Volcado del centro hacia a la izquierda como en sus mejores galas, con los ojos bien abiertos siempre, Juan Román Riquelme jugó “en el patio de su casa”, como bautizó a La Bombonera, ocho años y medio después de su retiro. Y aún sin el ritmo profesional honró a la camiseta de Boca Juniors que volvió a lucir y al menú de su talento. Luego del impactante recibimiento que lo dejó sin aliento, el hoy vicepresidente del Xeneize, de 45 años, se acomodó detrás del Chelo Delgado y Barihjo para jugar y hacer jugar. Y repartió un gol, toques de distinción y asistencias.
Los primeros minutos fueron de dominio de la Albiceleste, con varios jugadores aún en actividad (y campeones del mundo) como Lionel Messi, Leandro Paredes y Ángel Di María. Lucho González abrió el marcador a los 18 minutos tras un pase de la Pulga. Cuando el equipo del homenajeado fue en busca de la igualdad, surgió la figura de Leo Franco con varias intervenciones, al punto que una de ellas fastidió al mismísimo anfitrión.
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A los 22 minutos, Delgado tocó para Barijho, quien encontró a JRR de frente a la valla. El 10 remató y el arquero sacó por encima del travesaño con una sonrisa. El gesto adusto de Riquelme lo dijo todo.
Pero a los 36′ llegó el empate, con algo de condimento: Riquelme ingresó al área gambeteando y Lionel Scaloni lo empujó, cometiéndole penal. Pero el enlace se mantuvo de pie, asistió al Chipi, quien en el segundo intento logró hallar el fondo de la red: 1-1. Divertidos, el DT de la Selección y el organizador de juego se volvieron a mitad de cancha abrazados y sonriendo.
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La primera parte se cerró con una perla del homenajeado. Barijho, que también había firmado el 2-1, cedió para que el ídolo comandara el contragolpe. El vicepresidente avanzó en el césped y ubicó un balón en cortada, una delicia que era una costumbre en actividad, y habilitó a Pablo Ledesma para el 3-1.
Y en el inicio del complemento apareció su gema: corrían dos minutos cuando buscó su perfil de izquierda a derecha, superó la marca de Gonzalo Rodríguez y sacó un disparo rasante, al rincón derecho del arco de Argentina, para ganarse otro “Riqueee, Riqueee” tan estridente como el del final del primer tiempo con su asistencia.
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Hubo más magia. A los 17′ aceptó un rol secundario para aplaudir la salida de Lionel Messi, que también firmó una estética conquista regateando al Mono Navarro Montoya. Y a los 23 dibujó un bello globo para poner a Paredes (que cambió de bando) cara a cara con Cristian Muñoz, que ganó el duelo.
El partido le dio la posibilidad de jugar con su hijo Agustín, los dos con la 10 en la espalda. Si hasta el adolescente casi firma su tanto: tapó el guardameta y el rebote lo tomó Manteca Martínez (quien fuera el ídolo de román) para sellar el 5-3 definitivo, que supo a excusa para reconocer al jugador más determinante de la historia xeneize.
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