
La vida tiene buenos y malos recuerdos. Pero hay algunos que marcan. Eso sucedió un día como hoy hace tres años. Para los amantes del deporte argentino, sobre todo de aquellas disciplinas que son parte del mundo olímpico o polideportivo, la repentina y trágica muerte de Braian Toledo fue un duro golpe al corazón. Como si una jabalina, ese implemento que él hacía volar a decenas de metros, se hubiera clavado justo ahí.
Nadie podía creer la noticia que confirmó el por entonces presidente del Comité Olímpico Argentino Gerardo Werthein, en sus redes. A partir del mensaje, todo fue dolor. A los 26 años, una de las mejores apariciones del deporte en nuestro país en las últimas decadas tuvo un accidente en el mismo lugar donde comenzó su historia. Porque Marcos Paz fue el lugar donde nació la versión que el mundo conoció de Braian.
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“Mi atención estaba totalmente puesta en destacarme en cualquier cosa que hiciera. Hay gente que pasa su vida y se muere sin conocer su talento. Y yo, en esa situación, me topé con una actividad que me dio satisfacciones impensadas, que me hizo descubrir el mundo, que me llevó a empujar mis límites”, reflexionó Toledo en su cuento El árbol de la vida, que fue publicado en Pelota de Papel 4. Una historia de superación personal invaluable, de esas que le deberían contar a los jóvenes deportistas que sueñan con llegar a un Mundial o ser finalistaen unos Juegos Olímpicos, como hizo él en Río 2016.
Para mantener viva la llama de su legado, Infobae habló con tres emblemas del deporte celeste y blanco de los últimos tiempos. “Tengo los mejores recuerdos. Gran ejemplo de persona, de superación y de que se pueden lograr grandes resultados cuando se tienen objetivos claros. Además, una persona siempre dispuesta a ayudar más al prójimo que a él mismo”, dijo Paula Pareto, la campeona olímpica de judo que compartió con Braian varias acciones solidarias.
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Otro de los grandes protagonistas del atletismo argentino, todavía vigente, que forjó una estrecha relación con Toledo, fue Germán Chiaraviglio. “La primera vez que compartí con Braian fue en 2010, unos meses antes de que él compitiera en los Juegos Olímpicos de la Juventud en Singapur. Él vino a hacer un periodo de entrenamiento en Forma, Italia, donde yo entrené muchos años. Era muy joven, callado, pero muy atento. Conmigo desde un principio se mostró muy interesado y con ganas de aprender sobre el alto rendimiento”, dijo.
“Al ser más chico, junto a otros atletas, lo aconsejábamos e intentábamos que tuviera todas las herramientas posibles para enfrentar la transición que iba a suponer pasar al mundo de los ‘adultos’. Recuerdo en Italia ayudarlo a aprender inglés e italiano, también nos contaba de su familia y como él ayudaba. siempre me impresionó lo responsable y consciente que era sobre temas de ‘adultos’ aún siendo un chico”, recordó el campeón mundial sub 18 y 20 de salto con garrocha.
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Justamente, aquella primera edición de los JJOO para atletas entre 14 y 18 años marcó el despegue de Braian. Su medalla dorada lo situó en un lugar inesperado para muchos, lo que marcó la puesta en marcha de una carrera que todavía no había llegado a su esplendor cuando sucedió el accidente en moto en el que perdió su vida.

Más allá de Pareto y Chiaraviglio, que se encontraban con Toledo y se ponían a charlar, otro referente del deporte habló con Infobae sobre el impacto que le generó conocer el detrás de escena de lo que tuvo que hacer Braian para llegar a ser el deportista que fue. “Me entero de su historia una vez que es un atleta conocido. Me lo cruzaba en el CeNARD o en torneos sin saber su historia de fondo, y cuando la vas conociendo, y sobre todo con lo que fue logrando en su camino, eso lo hacía una persona especial”, contó Sebastián Simonet, un histórico de los Gladiadores, la selección argentina de handball masculina.
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“Como atleta, él era uno de los mejores de su disciplina. Dos Juegos Olímpicos, finalista en Río 2016, creo que se fue forjando en un camino con tantos obstáculos que lo hizo aún más grande de lo que era”, agregó el jugador que dejó huella con la camiseta argentina para el desarrollo de su deporte.
