
El gran interrogante que plantea el Plan Lacunza de reperfilamiento de la deuda pública es si el próximo gobierno avanzará a una reestructuración de la deuda de una manera amigable o agresiva. Quienes abogan por la primera opción recuerdan la experiencia ya recorrida por Uruguay en 2003.
Por entonces, el gobierno del colorado Jorge Batlle estaba sumergido desde hacía dos años en una crisis económica que se inició a partir de la inesperada aparición de un foco de fiebre aftosa, que lo llevó a perder importantes mercados en el rubro cárnico. A eso se sumaron los efectos de la crisis argentina en 2001.
Además de los malos manejos internos de varias entidades, el sistema bancario uruguayo se vio sacudido por los masivos retiros de ahorros de depositantes argentinos en el primer semestre de 2002. El Estado salió entonces a socorrer económicamente a clientes del Banco República y del Banco Hipotecario (obligado por la Constitución, al ser entidades públicas) y también a otras instituciones. No obstante, Uruguay no pudo evitar la necesidad de reestructurar su alta deuda, que era equivalente a más del 100% del PBI anual.
Ante la opinión contraria del Fondo Monetario Internacional (FMI) y la desconfianza de la oposición, Uruguay eligió el camino de alargar los plazos en pos de cumplir con las obligaciones contraídas. Ajustándose, pudo salir airoso del aprieto.

Uno de los hombres clave en las negociaciones con los acreedores fue Carlos Steneri, Agente Financiero de Uruguay en Estados Unidos y Canadá. Para lograr objetivos, no duda en poner el acento en dos palabras, para él, determinantes: confianza y sinceridad.
"Las veces que nos reunimos, fuimos con la meta de obtener una prórroga de 5 años en los pagos, pero no solo fuimos a pedir. Fuimos también con cifras y hechos a demostrar que, como sociedad, estábamos haciendo enormes esfuerzos y generando ahorros para en un lustro poder cancelar los compromisos que teníamos, cosa que efectivamente hicimos. Así nos ganamos la confianza y demostramos a los inversores privados que éramos solventes", recuerda Steneri en diálogo con Infobae. Al canje adhirieron en forma voluntaria el 98% de los acreedores y los bonos involucrados sumaron USD 5.236 millones.
"Con franqueza, buscábamos transmitirles que tenían razón, que nos había ido mal, pero que estábamos enfocados en revertir esa realidad. Advirtieron que estábamos a dieta… ¡Para encarar una renegociación de este tipo el país de verdad se tiene que poner a dieta!… Y nos renovaron la confianza ¡Generar confianza es todo!", remarca. El déficit fiscal del sector público uruguayo en 2003 se ubicó en USD 353 millones y equivalía al 3,2% del PBI. En 2004 bajó a 1,92 y en 2005, al 0,62 por ciento.
El proceso de negociación llevó un poco más de medio año y hoy, en perspectiva, la mayoría de los analistas en Uruguay lo consideran que fue fundamental para salir de la crisis e iniciar una senda de crecimiento en los años posteriores.
A los seis meses de aquel acuerdo de canje de deuda (anunciado en mayo de 2003), a Uruguay le habían vuelto a prestar dinero. En 2004, año electoral, el país ya registró una tasa de crecimiento de casi el 4%. La deuda hoy se sigue pagando de acuerdo a los vencimientos. Por ejemplo, si en aquel momento había un bono que vencía en 2015, al estirar el vencimiento 5 años, ese bono habrá que pagarlo en 2020. Así se hizo con todos los bonos.

Respuestas a inquietudes comunes
-¿Qué rol jugó la oposición previo a encarar la deuda extendiendo los plazos?
– Carlos Steneri: A grandes rasgos, salvo el actual ministro de Economía, Danilo Astori, los principales referentes del Frente Amplio (FA) no estuvieron de acuerdo. Tabaré Vázquez dijo que había que ir al default; y José Mujica se pronunció en una línea similar.
– El hecho de que Astori (histórico referente económico del FA) fuera quien apoyara, ¿en qué medida los ayudó?
– C.S. ¡Muchísimo! Les puso a varios la plancha contra el pecho y desactivó una cantidad de presiones. Por ejemplo, al ser parte fundamental del ajuste, en el PIT-CNT (central sindical única de trabajadores) estaban recalientes. Despotricaron y criticaron muchísimo pero no salieron, como a veces hacen en Argentina, a acampar en la 18 de Julio…
– Pero la ciudadanía se sintió asfixiada y a los meses lo hizo notar en su voto: le dio su confianza al FA y hundió al Partido Colorado.
– C.S. Es cierto que algunas cosas se pudieron haber hecho mejor… Pero está bien… Así es la democracia.
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