Nació como un club de remo, vio crecer a José Luis Clerc y hoy tiene 80 equipos en Interclubes: la historia de L’Aviron

Fundado hace más de un siglo por inmigrantes franceses, belgas y suizos, hoy es referencia en Tigre y en el tenis argentino

Por sus instalaciones pasaron José Luis Clerc y distintas generaciones de jugadores que encontraron algo más que un lugar para entrenarse. Hoy sostiene una filosofía basada en el deporte y la amistad
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Hay clubes a los que se va a practicar un deporte. Y hay otros que se vuelven parte de la vida de quienes los integran. En Regatas L’Aviron, esa diferencia parece estar bastante clara. En sus canchas se entrena y se compite, pero sobre todo se construyen amistades, se comparten rutinas y se generan vínculos que, en muchos casos, duran para siempre.

Ubicado en Tigre, a orillas del río que lleva el nombre de la ciudad, el club tiene más de un siglo de historia. Fue fundado el 13 de octubre de 1920 por iniciativa de un grupo de franceses, belgas y suizos que residían en la Argentina y practicaban remo en distintas instituciones de la zona. Entre sus impulsores estuvieron Emile Lernoud, primer presidente de la entidad, Francois Merelle, Pierre Bardin, Georges Roberti y Francois Mussel.

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El remo fue la actividad que dio origen a la institución, pero con el paso de los años el tenis adquirió un protagonismo cada vez mayor. La historia de L’Aviron también quedó vinculada a nombres ilustres: durante sus primeros años, sus encuentros sociales y culturales recibieron a personalidades como el aviador francés Jean Mermoz y el escritor Antoine de Saint-Exupéry, según consta en una reseña histórica publicada por el Municipio de Tigre.

En el plano deportivo, uno de sus nombres más emblemáticos es José Luis Clerc. El extenista, que llegó a ocupar el cuarto puesto del ranking mundial y fue una de las grandes figuras argentinas de la década del 80, dio sus primeros pasos en L’Aviron. Su padre trabajaba como capataz en el club y Batata comenzó a jugar allí cuando tenía cinco años. “Los fines de semana acompañaba a mi papá al club y siempre había alguien que me peloteaba”, recordó años después.

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Más de 100 años después de su fundación, el tenis es la actividad principal del club. Actualmente cuenta con unos 800 socios, de los cuales 440 practican ese deporte. De ellos, alrededor de 260 participan de los Interclubes de la Asociación Argentina de Tenis (AAT).

Una de las actividades del club es la escuelita de tenis (Crédito: Regatas L'avirón)
Una de las actividades del club es la escuelita de tenis (Crédito: Regatas L'avirón)

“Hoy una actividad muy importante en el club son los Interclubes. Somos uno de los clubes que más categorías presentamos. Este año tenemos unos 80 equipos, desde Menores y Cadetes hasta Veteranos de la categoría +85”, explica Alejandro Strack, presidente de la institución.

La dimensión competitiva también se refleja en el crecimiento de las nuevas generaciones. Por primera vez, el club consiguió que uno de sus equipos de Menores se consagrara campeón y ascendiera a la categoría B. La escuelita de tenis, una actividad que siempre estuvo presente en la institución, sigue siendo una de las principales puertas de entrada para los chicos.

En cuanto a la infraestructura, L’Aviron dispone de ocho canchas de polvo de ladrillo iluminadas y trabaja en un proyecto para construir una novena. La iniciativa se encuentra en la etapa de planos y permisos municipales. El predio también cuenta con dos canchas de fútbol 5, pileta de verano, gimnasio, parque con juegos infantiles, bar, salón de eventos y un sector de remo con salida de botes al río. Además, ofrece actividades para adultos y chicos que incluyen gimnasia, pilates, yoga, natación, fútbol y colonia de vacaciones.

Un club que se vive todos los días

La cantidad de equipos y jugadores explica una parte de la identidad de L’Aviron. La otra aparece cuando sus integrantes hablan de la vida cotidiana, de los encuentros después del trabajo y de la sensación de formar parte de una comunidad.

