
Fue una jornada emotiva para Mario Alberto Kempes, que se reencontró con la camiseta que usó en la final de la Copa del Mundo. “Es una emoción volver a ver 42 años después la camiseta con la que hice los goles en la final y que había cambiado con el holandés Neeskens. Nunca más volví a verla hasta hoy. Es una emoción inmensa, significó mucho para mí esta camiseta”, expresó con pleno agradecimiento al Museo Legends, artífice de la recuperación de esta armadura.
El Matador estuvo acompañado por Ubaldo Matildo Fillol y Omar Larrosa, otros campeones del 78 con los que anunció el homenaje que recibirá el primer plantel albiceleste campeón del mundo el próximo 31 de julio, en un evento organizado por la fundación del cordobés: “Habrá tres que no estarán físicamente (René Houseman, Rubén Galván y el Profe Pizzarotti) pero sí en nuestro corazones y mente. Va a ser un momento muy lindo y sentimental, recordando todas las cosas buenas y no tan buenas que nos pasaron”.
MITOS Y VERDADES
¿Es cierto que no pudiste tocar la Copa del Mundo hasta hace poco? El día de la final contra Holanda no llegué a tocarla. Yo era el último en la fila, habían pasado todos y estaba César (Menotti) al lado mío. Todos se abalanzaron hacia la Copa y yo ya me había peleado mucho con los holandeses entonces dije ‘no me voy a pelear con mis compañeros ahora’, ja. Hace algunas semanas fui a un evento en Suiza, pasé por el museo de la FIFA y ahí sí la agarré. La tuve como un bebé, la disfruté como un chico.
¿Es real que no saludaste a Jorge Rafael Videla? Si no llegué a tocar la copa, menos a Videla. No se dio. Yo había venido a Argentina a jugar al fútbol, estuviera quien estuviera. Había estado en el 74 en Alemania y ahí se definió que Argentina iba a organizar el Mundial 78. Pasó lo que pasó, pero no tenemos la culpa nosotros. No podíamos no jugar por quienes estaban en el poder.

¿Te impidieron ponerle Natasha a tu primera hija? La dictadura no dejaba porque sonaba a ruso entonces le terminé poniendo Magalí. Ahora tengo la más chica que se llama Natasha.
¿Tuviste que irte volando cuando fuiste DT en Albania por una guerra civil? Me fui a Roma en el último avión que había. Fue jodido lo que se vivió por las famosas estafas piramidales con la que la mayoría de la población perdió sus ahorros. Se armó una revolución popular, fue un quilombo terrible y tuve que irme (estaba dirigiendo al Lushnja, situado en una de las ciudades en las que fueron incendiados edificiones gubernamentales y hubo una violenta represión por parte de las fuerzas del orden).
¿Jugás al FIFA o solamente le pusiste la voz para los comentarios? No, yo no lo juego, pero todos me hablan del FIFA y de las cosas que digo ahí. Realmente lo que hacemos delante de una computadora es increíble. Verlo después en el televisor es espectacular, por lo que me han contado.
Con la humildad de los grandes y una simpleza llamativa, Kempes firmó sin inconvenientes varios libros de época de la Selección en el Mundial del 78 y se fundió en un abrazo con el Pato Fillol y Larrosa para despedirse hasta la cena del 31 de julio. Recibió un par de obsequios por parte de Marcelo Ordas, dueño del showroom de casacas instalado en el barrio de Palermo, y no tuvo inconvenientes en tomarse unas últimas selfies y fotos.
Antes de subirse a su taxi compartió un pesimista panorama para su querido Valencia en la Champions League (cayó 4-1 con Atalanta en la ida de octavos de final disputada en Italia): “La verdad veo muy difícil la remontada, lo va a tener complicado. Encima ellos vienen de marcar siete goles...” (los de Bérgamo derrotaron 7-2 al Lecce como visitantes el último domingo por Serie A).
El Matador ya se retiró hace unos minutos y un chico de 10 años le dice a su mamá: “¡No puedo creer que era Kempes!”. El histórico 10 albiceleste trasciende las fronteras generacionales por sus comentarios en un videojuego y fundamentalmente por el doblete que llevó a la gloria a Argentina.
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