El hijo de Ringo Bonavena cuenta por primera vez cómo la mafia asesinó a su padre hace 45 años

Natalio Oscar no había cumplido ocho años cuando mataron al boxeador argentino en Nevada, Estados Unidos, el 22 de mayo de 1976. Hoy recuerda el multitudinario velatorio de su papá, su desesperación por no poder acercarse al féretro a despedirlo y cómo rehizo su vida

Natalio Oscar Bonavena, el hijo de Ringo (Foto: Franco Fafasuli)
Natalio Oscar Bonavena, el hijo de Ringo (Foto: Franco Fafasuli)

Serían como las diez y media de la mañana de un sábado fresco; el cielo luchaba por descubrir su azul y soplaba un viento amigable. Un grupito de ocho pibes chiquitos, de siete u ochos años jugaban a la pelota en la calle Zelarrayán llegando a la esquina de Beauchef. De pronto, caminando lentamente se les acercó un señor mayor; era el sereno de una obra en construcción que había muy cerquita de allí, en Beauchef y José María Moreno. Miró a todos los que estaban jugando y llamó a uno de ellos, al Gordo Nené a quien llevó llevó aparte. Luego le preguntó:

-Uno de estos chicos, ¿es el hijo de Ringo Bonavena?.-

-Sí, claro-, respondió Nené. Y agregó: el de jean y remerita roja, se llama Natalio Oscar, le decimos Ringuito por el padre, ¿vio…?.-

-Uyyy, pobrecito-, exclamó el angustiado sereno, a quien miraban los demás con impaciencia pues el juego se había detenido.

-¿Qué pasa, señor?- preguntó intrigado Ringuito.

-Pibe, andá a tu casa a ver a tu mamá; escuché recién por la radio, en “El Fontana Show”, que a tu papá le pasó algo en los Estados Unidos.

-Imposible, mi viejo habló anoche con mi mamá por teléfono, le dijo que se iba del pueblo donde estaba para tomar el avión y mañana llegaba a Buenos Aires, debe haber escuchado mal. Gracias igual don, pero mi viejo llega mañana, justo para el cumpleaños de mi vieja.

No obstante su firme esperanza, impulsado por sus amiguitos Ringuito se volvió corriendo a la casa de la tía Elsa donde estaban viviendo. Al llegar al departamento de Asamblea y Centenera vio llorando angustiosamente a todas las mujeres de la familia que allí se encontraban, incluyendo a su madre Dora y a su hermana Adriana, a quienes había acompañado hasta la peluquería de Kuky, que quedaba en la misma cuadra. Es que su mamá habría de cumplir al día siguiente -23 de Mayo de 1976- 32 años y la anunciada llegada de Ringo significaba –una vez más- el reencuentro matrimonial reconciliatorio y la tradicional celebración familiar.

En los 45 años transcurridos que habrán de conmemorarse este 22 de mayo, la muerte de Ringo ingresó a la “mitología” como un hito eternizado de la porteñidad.

Aquel chico que jugaba a la pelota en la calle con sus amiguitos y que no pudo creer la muerte de su padre hoy tiene 53 años, es contador público recibido en la UBA en 1994 y disfruta de tres hijos: Giuliano (27), Franco (25) y Stefano (24).

Ringo Bonavena con su mamá Doña Dominga, de quien su nieto Ringuito recuerda sus memorables ravioladas con la familia unida, con más de treinta integrantes.
Ringo Bonavena con su mamá Doña Dominga, de quien su nieto Ringuito recuerda sus memorables ravioladas con la familia unida, con más de treinta integrantes.

Su padrino fue un maestro del periodismo: Héctor Ricardo García -fallecido en 2019- creador de las revistas “Así”, “Así es Boca”, del diario Crónica, propietario por unos años del Canal 11 (se llamaba Leoncio) y de Crónica TV, La amistad entre García y Ringo se sostuvo afectuosamente desde 1967 hasta su muerte. Y Ringuito –el ahijado- trabajó en su empresa desde 1988 hasta 2011, ocupando el cargo de Gerente Administrativo.

