Los jugadores argentinos celebran después de la victoria ante Puerto Rico en la final. (Foto: LUKA GONZALES / AFP)
Los jugadores argentinos celebran después de la victoria ante Puerto Rico en la final. (Foto: LUKA GONZALES / AFP)

El oro en el Coliseo Eduardo Dibós significó un título histórico para la Argentina. Habían pasado 24 años de la última alegría Panamericana en Mar del Plata y la misión de escalar a lo más alto del podio se concretó gracias a la unión de un equipo que siempre tuvo las cosas claras. "Sabíamos que éramos candidatos", deslizó exultante Patricio Garino, luego de celebrar la conquista. Una idea que profundizó Sergio Hernández con la templanza que lo caracteriza: "No siempre tener un objetivo significa cumplirlo. En este caso se dio porque nos sinceramos en ponernos como candidatos. Podíamos perder en semis o en la final, y a veces ese miedo a no lograr el título hace temblar la candidatura, pero a nosotros nos potenció".

"Veníamos a ganar la medalla de oro. Pasaron casi 25 años. Además, es la segunda de la historia. Tiene un valor muy grande porque nos costó bastante", agregó Luis Scola luciendo el brillo de la presea sobre su pecho albiceleste. Una frase que tuvo la misma esencia que deslizó el marplatense del Saski Baskonia: "Fue algo que necesitábamos. Era una competencia que nosotros valorábamos mucho, pero también nos sirvió para encontrarnos en la cancha. Vimos nuestras falencias y nuestras virtudes".

La amplia diferencia que arrojó el 84 a 66 fue una clara muestra de la superioridad argentina sobre Puerto Rico. La ventaja de 12 que se estableció en el inicio del duelo fue inalcanzable para el combinado isleño. "Nosotros jugamos con nuestro mayor potencial y ellos jugaron con un mix. En teoría éramos superiores, pero después había que concretar esa superioridad en la cancha", analizó la Oveja con un claro argumento: "Un partido no es lo mismo que una serie de Playoff, porque podés tener una mala noche y no llevarte el oro, lo que hubiera sido un fracaso".

A pesar del éxito, los protagonistas mantienen su humildad como un dogma irrevocable que los obliga a mantener los pies sobre la tierra. "Somos muy exigentes. Nos hubiera gustado jugar un poco mejor, pero la final había que ganarla de cualquier manera. El balance general lo haremos después, porque lo importante es que nos pudimos quedar con la medalla que queríamos", sentenció Garino.

La figura de la noche fue Facundo Campazzo, quien se consolidó como el MVP de la velada, gracias a su show basado en la docena de asistencias (además convirtió 10 puntos y se quedó con 2 rebotes). Cada vez que el cordobés aparecía en escena, el público se cargaba de expectativa y se rompía las manos con los ensordecedores aplausos que reconocieron su trabajo. "Quizá fue por ser el más bajito que corre para todos lados y tira algunos firuletes. Eso a la gente le gusta. Cuando tengo la sonrisa dentro de una cancha, es cuando mejor juego", analizó la estrella del Real Madrid.

El showman Campazzo fue elegido el mejor jugador de la final de los Juegos Panamericanos. (Foto: REUTERS/Susana Vera)
El showman Campazzo fue elegido el mejor jugador de la final de los Juegos Panamericanos. (Foto: REUTERS/Susana Vera)

Las mieles del éxito sirvieron también para conocer la realidad de un plantel que se impone desafíos cada vez más exigentes. "Nos da un rodaje muy grande, porque es una camada que nunca había jugado con la presión de ganar algo. En los últimos Juegos Olímpicos, aún estando Ginóbili, Nocioni y Delfino, salimos aplaudidos por los cuatro costados y la gente ni sabe cómo terminamos en el torneo. Si le preguntás a la mayoría de las personas cómo terminó Argentina en Río, te van a decir: no sé, pero jugaron bárbaro. Y la realidad es que el resultado final fue malo. Frustrante", disparó el entrenador, que ya tiene en mente su meta más cercana: el Mundial.

"Nunca vamos a especular. Hay que ganar. La clasificación a Tokio es una carnicería. Van sólo 2 equipos y uno va a ser Estados Unidos. Queda un solo lugar para muy buenos seleccionados como Canadá, Brasil o Puerto Rico", dijo el Oveja, con la mirada puesta en los boletos hacia los Juegos Olímpicos de la capital japonesa.

Scola, en cambio, optó por la cautela. Para él, la misión estará puesta en "jugar lo mejor posible", porque cuando le consultan sobre si piensa en Tokio, Luifa responde que "no": "Pienso en China".

Como el certamen en Asia podría ser uno de los últimos compromisos del último sobreviviente de la Generación Dorada, Luifa reconoció que el oro panamericano tiene un valor importantísimo en su carrera porque "nadie tiene 15 títulos en la Selección".

En las páginas finales de su rica historia deportiva, el oriundo de Ciudad Jardín sabe que su legado será similar al que dejó Manu Ginóbili en el básquet argentino. "Imagino que algo de lo que habré hecho quedará en el recuerdo. Es cierto que tengo planes para cuando me retire, pero ahora tengo más preguntas que respuestas", concluyó la figura del Shanghai Sharks, que junto al mismo plantel que festejó en Lima buscará otra hazaña en China. Sin dudas, el deseo de todos es que sus metas se extiendan a Tokio.

Seguí leyendo