
La continuidad de la cuarentena permitió en los últimos meses ponerle freno a la velocidad de circulación de los pesos, con un efecto moderador sobre la inflación y también sobre la aceleración del precio del dólar en el mercado libre.
Pero a la vez, el costo económico del aislamiento obliga a pensar en una liberación de actividades en el corto plazo y en un previsible incremento de los precios hacia fin de año ante la expansión monetaria con la que el Gobierno hizo frente las necesidades fiscales por los planes de asistencia social.

“Este deterioro de las expectativas de inflación fue una reacción esperable ante la enorme expansión monetaria de los últimos meses. Con la recaudación tributaria desplomándose, el financiamiento externo cerrado y las claras limitaciones del mercado doméstico, el Tesoro no tuvo otra opción que recurrir al financiamiento monetario del BCRA para cerrar la brecha presupuestaria. Y seguirá teniendo que hacerlo en el resto del año”, indicó el Grupo SBS en un informe.
El ritmo de inyección de pesos que impulsó el Banco Central para financiar el rojo del Tesoro, a través de Adelantos Transitorios y Transferencia de Utilidades, alcanzó desde agosto a esta parte el 6% del PBI. Se trata de unos $1,6 billones girados entre noviembre y junio, equivalentes a unos USD 26.700 millones al tipo de cambio mayorista.

GMA Capital destacó: “la inyección reciente de pesos para asistir al fisco está rompiendo todos los récords. En los últimos 12 meses equivale a un 6,3% del PBI. ¿Por qué no vemos un impacto directo sobre los precios? Ocurre que la demanda de dinero se encuentra relativamente alta por motivos precautorios. Además, el cepo cambiario previene que el tipo de cambio oficial tenga sobresaltos y evita el traslado a precios de una devaluación. El interrogante es qué harán los argentinos con sus pesos excedentes una vez que se levanten las restricciones y la actividad comience a marchar nuevamente”.
“Si bien las restricciones están haciendo efecto por el momento, las malas noticias por el lado económico -déficit fiscal y caída del PBI- conducen a que habrá mayor emisión ante la imposibilidad de tomar deuda externa hasta que se llegue a un acuerdo con los bonistas. Dichas perspectivas presionaran más al tipo de cambio en las próximas semanas, y preocupa a las perspectivas de inflación cuando se libere la cuarentena y reaparezca el consumo”, aportó un análisis de Portfolio Personal Inversiones.
La inflación desaceleró a un ritmo de 43% anual, pero al mismo tiempo, el crecimiento de la Base Monetaria marcha a un ritmo de 60% interanual, de $1.375.803 millones ($1,38 billón) el 28 de junio de 2019, a $2.202.384 millones ($2,2 billón) el 29 de junio último.
En tanto, la Circulación Monetaria, principal componente de la Base Monetaria, que incluye a los billetes y monedas en poder del público y cuentas a la vista en bancos, crece a un ritmo de 77% interanual, de $882.714 millones el 1° de julio de 2019 a $1.561.643 millones ($1,56 billón) el 29 de junio pasado.
“Típico de las economías donde las monedas internas sufren severos cuestionamientos, el peso argentino cumple su función de manera razonable para realizar transacciones pero después ‘quema en las manos’ cuando se avanza hacia las definiciones menos líquidas y se ingresa en procesos de toma de decisiones intertemporales vinculados al ahorro y la inversión”, describió un informe de AMF Economía.
Pasadas las restricciones para el retiro de efectivo por ventanilla en bancos, la apertura plena del comercio y una esperada reactivación para la golpeada economía, esta disparidad entre la liquidez del mercado y los precios al público va a tender a converger.
“En consecuencia, la emisión avanza a un ritmo que no se veía hace varias décadas y las señales de exceso de oferta son claras. El impacto en materia de inflación todavía no está a la vista porque algunos factores transitorios jugaron a favor, pero se está gestando un escenario de mayor inflación y este llegará tarde o temprano”, añadió el Grupo SBS.
El último Relevamiento de Expectativas de Mercado (REM) señaló que los analistas consultados pronosticaron un promedio de variación mensual por encima del 3% para lo que resta del año.
Las proyecciones de inflación del REM marcan un sendero ascendente. Para junio esperan un número cercano al 2%. Para el resto del año, se espera una paulatina aceleración en los aumentos de precios, que se estabilizarían en torno al 4% a partir de octubre y alcanzaría 4,2% en diciembre.

“Si la gente desea mantener un porcentaje determinado de su riqueza en dólares es inevitable que una porción de los pesos que rebalsan de la demanda transaccional busque refugio en monedas extranjeras. Pero si el BCRA limita el acceso a esas divisas, entonces los agentes buscarán sustitutos tratando de comprar bienes y servicios dolarizados”, evaluó el economista Martín Tetaz.
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