
El mundo sufrirá una histórica caída de la actividad en los próximos meses. Según estiman los principales bancos de inversión de Wall Street, la economía norteamericana podría mostrar una reducción de entre 15% y 20% en el segundo trimestre en relación a los tres primeros meses del año. Algo similar sucederá con la mayoría de las economías europeas, colapsadas por el avance de la pandemia. Y la Argentina no será la excepción ni mucho menos. Así lo reconoció ayer Alberto Fernández, quien habló de “mitigar” los efectos que el “aislamiento forzoso” provocará sobre el tejido productivo y en definitiva en los bolsillos de la gente.
El Presidente adelantó que habrá medidas adicionales para atender a los monotributistas y a los sectores informales. Los cuentapropistas prácticamente quedaron afuera de la primera batería de anuncios que buscaron suavizar las pérdidas económicas de una situación inédita para la Argentina y para el mundo. Sin embargo, el “olvido” fue notorio. Se trata de un numeroso segmento de la propiedad que vive al día y que repentinamente se quedó sin ingresos. Pagar el alquiler, hacer las compras en el supermercado y pagar las facturas de servicios se convetirá en una verdadera odisea.
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Las primeras estimaciones, por ejemplo una realizada por Ecolatina, proyectan que la economía argentina caerá por esta crisis como mínimo 2% en 2020, contra una estimación previa de un resultado en rojo de 1,3%. Pero todo dependerá de cuánto se prolonguen las medidas extremas.
Como en el resto de los países, también en Argentina los anuncios profundizarán el déficit fiscal y la necesidad de emisión monetaria. Pero la diferencia es que se trata de una crisis que encuentra al país con las defensas muy bajas: fuerte recesión, sin acceso al financiamiento y elevada inflación. Ninguna de estas condiciones se daba hasta ahora ni en Europa ni en los Estados Unidos. Tampoco en la mayoría de los países de América latina, que están avanzando con planes similares para amortiguar los efectos inevitables de la crisis.
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Pero el verdadero desafío para el Gobierno no es enfrentar los problemas que tendrán las empresas para pagar sueldos o el ingreso de los monotributistas por la virtual parálisis de la actividad en esta segunda quincena de marzo. El temor, con fundadas razones, es que las medidas de aislamiento -con mayores o menores restricciones- se mantengan durante varios meses. Eso podría generar que el apoyo prácticamente unánime que recibió el Presidente en la pelea contra el coronavirus se transforme en malestar cuando se aproximen los meses de invierno. Los infectólogos consideran que es muy improbable que se pueda cantar victoria luego de estos 12 días de aislamiento social obligatorio.
El Banco Central oficializó ayer que la tasa de interés para los préstamos a las PYME será de 24%. El objetivo es que las empresas puedan conseguir financiamiento para pagar los sueldos y también hacer frente a los cheques librados, aún cuando la facturación se redujo a niveles mínimos en la mayoría de los rubros. Ya esta última semana fue terrorífica en materia de ventas, con caídas de más del 70% en casi todos los rubros exceptuando supermercados y almacenes. Pero lo que se viene hasta fin de mes será mucho peor.
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Por el lado de la ayuda directamente al bolsillo se arrancó con jubilados que ganan los haberes más bajos y los beneficiarios de la AUH. Estas medidas serían complementadas en las próximas horas para comprender también a los cuentapropistas. Otros países, con recursos casi “ilimitados”, fueron mucho más alla: suspendieron desalojos, el pago del alquiler por dos meses y también de las cuotas de créditos hipotecarios mientras dure la emergencia. Incluso también está previsto que el Estado se haga cargo de los pagos de servicios públicos a los sectores más afectados por la crisis. En Estados Unidos le darían un cheque de más de 1.000 dólares a cada ciudadano para enfrentar la crisis y la brusca merma de ingresos.
Esta crisis inédita tiene para la Argentina varios componentes. El más importante por supuesto es la lucha contra la pandemia. Luego evaluar el impacto de la caída de la actividad global en las exportaciones, ante la menor demanda y el derrumbe de los precios de las materias primas, con la soja cerca de los USD 300 la tonelada. Y luego el efecto de paralizar la actividad durante una buena cantidad de semanas. La profundidad del impacto en la economía, el rojo de las cuentas públicas y la emisión monetaria estará directamente vinculada con el tiempo que demore combatir exitosamente al coronavirus.
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