Hablamos de la peor de las pesadillas. Hablamos de perder de la peor manera. Perder por un error individual. Perder por no tener un plan, por haberse quedado sin un plan. Perder sin tener la más mínima reacción. Y perder, en definitiva, como resultado de una cadena de situaciones.

En este momento, aquí en Nizhni, hablar de los tres entrenadores en una sola eliminatoria parece ir demasiado profundo. En realidad habría que ir. Pero antes está esto: hoy había un partido y había una oportunidad. Y esa oportunidad no se aprovechó.

Los responsables son todos los que estuvieron aquí. El entrenador por supuesto, que pensó un plan y rápidamente empezó a abandonarlo ante la primera adversidad. Los jugadores, individual en algún caso, el error de Caballero es fatal… pero lo que termina reflejando el error del arquero es otra cuestión: no hay reacción anímica para soportar esa cuestión. Todo es muy frágil. Todo estaba atado con alfileres.

Ausente Messi. Ausente absolutamente en el primer tiempo. Y la pregunta es: ¿Nos seguimos preguntado si faltan socios de Messi o nos preguntamos también qué es lo que tiene que hacer Messi en estas situaciones?

La Selección ha sufrido una de las peores derrotas de su historia. Esta se engancha con varias de esas goleadas en contra. Y esta, tal vez, es peor porque empieza a marcar el final de un camino. Hay una posibilidad remota, un milagro. Es cierto. Podría ser. Pero hoy lo que hemos visto es la caída. La caída del fútbol argentino.

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