
La situación crítica desatada al iniciarse el segundo trimestre del año auguraba diversas contrariedades y penurias sociales y económicas.
La señal que corroboraba la expectativa inquietante la dio el dato del segundo trimestre de la Cuenta de Distribución del Ingreso el que reflejaba una pérdida de tres puntos porcentuales en la participación de los salarios en la creación de riqueza respecto de un año atrás.
Esa participación, durante el segundo mandato de Cristina Kirchner, si bien no hay datos oficiales, habría alcanzado el 50% del Valor Agregado Bruto (precios básicos). Y, llamativamente para quienes no miraron con buenos ojos el cambio de gestión, ese orden de magnitud se mantuvo en el primer bienio de Mauricio Macri.
La llamativa disminución de la participación salarial en el VAB del segundo trimestre de este año respecto de igual período de 2017 e, incluso, de 2016 no se mostraba de igual forma en la Encuesta Permanente de Hogares. En ésta, en efecto, si bien los ingresos de la ocupación principal eran algo menores en términos reales a los del año previo todavía eran mejores que los de 2016 (Gráfico 1).
Distribución personal y familiar de ingresos 2004-2018 – 2do. trimestre

Todo esto en el marco de la incipiente concreción de los convenios colectivos –cerrados con módicos niveles de ajuste mientras los ingresos familiares todavía podían capear mejor la situación.
Sin embargo, la reciente aparición de los datos de distribución personal del ingreso del tercer trimestre muestra con mayor nitidez algo que se pronosticaba: el empeoramiento de los ingresos laborales que también afectó al resto de los ingresos de las personas y los familiares per cápita. (Gráfico 2) Sin embargo los tres indicadores refejan algunas diferencias entre sí. El IOP cae sensiblemente respecto de un año atrás reflejando el doble juego del buen momento de los meses de abril-mayo-junio en 2017 y el deterioro de este año. Pero la intensidad de la disminución del ingreso de la ocupación principal es de tal magnitud que su nivel incluso es menor que el correspondiente a 2016. Respecto de 2014, el IpcF con todo es mejor en 2018, el ingreso individual es similar y el de la ocupación principal es sensiblemente más bajo.
Ingresos reales personales y familiares – 3er. Trimestre – 2004-2018

Estas diferencias pueden deberse por un lado a que los ingresos salariales mostraron los efectos de la contención de los arreglos paritarios en la primera parte del año en simultáneo con la estampida de precios, en particular de la canasta básica de consumo. Al mismo tiempo las personas e incluso los hogares tuvieron posibilidades de compensar su situación con otros ingresos o debido a transferencias fiscales.
Discriminando por decil de ingresos de la ocupación principal se observa que en todos los grupos el mejor momento estuvo en 2013, que la caída de 2014 fue extraordinariamente pronunciada (y en esos momentos no parecía preocupar demasiado). También que la situación de 2016 fue similar –o mejor- que la de 2014. Y que la clara recuperación de 2017 desapareció este año luego de la alocada carrera de precios, incluyendo la duplicación del tipo de cambio.
No es casual, en este marco, que los datos privados sobre pobreza hayan marcado, precisamente para ese tercer trimestre, un empeoramiento intenso de la situación social.
Las cifras de empleo, lejos de ser satisfactorias, no muestran destrucción masiva de empleos. Perdura la grave situación en el área industrial y ha menguado la dinámica favorable en el rubro de la construcción pero en el conjunto hay un moderado ritmo de creación de puestos. Es verdad que la calidad de los empleos creados no es buena, pero es muy distinto afirmar que se crean empleos malos que sostener que se destruyen puestos de trabajo.
De todos modos tanto los aspectos ocupacionales relativos a la cuantía y a la calidad laboral como particularmente lo relacionado con los ingresos del trabajo son altamente dependientes de la dinámica del ciclo económico y, en especial, de la decisión empresaria de transformar una parte de sus ganancias en mayor capacidad productiva, es decir, en inversión. Y en eso estamos aún demasiado lejos de ver la luz en el túnel.
Lindenboim es director del Centro de Estudios sobre Población, Empleo y Desarrollo de la UBA
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