No quedan dudas de que Braian era una persona especial. Lo sabía su mamá Rosa, sus hermanos, su entrenador de toda la vida Gustavo Osorio, hasta que eligió ser dirigido por el finlandés Kari Ihalainen -especialista en jabalina- y quien era su novia, la tiradora Sofía Lamarque. Todos pueden dar fe de eso. Y el que se sorprendió por una actitud generosa que tuvo Toledo pocas horas después de ganar un diploma olímpico en los Juegos Olímpicos en la ciudad de Brasil fue el propio Chiaraviglio.
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“Después de que él compite en la final de la jabalina, habíamos quedado en salir a festejar porque ambos habíamos sido finalistas. En un momento durante la madrugada me dice ‘Ger, quedé con periodistas que mañana temprano iba a hacer notas, pero no sé si podré llegar’ debido a que es noche hubo una tormenta. ¿Qué hizo? Me pidió que contactara a los periodistas ya que él no tenía sus teléfonos para reprogramar las entrevistas. Me sorprendió porque dentro de un momento de festejo íntimo, tuvo la reacción y el compromiso acordado con los periodistas”, explicó el garrochista en una anécdota que pinta de cuerpo entero a quien será su amigo para siempre.
Para Chiaraviglio, Pareto e incluso el mayor de los hermanos Simonet, esa mañana de jueves será difícil de olvidar. “Fue muy shockeante. Por cómo fue el accidente y en el momento en el que sucedió, justo en la previa a Tokio cuando estaba preparándose para competir en los Juegos”, recordó el icónico número 4 de la selección de balonmano.
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“Fue un palazo. Más allá que no era de mi palo, lo sentía como un Fede Pizarro, un Fede Fernández, alguien que vivió lo mismo que nosotros para convertirse en un atleta de alto rendimiento. Y que le pase algo así, tan trágico, a esa edad, fue durísimo. Fue una tristeza enorme. Además, se le agrega todo su origen, su humildad, lo que él transmitía. Laburador, toda su historia que fuiste conociendo, fue una pena terrible”, añadió Simonet.
La Peque, ya retirada del deporte profesional, enfocada en su carrera como médica, fue contundente al señalar qué fue lo que perdió el deporte argentino con su ausencia. “El ejemplo de perseverancia y de saber usar una imagen para ayudar a otros”, explicó.
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Pareto fue una de las que estuvo presente en su último adiós. Lo mismo sucedió con Chiaraviglio. “En lo deportivo se perdió a un gran atleta, que soñaba con seguir representando al país de la mejor manera, lanzando su jabalina al infinito. Pero lo más importante es la ausencia del Braian humano, aquel que empatizaba como todo aquel que tenía una carencia”, analizó el santafesino.
“Ese Braian, le que pedía a sus sponsor que para estar con él tenían que aportar algo siempre a comedores o instituciones donde él ayudaba, un tipo/pibe que tenía muy claro que viajar por el mundo le iba a dar más herramientas para ayudar a su familia y que trascender, para él, significaba que su entorno tuviera las necesidades básicas satisfechas”, agregó el múltiple medallista panamericano y abanderado en los Juegos Sudamericanos de Cochabamba en 2018.
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La desaparición física de Braian fue un cimbronazo. Semanas antes del comienzo de la pandemia de coronavirus, que provocó la nunca antes vista postergación de los Juegos Olímpicos de Tokio, su ausencia generó una tristeza aún mayor que correr 365 días la cita máxima para el ambiente olímpico.
Su trágico final puso en marcha su legado. Uno que todos los protagonistas del deporte argentino -federaciones, atletas, dirigentes- deberían tener como puntal para el presente y el futuro. Pasar sus videos en las grandes citas, sus discursos en los medios, y contar las mejores anécdotas de su asistencia social tiene que ser un deber de los que lo conocieron. Casi con un formato de ley nacional para buscar algo mejor para las nuevas generaciones.
“No hay límites para los sueños y la bondad de una persona va más allá del entorno en el que esté”. Ese es para Pareto el mejor legado de Braian. “Para mí es entender que podés tener todo o no tener nada, pero la actitud con que él enfrentaba todos sus desafíos y sus sueños era lo que lo diferenciaba. Con empatía y con mucho amor, demostró que aún con muchas dificultades se puede llegar a lo más alto en el deporte si uno trabaja y esfuerzo”.

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