La brecha en la negociación pareció transformarse en una grieta que derribó el precio de bonos y acciones

La diferencia entre el Gobierno y sus acreedores para cerrar la deuda parece no limitarse a discusiones en la quita de capital o en la baja de tasas

FOTO DE ARCHIVO. Un operador bursátil trabaja en la Bolsa de Buenos Aires, Argentina. 19 de junio de 2018. REUTERS/Martín Acosta
FOTO DE ARCHIVO. Un operador bursátil trabaja en la Bolsa de Buenos Aires, Argentina. 19 de junio de 2018. REUTERS/Martín Acosta

Si bien las dos partes están cerca en las cifras para alcanzar un acuerdo en la negociación de la deuda, el problema no parece estar allí porque con un Gobierno más confiable, los acreedores estarían más relajados. Negociar no se trata solo de acordar quitas de capital y baja de tasas, sino de que el deudor demuestre que en el futuro podrá hacer frente a lo que firmó. La intervención en Vicentin trajo la primera duda. Un país con tendencia a apropiarse de empresas privadas que están en convocatoria, bajo el lema de “soberanía alimentaria”, transforma a la economía en una bandera política.

Un acreedor extranjero duda porque cree que en algún momento el pago de la deuda externa se transformará en un tema de soberanía monetaria. Y, además, sabe que estas medidas alejan a las inversiones, no solo del exterior, sino a las propias ¿Quién después de lo sucedido con Latam donde los gremios ayudaron a su salida, va a aumentar sus inversiones cuando entre el Estado y los sindicatos pueden quitarle su patrimonio? También será difícil que en el futuro las empresas que se achicaron por la crisis, reinviertan o pidan créditos para recuperar el potencial que tenían antes de la pandemia.

“Hasta la propiedad que tradicionalmente fue un refugio contra las crisis se han transformado en una carga para los propietarios. Ya nadie habla de invertir en ladrillos”, señaló Adrián Mercado, uno de los principales brokers.

Fuente: Rava Online.
Fuente: Rava Online.

Además, antes de terminar la negociación, el Gobierno está mostrando limitaciones en su capacidad de ayuda a los sectores en crisis, al revés de lo que sucede en Europa, Estados Unidos y demás países que están aumentando su asistencia esperando que pase la crisis, porque no quieren que la reactivación los sorprenda con los comercios y sectores productivos desmantelados.

Por eso, los acreedores se muestran firmes y la pequeña brecha pareció transformarse en una grieta gigante que derribó bonos y acciones, aumentó el riesgo país e hizo crecer 2% el precio de los dólares alternativos. La situación no la alivió el hecho de que el gobierno haya superado otro obstáculo importante, al colocar seis títulos por $135.000 millones que le permitirán amortizar una buena parte de los $214.000 millones que vencen la próxima semana. De ese total, el monto clave es el de $130.000 millones del TJ20 conocido como BoPoMo que vence el lunes y está en manos del fondo Pimco que, si no aceptaba entrar al canje, podría cobrar los pesos e ir al mercado a comprar dólares elevando considerablemente su precio.

El Gobierno con esta debacle está pagando los errores cometidos en el último tiempo. Por eso el dólar libre subió $2 a $127, mientras el dólar Bolsa aumentó $2,14 a $107,10 y el contado con liquidación $2,13 a $109,81.

Pero lo más grave, es que disminuyó el ritmo de devaluación del peso en el mercado mayorista. Es la segunda rueda consecutiva en que lo hace subir apenas 6 centavos (0,08%) frente al dólar. Las consecuencias fueron un menor monto de negocios por apenas USD 185 millones. Al cierre, el dólar mayorista cotizó a $69,74 y el Central tuvo que vender dólares para sostener ese precio. De hecho, después de diez ruedas de alza de reservas, esta vez bajaron USD 49 millones a 43.124 millones.

En bancos y casas de cambio, el dólar mostró un precio de venta 13 centavos más caro a $ 72,98 a los que, si se le suma el impuesto, da un dólar solidario de $ 94,25.

Los bonos fueron otras de las víctimas de la tensión que genera el acuerdo por la deuda. Los de legislación argentina de corto y mediano plazo perdieron hasta 4,28% como el Bonar 2020. El Bonar 2024 cayó 3,23%. Pero lo peor pasó por los bonos de ley extranjera de largo plazo. El Discount bajó 7,84% y el Par, 1,49%. Esto se tradujo en una suba del riesgo país de 60 unidades a 2.614 puntos.

Fuente: Rava Online.
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Las acciones también padecieron el cambio de escenario. El S&P Merval, el índice de las acciones líderes, cayó 6,13% y el monto de negocios creció 30% a $ 1.333 millones, lo que indica que fueron más los inversores que decidieron salir por temor a lo que vendrá.

Edenor (-12,13%), Banco Supervielle (-10,23%), CableVisión Holding (-8,17%) y la cementera Holcim (-7,83%) fueron las de peor comportamiento en una plaza que no tuvo un solo papel en alza.

Los ADR’s argentinos -certificados de tenencia de acciones que cotizan en dólares en Wall Street- fueron la prolongación de la debacle. Solo subió Tenaris por la mejora del petróleo. Su alza fue irrelevante, 0,07%. Las bajas, en cambio, fueron contundentes. Banco Supervielle cedió 13,39% en dólares. Lo siguieron Edenor con 11,26% y Corporación América con 10,04%.

En la rueda de hoy van a incidir las dudas sobre la negociación, además del problema que van a tener las empresas para pagar sueldos y aguinaldos, ya que el poder de fuego que dio la emisión se está reduciendo. El ánimo de los inversores y de la gente en general decayó. Temen cierres y caídas de puestos de trabajo. Que dos restaurantes emblemáticos, hayan anunciado que no reabrirán, si bien no tienen efecto en el PBI, lo tienen en la psicología de la gente que se prepara para tiempos peores.

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