Braian en la puerta de Arriba los pibes, un merendero con el cual conectó antes de conocerlo por el nombre que le recordaba sus esfuerzos durante la infancia.
Braian en la puerta de Arriba los pibes, un merendero con el cual conectó antes de conocerlo por el nombre que le recordaba sus esfuerzos durante la infancia.

Por Julián Mozo

Eran pasadas las siete de la mañana cuando Braian Toledo tocó la puerta la merendero que ayudaba en su barrio (Marcos Paz). Mónica, su fundadora, recién se había levantado y se sorprendió con la visita del ídolo, quien una vez más se había aparecido sin avisar y para mantener su contacto y ayuda con el lugar donde funciona la ONG Arriba los Pibes. “Estaba despeinada y le dije que casi me había agarrado en tanga… Le saqué una sonrisa, viste que a él le costaba reírse, aunque siempre con un corazón enorme. Braian era así, se aparecía de sorpresa. Otro día llegó a las 11 de la noche a traer cosas. Juntaba y traía: juguetes, mercadería, ropa, calzado, de todo”, cuenta –como puede- Mónica, aún devastada por la tragedia. No es la única que está triste y con ganas de hacer un homenaje contando las “hazañas” sociales de este superhéroe de carne y hueso. Graciela, del merendero Los Pepitos, en Merlo, otro de los lugares carenciados que Toledo ayudaba activamente, se refiere a esas mismas llegadas sorpresivas del atleta. “Es verdad, caía a cualquier hora. Un día llegó a las 9 de la noche con libros y juguetes. Y hace unos meses cayó un domingo a la 1 de la tarde, en muletas, para traer zapatillas. Era todo corazón”, agrega con la voz bajita y la emoción que le cruza el alma.

Aun lesionado, Braian se tomaba su tiempo para visitar los merenderos a los que ayudaba.
Aun lesionado, Braian se tomaba su tiempo para visitar los merenderos a los que ayudaba.

Mónica fundó su espacio luego de una emotiva experiencia personal: una de sus nietas chiquitas estuvo internada por un problema de salud y, cuando ella visitaba el hospital, veía a muchos chicos tristes, en cama. Entonces, para motivarlos, pasaba y gritaba “vamos, arriba los pibes, se tienen que levantar e ir a divertirse”. De ahí el nombre y espíritu de la ONG que funciona desde febrero del 2012. Graciela, por su parte, está desde agosto del 2016 en un pequeño espacio en Merlo, pero con el tiempo fueron mejorando el lugar –igual que pasó con el otro merendero - y hoy atienden a 120 chicos de Merlo. Ellas, en realidad, son las heroínas anónimas de la Argentina, mujeres que dan su vida para ayudar a otros, a los que más necesitan. Pero por estas horas no quieren ser las protagonistas de nada, prefieren seguir en el silencio y hasta el anonimato. El reconocimiento es para Braian, clave en el crecimiento –sobre todo en infraestructura- de ambos lugares. “Nosotros no queremos ser noticia por esta tragedia. No importa lo que yo hago, lo que importa hoy es que Braian pasó por acá. Por acá dejó su luz, su espíritu, su corazón. Ahora se fue, pero sólo físicamente. Su alma se queda con nosotros y seguirá viviendo en cada espacio de nuestro lugar”, completa Mónica.

Mónica guarda la foto del día en que Braian se acercó a colaborar, y asegura que dejó un gran ejemplo.
Mónica guarda la foto del día en que Braian se acercó a colaborar, y asegura que dejó un gran ejemplo.

Arriba Los Pibes fue el primer proyecto social que Braian encaró, en 2015, de la mano de la Huella Weber, el programa social de Weber Saint Gobain. Y eso le despertó un bichito que tenía adentro. “Yo siempre quise ayudar y no sabía cómo. Por suerte encontré el programa justo que me hace sentir único y me ayuda a ayudar. Sin ellos no podría tener esta hermosa sensación que disfruto cuando voy y cambió la realidad de un puñado de persona”, aseguraba Toledo, quien explicaba por qué que Arriba Los Pibes era especial para él. “Me hace acordar mucho al comedor que yo iba de chico, a tomar un mate cocido con pan casero o tortas fritas. Yo pasé por eso y sé lo importante que es, lo bien que me sentía y no sólo por poder comer…”, contaba quien tuvo una niñez con muchas necesidades materiales, casi extremas. Mónica recuerda esas palabras de Toledo. “Siempre me las decía. Quizás por eso luego tuvo otros proyectos, pero siempre siguió con nosotros, nunca se desvinculó. Al contrario: vivía pendiente, incluso por temas personales. Me llamó en enero, cuando operaron de urgencia a mi marido, y me había prometido que a fin de febrero estaría pasando para ver cómo podía seguir dando una mano con la mercadería”, recuerda esta mujer de 53 años.

