
Con apenas 17 años, Diego Dedura fue una de las grandes atracciones del AAT Challenger edición Tigre II. El alemán, de padre chileno y madre lituana, acaparó las miradas durante toda la semana en el Club Náutico Hacoaj. Zurdo, de 1,80 metros y de estética llamativa dentro y fuera de la cancha, el año pasado ya dio que hablar en el circuito grande. Y va por más.
A los tres años, su padre le puso por primera vez una raqueta en las manos: para Diego, fue un amor a primera vista. Por necesidades económicas, el chileno se había instalado en Berlín tras la caída del Muro para jugar Interclubes. En Alemania conoció a Ruta Deduraite, ex tenista profesional nacida en Lituania que representó a su país en la Fed Cup entre 1994 y 2001.
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La joven promesa del tenis alemán, que avanza a pasos firmes en el tour, no deja de romper marcas: esta semana se convirtió en el primer jugador nacido en 2008 en alcanzar una semifinal de Challenger: el español Miguel Damas detuvo su marcha al vencerlo por 6-4, 4-6 y 7-5 en un partido vibrante este sábado .
Meses atrás, Dedura (actualmente ocupa el puesto 311 del escalafón mundial) había sido el primero de su camada en ganar un partido en el ATP Tour. Lo logró en la primera ronda del ATP 500 de Múnich, donde superó al canadiense Denis Shapovalov por 7-6 (2) y 3-0 antes del retiro de su rival.
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Ante la mirada de 7000 espectadores, lo celebró de una manera muy particular: “Hice la cruz de Dios y me acosté arriba de ella. Lo había hablado con un amigo antes del partido. Si estás en una cancha tan grande, querés hacer algo especial. Para mí fue algo normal”.
El presente lo encuentra en plena construcción. En diálogo con Infobae, el adolescente muestra una madurez poco habitual para su edad. Habla de trabajo, de constancia y de sueños.
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Su padre es mucho más que un acompañante. Fue quien lo inició en el deporte y quien hoy cumple el rol de entrenador. “El 95% del tiempo está conmigo”, cuenta. La relación trasciende la sangre: es sociedad, es proyecto, es convicción compartida. Y aunque aclara que su padre no fue un gran jugador, sí destaca algo que considera más importante: la capacidad de guiar. Además, aclara que su madre también es entrenadora de tenis y lo suele acompañar algunas semanas al año.
En cancha, su identidad es clara. Se define emocional y luchador, una herencia que asocia a su raíz sudamericana. Esa energía se traduce en gestos, en miradas a su padre durante los partidos y en celebraciones intensas. Pero también en una ambición técnica bien marcada: si pudiera armar al jugador perfecto, tomaría el saque y el slice de Roger Federer, el revés de Novak Djokovic, la derecha de Fernando González o Juan Martín Del Potro, la volea y la mentalidad de Rafael Nadal. Un combo ideal que revela admiración, pero también un mapa de hacia dónde quiere evolucionar.
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El polvo de ladrillo es su superficie natural. “En arcilla se ve el verdadero tenis. Táctica, altura y construcción de puntos”, resalta. Allí Dedura siente que puede desplegar su versión más completa.
Uno de sus grandes deseos es sumar los puntos necesarios para ingresar a la qualy de Roland Garros. Y si no es en París, apunta al US Open. El objetivo inmediato es meterse entre los 200 mejores del ranking y, hacia fin de año, clasificarse al Next Gen ATP Finals, el torneo que reúne a las mayores promesas del circuito.
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Su relación con la Argentina suma capítulos positivos. Ya había ganado un torneo junior en Pilar en 2023 y esta semana volvió a sentirse cómodo. Confiesa que disfruta del país y que, cada vez que pisa Buenos Aires, hay un ritual innegociable: bife de chorizo a punto, con papas fritas. “Lo más importante es la carne”, dice entre risas.
Fuera del tenis, lleva una vida simple. En Berlín prefiere planes tranquilos con amigos antes que la vida nocturna. Sigue el fútbol, simpatiza con el Borussia Dortmund y, en Argentina, con River, y entiende que el equilibrio mental es tan determinante como un buen servicio.
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Porque si algo tiene claro es que la cabeza juega. La soledad del circuito, las semanas lejos de casa, la presión por sumar puntos: todo forma parte del aprendizaje. “El tenis es muy duro mentalmente”, admite. Por eso no le esquiva a la palabra sueño.
“Quiero ser Top 10. No por un año, sino durante cinco temporadas o más. Quiero ganar títulos grandes y poder jugar el cuadro principal de Roland Garros”, se ilusiona.
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A los 17 años, el germano Dedura ya no es solo una promesa. Es un proyecto serio que avanza con convicción. El ranking dirá cuándo dará el próximo salto. Por ahora, su crecimiento parece no tener freno.

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