Hoy, frente al chico que “conocí” cuando aún estaba en el vientre de su madre, la evocación sobre su padre me resulta emotiva e hirientemente melancólica. En este formidable bar de vinos y restaurante llamado “Patio Funes” que queda en el único barrio posible para un Bonavena, el de Parque de los Patricios –Dean Funes 2045-, le pido recuerdos que nos provoquen las sanas sonrisas con las cuales merece ser evocado su padre. Y Natalio Oscar, quien tenía 7 años y medio cuando asesinaron a Ringo, rememora:

-Una vez, cuando tenía 6 años, me escapé por la ventana del colegio Canadá que quedaba en Cachimayo y Zaraza. La maestra y la directora citaron a mis padres. Y mi viejo era recontrafamoso; ya había peleado con Muhammad Alí, con Joe Frazier, con Floyd Patterson, salía todos los días en la tele, era tapa de diarios y revistas… Pensé que iría solo con mi vieja y eso me tranquilizaba; pero no, vino Ringo, mi papá. Primero me subió las escaleras a patadas en el culo, después le pidió disculpas a la maestra y a la directora y les dijo, me acuerdo como si hubiese sido ayer: “Yo les pido por favor que le enseñen, no quiero que sea un burro ni que sea boxeador, quiero que estudie, que llegue a ser universitario…”. Y como siempre, les hizo un chiste: “Vean, yo repetí tantas veces que casi me caso con la maestra”. – Y siguió contando:

Natalio "Ringuito" Bonavena en su restaurante Patio Funes, aunque también se dedica a la agricultura en un "campito" cerca de Bahía Blanca. (Foto: Franco Fafasuli)
Natalio "Ringuito" Bonavena en su restaurante Patio Funes, aunque también se dedica a la agricultura en un "campito" cerca de Bahía Blanca. (Foto: Franco Fafasuli)

-Nunca olvidaré los almuerzos en la casa de mi abuela Dominga. Y sobre todo los cumpleaños. En los de mi viejo porque entre tíos y primos éramos como 30. Todos en la casa de mi abuela, en la calle Treinta y Tres y Gibson, corazón de Patricios, nuestro barrio. El olor a tuco se sentía desde la puerta y para que nadie moje el pan porque la enfurecía a mi abuela, ella te esperaba con un plato de albondiguitas que bañaba con la salsa y te las ponía en un plato para que vayas picando sin entrar a la cocina. Comíamos allí los famosos ravioles que después se hicieron célebres por el programa de televisión “Los ravioles de Doña Dominga” (1967). Los chicos jugábamos en el patio y los grandes empezaban con el vermut en el comedor. Estaba prohibido hablar de política porque algunos de mis tíos eran muy peronistas y mi viejo era antiperonista a muerte. Y si ese domingo jugaba Huracán en el Palacio (Ducó), nos íbamos en 4 o 5 coches a eso de las 3 de la tarde. Agarrábamos por Treinta y Tres hasta Caseros y por Caseros hasta Luna.. ; la “cana” a mi viejo lo dejaba pasar y estacionar. La llegada de mi padre a la puerta de la platea de Alcorta era un desastre, siempre había una multitud esperándolo para sacarse una foto. El fotógrafo de Huracán, a quien siempre conocimos como “Fogonazo” hacia las fotos de los hinchas con mi padre y después éstos las tenían que ir a retirar y pagar en la sede del club, entrando por Caseros debajo de la escalera. Era un infierno ir con mi viejo, no podíamos caminar; si hasta los visitantes que también entraban por otra puerta de Alcorta lo esperaban para verlo de cerca. Y aunque algunos le decían algo, siempre estaba más referido a Huracán que a él. Lo que más le gustaba era cuando la hinchada, al verlo entrar, le cantaba: “Somos del barrio, del barrio de la quema/ somos del barrio de Ringo Bonavena:..”. Era muy linda esa época, la última que pude compartir con mi padre. Me acuerdo, aunque era muy chiquito, que después del partido íbamos al vestuario y era un espectáculo como se abrazaba y como lo querían los jugadores. Yo no lo podía creer, estaban Brindisi, Babington, el Coco Basile, Houseman y mi viejo en el medio agarraba a uno en cada brazo y otro a “babucha” y cantaba con ellos: “Somos del barrio, del barrio de la quema…” , Mi viejo hacia cantar hasta al Flaco Menotti. Qué lindo que fue todo aquello…-