“La gran mayoría vive a dos o tres minutos del club. Todos vienen después de sus actividades laborales y ya es una linda rutina encontrarnos acá cuando terminamos de trabajar”, cuenta Pablo Ravalli, integrante de la subcomisión de tenis.

Una de las ocho canchas del club (Crédito: Regatas L'Aviron)
Una de las ocho canchas del club (Crédito: Regatas L'Aviron)

Gastón Mazieres, profesor de tenis, también observa esa característica desde su lugar en las canchas. En los últimos años, destaca, el club atravesó un crecimiento importante, especialmente en el tenis femenino. “Las chicas fueron tomando un rol muy importante y participan muchísimo de las clases y los Interclubes”, señala, y agrega: ”Es un club fantástico. Hay mucha gente que juega en distintos horarios y eso es muy difícil de encontrar”.

Tania Renna, también profesora de tenis, pone el acento en los valores que se intentan transmitir desde la enseñanza. “Acá se inculca mucho el respeto al rival y al club. La filosofía es ser buen competidor”, explica.

Historias que explican el sentido de pertenencia

La relación de los socios con L’Aviron también se refleja en las historias de quienes, incluso después de alejarse geográficamente, encuentran en sus instalaciones un lugar al que siempre quieren regresar.

Fermín Peralta Martínez consiguió allí uno de los primeros hitos de su recorrido como tenista profesional. En mayo de 2016, durante el Future Copa Ciudad de Tigre, disputado en las instalaciones del club, venció a Juan Pablo Ficovich por 4-6, 6-2 y 6-4 en la primera ronda del cuadro principal. Aquella victoria le permitió conseguir su primer punto para el ranking ATP. “Fue justo en la cancha que tengo atrás mío, con toda la hinchada tan linda que tenemos”, recuerda.

Actualmente vive en la Patagonia, pero cada vez que regresa a Buenos Aires tiene una parada obligada. “Siempre que vengo es el primer lugar que piso, y recibo el mismo trato y la misma calidez propia de una segunda casa. Me organizo para jugar, hablo con amigos. Conozco a la gente del club desde que nací y voy a ser socio siempre”, cuenta.

La historia de Oscar Villarino tiene otro recorrido, pero llega a una conclusión parecida. Socio de L’Aviron y representante de la institución en el Mundial Seniors que se jugará en Manavgat, Turquía, entre el 8 y el 13 de noviembre, conoció el club a través del circuito de veteranos de la AAT. “Las primeras veces que vine al club me daba cuenta de que, año tras año, los empleados del club eran siempre los mismos. Mi pensamiento fue: ‘Acá hay buena vibra’”, recuerda.

Tiempo después, por cuestiones laborales se acercó a Tigre, se hizo socio y encontró un lugar en el que rápidamente se sintió integrado. Semanas atrás, su vínculo con la institución tuvo una demostración especial cuando llegó el momento de viajar al Mundial. “Cincuenta socios me juntaron el dinero para poder participar. Es algo que no voy a olvidar jamás”, se emociona.

El club tiene más de 100 años y es emblema en Tigre (Crédito: Regatas L'Avirón)
El club tiene más de 100 años y es emblema en Tigre (Crédito: Regatas L'Avirón)

Villarino pasa allí buena parte de su tiempo libre, almuerza y comparte jornadas con sus amigos y compañeros. “Esta es mi segunda casa. Todos mis ratos libres los paso en el club. Me hacen sentir como si estuviera en mi propia casa”, agrega.

Ravalli coincide con esa descripción cuando intenta explicar qué distingue a L’Aviron de otras instituciones: “Es un club donde todos te integran y te hacen sentir parte”.

El desafío de L’Aviron es seguir creciendo. La idea de quienes le dan vida a diario es sostener una estructura competitiva amplia sin perder las características sociales que distinguen al club. “La verdad que tenemos un club hermoso. Lo amamos”, resume Strack.

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