
Que las desgracias nunca vienen solas es un dicho popular. Pero, para la Argentina, esa es una máxima ineludible. Al menos en los últimos años. A la sequía que se inició en abril de 2018 se sumó la suba de tasas en Estados Unidos, disparadores una crisis financiera y económica en la que todavía el país está sumido. El inicio, meses más tarde, de la guerra comercial entre China y Estados Unidos no hizo más que complicar un fallido intento de recuperación. Ahora, una nueva amenaza se cierne sobre la economía local: el coronavirus.
La expansión y prolongación en el tiempo de la enfermedad no sólo podría afectar el volumen de las exportaciones argentinas sino también los precios, lo cual terminaría mermando el indispensable ingreso de divisas que la Argentina necesita para crecer. Y también para pagar su deuda.
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Si bien parece prematuro pronosticar el impacto sin conocer aún los alcances que tendrá la expansión de la enfermedad, que mantiene a ciudades chinas en la cuarentena más grande de la historia, lo cierto es que los mercados vivieron un lunes negro al que la Argentina estuvo lejos de ser inmune y, tras el contagio financiero, la preocupación se traslada a la economía real. Se descuenta una desaceleración de la economía china que disminuiría su demanda, lo que afectará, en principio, a sus países vecinos. Pero también estarán entre los primeros afectados los exportadores de productos básicos, según un informe de Bloomberg Economics.

Esto enciende todas las alarmas para la economía argentina, que en los últimos tres años logró aumentar 52% las ventas al gigante asiático, al llevarlas de USD 4.600 millones en 2016 a USD 7.000 millones en 2019. Así, las exportaciones a China representan hoy el 11% de las ventas externas totales y, más allá del complejo sojero, el golpe podría sentirse en un mercado que está en plena expansión: la carne. Las exportaciones de carne vacuna a China se cuadriplicaron en el mismo período y ese destino ya representa más de 60% de las ventas medido en dólares y el 73% en cantidades.
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“Lo primera que va a estar afectada es, obviamente, la economía china, que se va a desacelerar. Si lo que se ve hoy se extiende en el tiempo, va a afectar la demanda doméstica de los exportadores hacia China. Y eso nos podría afectar, por el lado de la demanda y también por el lado de los precios, que podrían caer”, advirtió Marcelo Elizondo, economista especializado en comercio exterior, director de la consultora DNI. Como economía relevante el mundo –explica 15% del producto bruto global– China es formadora de precios de aquellos productos que produce y consume, por lo cual una menor demanda implicaría al menos volatilidad en los precios.
“El impacto sería directo, por una menor demanda de lo que le vendemos, e indirecto porque esa menor demanda haga caer los precios de los commodities a nivel internacional”, explicó Elizondo. Ese escenario, está claro, configuraría el peor de los contextos para el Gobierno argentino, ávido de los dólares que genera el sector agropecuario.
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Una caída en el precio de los commodities no sólo expondría a la Argentina a nuevas turbulencias cambiarias sino que tendría un impacto sobre los ingresos fiscales ya que sería menor a lo previsto la recaudación prevista por la suba de retenciones que rige desde diciembre pasado. A ese combo, además, habría que agregar la pérdida de competitividad del campo, lo que ralentizaría uno de los pocos motores disponibles hoy para hacer crecer la economía.
La proyección de una situación semejante, sin embargo, es todavía aventurada. Por el momento, el peligro de shock externo viene dado por el canal financiero, en el que eventualmente podría generarse un ruido adicional para la renegociación de la deuda. Martín Vauthier, economista de la consultora EcoGo, considera que el impacto en principio luce acotado aunque advierte que cuanto más se dilate la discusión con los acreedores, más expuesta va a quedar la posición argentina a eventos negativos en el contexto internacional. Para Vauthier, aun cuando la expansión del coronavirus sea equivalente a la que tuvo en su momento la Gripe A, “puede haber algún impacto en el comercio por el lado de las exportaciones, pero limitado en el tiempo”.
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El de la Gripe A, en 2009, es precisamente el antecedente más cercano y, tal vez, comparable. A diferencia de lo ocurrido hasta el momento, el virus llegó a la Argentina y tuvo impacto en el consumo doméstico.

Sin embargo, resulta difícil cuantificar su impacto en el desempeño económico de ese año, que fue muy malo, porque también en aquella oportunidad se conjugaron todos los males. En ese año, los coletazos de la crisis internacional de las hipotecas, más una sequía de magnitud similar a la de 2018 y también el virus chino hicieron caer la economía nada menos que 6% contra el año anterior y las exportaciones sufrieron una caída de 20% en ese período. Con dificultad para aislar el impacto de cada fenómeno, los expertos calculaban en ese momento que entre 1 y 1,5 punto de caída se correspondía con la gripe.
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En cualquier caso, para 2020 se espera una caída de 1,5% a 1,7% de la actividad. Claro, sin contar con el coronavirus.
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