-También me acuerdo de cuando venía al barrio de mis abuelos maternos con la Mercedes Pagoda amarilla; abría el techo y llenaba el auto de pibes, todos amigos míos; nos daba una vuelta por las calles de Parque Chacabuco; luego paraba en el kiosco de Nito en Cachimayo y Zañartú y nos compraba de todo: chocolatines Jack, jugos Naranjú y también los mejores helados de la zona, los de Asamblea y Centenera.

Según su hijo, Ringo cobró una bolsa de 125.000 dólares con Alí, que serían unos cinco millones hoy. Con parte de ese dinero le dejó 12 departamentos a cada uno de sus dos hijos.
Según su hijo, Ringo cobró una bolsa de 125.000 dólares con Alí, que serían unos cinco millones hoy. Con parte de ese dinero le dejó 12 departamentos a cada uno de sus dos hijos.

La muerte de Ringo llegó al diálogo con la naturalidad con la que se evoca la vida inmodificable: no hay dos muertes, le dije a Ringuito, y le conté la versión que tantas veces escribí de diferentes maneras a través de los años:

-”Pasada la medianoche del 21 de mayo de 1976 Bonavena estaba jugando en el Casino Harrah’s. Fue allí donde recibió un llamado telefónico, se trataba de una provocación; finalmente de una trampa. Tenía todo programado para regresar a Buenos Aires la noche siguiente, la del 22 de mayo de 1976 (el día que lo asesinaron), vía Los Ángeles y así se lo había anunciado a su esposa Dora, a pesar de una temporaria crisis matrimonial. No obstante e increíblemente entre las 6:15 y las 6:30, según el Sheriff Bob De Carlo y tras aquella llamada, Ringo salió velozmente en su auto Chevrolet, modelo Montecarlo Coupe 75′ color caramelo, desde el Harrah’s hacia el Mustang Ranch. Su amigo el Gordo Morales- con quien viajó y compartió la casa rodante que les servía como vivienda - había desaparecido de “los lugares que solía frecuentar” luego de la señal mafiosa que convirtieron en cenizas sus objetos personales y los de Ringo, quien había quedado solo y sin su pasaporte.

-Eh, oigan bien ustedes, estúpidos guardaespaldas de cuarta, voy a entrar de cualquier manera- amenazó Ringo desde la calle frente a la puerta del Mustang Ranch, sabiendo que alguien le apuntaba desde lo alto.-

-Te conviene irte amigo- le respondió John Coletti, desde una amplia mirilla de la puerta principal.-

-”No hubo tiempo para más. William Ross Brymer, guardaespaldas principal de Joe Conforte le disparó desde lo alto con una escopeta Remington 30-08 y una de esas seis balas atravesó el corazón de Ringo…”.-

Bonavena hijo le contó a Infobae detalles de la situación económica de su padre al morir, desconocidos hasta ahora. (Foto: Franco Fafasuli)
Bonavena hijo le contó a Infobae detalles de la situación económica de su padre al morir, desconocidos hasta ahora. (Foto: Franco Fafasuli)

Tras reconstruir aquel trágico momento, le pregunté:

-Y vos Ringuito, ¿ qué recordás sobre la muerte de tu padre?

