasto durante este ejercicio.

El capítulo final del futuro programa económico está atado a las exportaciones. Alberto Fernández pretende que haya un incremento importante del volumen exportable a partir de 2021, y considera que la clave para cumplir ese objetivo económico depende del funcionamiento del plan que piensa anunciar en las próximas semanas.
Se trataría de una secuencia que se apoya en mejorar los niveles de consumo, facilitar la reinserción laboral, incrementar la obra pública, multiplicar la producción industrial y agropecuaria, y colocar los excedentes en el exterior.
Alberto Fernández considera que este programa podría profundizar sus efectos económicos si se empuja en un contexto de negociación favorable con los acreedores privados y el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Un contexto político y económico que aún está lejos, frente a la pulseada con los bonistas y a las conversaciones con el FMI, que recién comenzarán a principios de septiembre.
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