El fútbol es un deporte de interpretaciones y decisiones arbitrales que, en muchos casos, generan controversia. Dos jugadas separadas por más de dos décadas ilustran cómo la evolución en la aplicación del reglamento puede llevar a fallos opuestos en circunstancias similares.
El 24 de abril de 1999, en cancha de Vélez, Martín Palermo marcó un gol insólito para Boca Juniors ante Platense al ejecutar un penal con ambos pies. En aquella ocasión, el árbitro Fabián Madorrán convalidó el tanto sin objeciones de los jugadores rivales. La jugada, sin embargo, generó dudas reglamentarias, ya que la Regla 14 establece que el ejecutante no puede tocar el balón dos veces consecutivas antes de que otro jugador lo haga.
El debate llevó a la AFA a consultar a la FIFA, que finalmente validó el gol bajo el argumento de que el doble toque resultó “fortuito”. En ese entonces, la Comisión de Árbitros adoptó un criterio interpretativo más pragmático, considerando el espíritu de la norma y privilegiando el contexto fortuito del hecho.
En el reciente encuentro por Champions League, Julián Álvarez convirtió un penal para el Atlético de Madrid ante el Real Madrid durante la definición desde los 12 pasos, pero su gol fue anulado tras la intervención del VAR. El árbitro polaco Szymon Marciniak, tras la revisión ultra rápida de la tecnología, determinó que el delantero argentino había impactado el balón con ambos pies antes de que este ingresara al arco, considerando que el gol no era válido.
¿Por qué en 1999 el gol de Palermo fue validado y en 2025 el de Álvarez fue anulado?
La respuesta radica en la evolución de los criterios arbitrales. Mientras que en la época de Palermo se priorizaba la interpretación contextual de la norma, hoy la Comisión de Árbitros de la FIFA con la anuencia de la IFAB, adopta una visión más ortodoxa y literal de las reglas, similar al enfoque anglosajón.
Según esta perspectiva, no importa si el doble toque fue intencional o accidental; lo que prevalece ahora es la aplicación estricta del reglamento: si un jugador impacta dos veces el balón en un penal, el gol debe ser anulado. Sin embargo, en aquella época, una comisión arbitral con una visión más flexible e interpretativa, aclaró que, al tratarse de un hecho fortuito, el tanto de Palermo debía ser válido, priorizando el espíritu del juego por sobre la rigidez de la norma.
En esencia, la regla nunca cambió. Lo que sí cambió fue la manera de interpretarla: pasamos de una visión más pragmática y flexible, propia de un pensamiento latino, a una aplicación rigurosa y literal, alineada con la tradición conservadora y ortodoxa del arbitraje anglosajón.
Más allá de la controversia, lo innegable es que el Real Madrid avanzó en la competición, mientras que el Atlético quedó eliminado en medio de un fallo arbitral que volvió a poner sobre la mesa el debate sobre la precisión tecnológica en el fútbol. Si se hubiera contado con herramientas más avanzadas, como la tecnología del chip en el balón utilizada por la FIFA en sus torneos, se habría podido determinar de manera irrefutable si hubo doble contacto, eliminando cualquier margen de interpretación y dotando de mayor transparencia a este tipo de decisiones.
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