Riquelme festeja con su hermano

“Riquelme es un visionario”. Así lo definió Pol Fernández al flamante vicepresidente segundo minutos después de que se consumara el título de Superliga de Boca. El ex futbolista saltó para el otro lado del mostrador con las ideas claras. Pensó y reflexionó mucho junto a los suyos la idea de ponerse el traje de dirigente y, con el deseo de su hijo Agustín a cuestas, se decidió a arriesgar su estirpe de ídolo. Con muchísimo para perder. Pero con convicciones.

Se manchó los pies de barro durante la campaña a favor de Jorge Ameal, fue vital para el triunfo en las elecciones y desapareció de la escena. Anunció que tenía definido quién iba a ser su entrenador y los refuerzos que iba a buscar. Cerró a Miguel Ángel Russo, con el que se había consagrado en la Libertadores de 2007 e intentó contratar jugadores importantes en el último mercado. Finalmente no soltó billetes de más (el peruano Paolo Guerrero y el chileno Mauricio Isla fueron misiones imposibles). Entendió que había una buena base de plantel y Boca apenas incorporó a Fernández (al mismo tiempo que se marchó Alexis Mac Allister) y a Carlos Zambrano (para cubrir la partida de Paolo Goltz).

Las labores de Román fueron en la sombra. Desde que la nueva directiva asumió no brindó entrevistas ni figuró en la lente de la cámara de nadie, con la excepción del sorteo de la Copa y su presencia en el palco de la Bombonera actuando como anfitrión de varias estrellas (Ricardo Bochini, Ángel Clemente Rojas, el Beto Márcico y Manteca Martínez).

Y el ejemplo claro de la confianza que le tenía a la gran mayoría del plantel fue Carlos Tevez. “Debe volver a recuperar la alegría de jugar al fútbol”, anticipó Riquelme antes del careo con el Apache. Y lo convenció de salir a la cancha otra vez con hambre de gloria, espíritu amateur y liderazgo. Carlitos no es el mismo de cuando tenía 20 años, pero muestra partido a partido las mismas ganas que cuando dio sus primeros pasos en el fútbol profesional. Y como si fuera poco sacó a relucir una racha goleadora en este 2020 que fue fundamental para encaminar al equipo al título y convertirse en máximo artillero con 9 gritos.

JRR ya empezó a imprimir su huella. Como responsable del Consejo del Fútbol está al tanto de lo que ocurre con la pelota en todos los niveles (profesional, amateur, juvenil e infantil). Dio una bajada de línea para que todos los equipos de las inferiores impongan un esquema con enganche, su puesto predilecto, y contagia al resto de los directivos con el bajo perfil.

La novela por el fuego cruzado entre la CD boquense y Diego Armando Maradona fue interminable. El morbo que generó la presencia del Pelusa justo en la definición de la Superliga fue un condimento extra inesperado. Pero más allá de la extensión que tuvo esta historieta, Román se mantuvo al margen en todo momento. Respondieron Jorge Ameal y también Mario Pergolini, que sobre el final terminaron bajando el tono a sus declaraciones. En cambio el ídolo optó por el silencio.

Más: dejó que en la previa del encuentro de ayer la fiesta fuera total con Maradona como único protagonista. No quiso empañar ni un segundo del agasajo que tuvo desde los cuatro costados, con ex compañeros, familia, aliento y banderas con dedicatorias. Riquelme estuvo lejos de asomarse en su palco y se halló directamente fuera del perímetro del estadio a media hora del inicio, cuando Diego levantaba sus brazos y se guardaba para siempre el griterío ensordecedor de los fanáticos que coreaban su nombre.

Tras el empate en Tucumán entre Atlético y River y la victoria de Boca en casa, al 10 no se le movió un pelo. La mesura es su aliada y apenas ensayó una mueca de alegría cuando su hermano -y mano derecha- Cristian no pudo contener sus ganas de abrazarlo por el título obtenido. Hubo un breve aplauso, alguna palmada, un apretón de manos y una veloz retirada de la Bombonera. Hoy mismo volverá a trabajar de la misma forma que lo hubiera hecho si se escapaba la consagración.

Es que para Román no hay secretos detrás del fútbol. Sí códigos. Sí límites internos que entiende deben respetarse para acercarse a la gloria deportiva. Lleva muy poco tiempo como dirigente de Boca y todavía se está aclimatando a ese mundillo. Pero mantiene consigo la magia del éxito.

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