-El cadáver llegó como una semana después y mi mamá y mis tíos me llevaron al velorio que fue en el Luna Park. Había mucha gente en la calle y adentro – 120.000 personas desfilaron aproximadamente, le acoté- y yo no quería llegar hasta el cajón, no quería ver la cara de mi papá, tenía miedo. Me acuerdo que me metieron en una oficina del estadio y me quedé allí, llorando. Después, cuando iban a llevárselo hacia el cementerio, vinieron algunos tíos y me pidieron que fuera a despedirme, a darle el último beso. Lo intenté, pero cuando me faltaba nada para llegar hasta el féretro vi su cara, me puse a llorar de nuevo y me volví corriendo a esa especie de oficinita.-

-¿ Te persiguió la muerte de tu padre?

- El shock de aquel día me provocó una Diabetes tipo 1: soy insulinodependiente. Pero mi hermana Adriana y yo gracias a mi madre, realizamos una vida normal. Estudié, me recibí, trabajo, tengo un campito de 300 hectáreas entre Coronel Pringles y un pueblito de 1.500 habitantes que se llama Cabildo, a 50 kilómetros de Bahía Blanca. Allí cosecho maíz y cebada o trigo y cebada. Además, practiqué boxeo, hice algunas peleítas de contrabando sin usar mi apellido, entrené y sigo entrenando y ahora me hago en la bicicleta desde Devoto hasta Patricios ,17 km de ida y otros 17 de vuelta, los martes y jueves para venir al “Patio Funes”. Por cierto que todos hicimos o seguimos haciendo terapia; no es fácil aceptar una muerte trágica que te la recuerdan permanentemente.-

- ¿Sabés Ringuito...? Nunca supe responder cómo era la situación económica de tu padre y siempre pensé que para firmarle ese contrato a Conforte, era porque lo necesitaba…-

-No, para nada. Te voy a dar un ejemplo: mi viejo cobró por la pelea contra Muhammad Alí 125.000 dólares. En 1970 un departamento de dos ambientes en Palermo costaba 2.000 dólares. O sea que se podían comprar con ese dinero 60 departamentos. A valores de hoy, 60 departamentos significarían casi 5 millones de dólares que es la bolsa traducida del match contra Alí. De hecho que con esa sola pelea se compró un edificio entero en Borges –se llamaba Serrano- y Avenida Santa Fe. A mí me correspondieron 12 de esos departamentos y otros 12 a mi hermana. Y mi madre -76 años- sigue teniendo una gran calidad de vida. Es una historia del pasado, lo que me importa decirte es que mi papá no dilapidó su esfuerzo ni comprometió el futuro de sus hijos. Dejó muy bien a toda la familia pues siempre ayudó a la abuela, a sus hermanos y a muchos de sus sobrinos.

Dora, la mamá de Ringuito, despide a Bonavena en el Luna Park. La tapa de la revista Goles mostraba por última vez al ídolo argentino.
Dora, la mamá de Ringuito, despide a Bonavena en el Luna Park. La tapa de la revista Goles mostraba por última vez al ídolo argentino.

-¿ Conociste a Sally Conforte?

-No, cuando ella vino a Buenos Aires yo era muy pibe, sé que habló con mi vieja, parece que para pedirle disculpas…-

-¿Y a Joe Conforte el dueño del Mustang Ranch, el que mandó a matar a tu padre?

-Fui a Rio, decían que se había exiliado y vuelto a casar allí y que tenía un restaurante. Recorrí algunos, me señalaron a “La Trattoria” en Copacabana pero nadie sabía nada sobre él…-

Veo las fotos de sus peleas en una pared del restaurante y lo evoco con la perfección de la nostalgia. Ringo era un símbolo de la porteñidad y de Parque de los Patricios al que quedó adherido simbióticamente. Pero además era osado, transgresor, locuaz, chispeante, simpático, temerario, exageradamente mediático, ocurrente, repentino, audaz, intuitivo e inteligente. Tales atributos lo llevarían a ser showman, comerciante, actor, cantante y hasta conductor de televisión. Pero por sobre todas esas características, Bonavena fue uno de los tres adversarios más difíciles que debió enfrentar Muhammad Alí, a la par de George Foreman y Joe Frazier.

Todo fue ayer; fue hace mucho. La gloria siempre queda reducida al sonambulismo envejecido y cruel de los posters…

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