Braian Toledo en el merendero Los Pepitos

Graciela conoció a Braian en 2017, cuando un día arribó al merendero junto a su entrenador Mauricio Villalba, quien ya llevaba un tiempo colaborando con el lugar. “Un día estábamos en la concentración y veo que Mauri recibe un mensaje y se pone triste. Le pregunté por qué, si había pasado algo con la familia y ahí me contó. El, con su esposa, daba clases allí y le habían avisado que dos de las nenas había ido descalzas. Los dos nos pusimos a llorar en la habitación… Pero no nos quedamos así: salimos a comprar dos pares de zapatillas y luego quise involucrarme cada día más”, contó Braian hace un tiempo. “Sí, así fue, tal cual. Cayó un día de semana, serían las 5 de la tarde y yo ya estaba cocinando para los chicos. Vino con Mauricio, con muchas ganas de conocer, de saber cuáles eran las necesidades, de ver cómo podía ayudar. Yo le dije que el mayor problema era que no teníamos techo, que los días de frío y lluvia no podíamos dar de comer”, recuerda Graciela. Así fue que, activamente, impulsó ese proyecto dentro de Huella Weber y la realidad del comedor cambió. “En enero del 2018 ya llegó con la noticia que el proyecto estaba aprobado y a mitad de año vino él conjuntamente con la entrega de materiales. Hoy en día el merendero es otro, gracias a él”, agrega ella. “Ver todo el proceso fue emocionante. Hoy el lugar ya no se llueve, los pibes no se mojan… Fuimos hace poco a visitarlo, me acompañó Paulita Pareto (NdeR: otra embajadora del programa social) y nos emocionamos mucho. Poder ayudar me llena el alma y más cuando me encuentro con los nenes”, relataba Braian en octubre del 2019.

El merendero y comedor Los Pepitos también fue apadrinado por el atleta olímpico argentino.
El merendero y comedor Los Pepitos también fue apadrinado por el atleta olímpico argentino.

Justamente esa conexión con la gente necesitada, sobre todo los niños, era lo que más le impresionaba a ambas mujeres. “Su calidez humana era demasiado sobresaliente. Algunos creerán que a él le sobraba plata y la ponía acá. No le sobraba nada. Y ojo, no sólo ayudaba. Venía, estaba, compartía. Acá compartió leches con los nenes y eso los pibes no se lo olvidan. Braian sentía todo esto. De verdad, de corazón”, admite Mónica. “Era impresionante la conexión que tenía con los chicos, desde qué lugar les llegaba. Iba y les sacaba temas. Les preguntaba qué les gustaba más comer, cómo los tratábamos, si iban al colegio, de todo, como un hermano”, explica Graciela, quien se emociona aún más al recordar que este año, ya con el lugar terminado, pensaban hacer una inauguración. “Y él, que era el padrino, no podía faltar. Dios, lamentablemente, no quiso que sea así”, cierra. Mónica no lo tolera. “Entonces es verdad que Dios se lleva a los mejores”, completa mientras dice que este jueves no abrió el merendero. “Me voy a darle un abrazo a Rosa (la madre) y su familia. Acá habrá demasiada tristeza. Ya le dijimos a una nena y se puso muy mal. Ella también lo conocía de la escuelita. Porque Braian también pasaba por las escuelas de su barrio a dejar su ayuda…”, finaliza.

Graciela destaca la conexión que Braian tenía con los chicos. Dialogaba con ellos y solía compartir la merienda cuando iba de visita.
Graciela destaca la conexión que Braian tenía con los chicos. Dialogaba con ellos y solía compartir la merienda cuando iba de visita.

Mónica califica a Braian como “un ser mágico”. Y va más allá cuando pide una opinión de lo que significaba en su vida. “Un hijo, el hijo mayor que no tuve. El hijo que toda madre quisiera tener. Me encantaría que mi hijo menor sea como él. Así de humilde y bondadoso”, precisa. Así, con esas palabras y en un lugar necesitado, seguramente querría Braian que lo recuerden. “Para mí ayudar no tiene precio, ver las caras de los chicos cuando le solucionás un problema, vivir el agradecimiento de la gente que necesita no lo comprás con nada. Es tan o más gratificante que ganar una medalla”, dijo alguna vez. Braian se fue, su huella será eterna.

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