
Jueves, 15:45 de Doha. A poco más de un día para el partido válido por los cuartos de final de la Copa del Mundo entre Argentina y Países Bajos, Louis van Gaal aparece en la sala de conferencias número 2 del Centro de Convenciones de la ciudad junto a Memphis Depay. La sala, contigua a la que usarán al rato Alexis Mac Allister y Lionel Scaloni, es un poco más chica y está completa a un 80 por ciento. El experimentado entrenador neerlandés comienza a responder socarronamente, con un dejo de soberbia.
Con 71 años y mil batallas en su espalda, no le pesa la presión. Pero empezó a jugar cartas que -a la postre- le fueron poco convenientes. Encendió un fuego en Argentina que hasta allí no existía. Además de arrastrar el fuerte cruce con Juan Román Riquelme en el Barcelona, cuando lo hacía jugar en otra posición, cuestionó su labor dentro de la cancha y declaró públicamente que él no había solicitado su contratación, van Gaal tuvo un último duelo con otro argentino: Ángel Di María.
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Lejos de bajar revoluciones en vísperas de un duelo de tamaña talla, se mostró desafiante cuando un periodista argentino lo consultó sobre Fideo y una frase que había resonado, cuando el rosarino lo tildó como el peor entrenador que tuvo en su carrera. “Él tuvo muchos problemas personales. Le habían entrado a la casa a robar y eso también afectó a su nivel de rendimiento en esa temporada. Es uno de los pocos jugadores que ha dicho eso de mí, en general dicen lo contrario”, arremetió.

En la concentración argentina, a un par de horas del último entrenamiento previo al encuentro tomaron nota de ello. Y como son devotos del perfil bajo (motivo por el cual cayó tan bien Lionel Scaloni en el grupo y se convirtió en líder), tampoco gustó para nada que van Gaal bromeara deliberadamente en conferencia para ahondar en su disputa con Di María: “Aquí tengo a Memphis (Depay) al que le sucedió algo similar: también jugaba en el Manchester y ahora nos besamos de lo mucho que nos queremos… Bueno ahora no me quiere dar un beso, primero vamos a ver como salen las cosas”.
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En no menos de cuatro o cinco oportunidades, los periodistas neerlandeses ubicados en la sala explotaron de risa por alguna ocurrencia en las respuestas de van Gaal, que se sacó su máscara de seriedad y descontracturó por completo el diálogo con la prensa. Entre respuesta y respuesta, echó leña al fuego cuando le preguntaron por Messi: “No juega mucho con el rival cuando tiene la posesión del balón. Ahí es también donde están nuestras posibilidades”.
En las semifinales de la Copa del Mundo de 2014, Sergio Chiquito Romero se convirtió en héroe y metió a Argentina en el encuentro decisivo frente a la Holanda de Louis van Gaal. A horas del desquite en Lusail, quizás en un intento de convencerse a sí mismo de que la racha cambiaría y la historia esta vez quedaría del lado naranja, Lucho manifestó: “Si tenemos que llegar a los penales, creo que quizás ahora estamos en ventaja”. Esto fue música para los oídos del Dibu Martínez, que se inspira cada vez que un oponente le da letra antes de tiempo.
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“Pasó de todo en la cancha, pero normal. Cosas que pasan en unos cuartos de final de un Mundial. Mucha tensión, mucho nerviosismo por ambos lados. Se había hablado mucho antes del partido, cosa que no nos gusta a nosotros. Sentimos que nos habían faltado el respeto”, se descargó Messi en zona mixta antes de subirse al bus de concentración albiceleste. El capitán argentino señaló directamente a van Gaal y a Wout Weghorst, autor de los dos tantos del cuadro europeo, con quien tuvo el exabrupto justo antes de brindar una entrevista.
En modo Maradona, Messi fue a buscarlo a van Gaal al banco de suplentes una vez que se consumó la victoria y le comentó por lo bajo lo que luego compartió ante los micrófonos. Sacudió las yemas de los dedos en ademán de “hablar mucho” y se retiró de la escena al ser separado por Edgar Davids. Tras su gol de penal, emuló al Topo Gigio de Riquelme apuntando directamente al banco rival. “Vende que juega bien al fútbol, pero en el segundo tiempo tiró pelotazos”, fue otra de las frases fulminantes de Leo.
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Van Gaal se retiró de Doha sin trabajo, ya que renunció a la conducción técnica de Países Bajos: “No voy a seguir en la selección porque estaba solo para este período. Este es mi último partido. He disputado veinte partidos y no he perdido ninguno. Les pedí a los muchachos que entrenaran penales. Perder en esta instancia es tener mucha mala suerte”. Por el tono de sus últimas declaraciones, se fue en su ley y evidentemente no tiene pensado cambiar las formas que potenciaron la ambición de triunfo en Argentina. El holandés subestimó la furia que podía llegar a desatar -y desató- en su peor verdugo.
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