Juan Cruz Souto, auxiliar utilero de la Selección junto a Mario Destéfano, Maximiliano Ledesma y Damián Simonelli, se sumerge en la Copa del Mundo, lo vive con la misma pasión que los futbolistas. "Suena el himno y te emocionás; pero no solo en el Mundial, hasta en el acto de mis hijos", se sorprende con sus sentimientos.

Ya en la previa de la competencia, la adrenalina corre por sus venas. Desde su rol, un Mundial "también es una locura, es impensable. La rutina lo hace cotidiano, pero te ponés a pensar cinco minutos dónde estás y no lo podés creer", dice quien hoy puja porque los jugadores tengan todas las necesidades cubiertas a la hora de entrenarse en el Bronnitsy Training Centre.

"En todo campeonato está la ilusión, la meta. Yo hago todo desde mi humilde lugar, apoyo la cabeza en la almohada y duermo tranquilo, porque hice todo para que se logre el objetivo", remarca.

¿Y si el camino deposita a la Selección en lo más alto del podio del estadio Luzhnikí el próximo 15 de julio? "Tatuarse la Copa es para los jugadores. Yo me voy a tatuar un cepillo y un botín, lo que uso para limpiar los botines…", elabora la promesa más curiosa hasta el momento difundida por un integrante de la delegación.