
Fue uno de los episodios más dolorosos para la selección argentina en Mundiales. El combinado que dirigía Alfio Basile, bicampeón de la Copa América, había llegado colmado de esperanzas a la Copa del Mundo de Estados Unidos 1994. Había ganado los dos primeros partidos, con un Diego Maradona rejuvenecido. Pero luego de la victoria frente a Nigeria, tuvo que pasar por un control antidóping. Y dio positivo efedrina. El golpe resultó irremontable para el plantel, que perdió ante Bulgaria en el último juego de la fase de grupos y quedó eliminado frente a la sorprendente Rumania en octavos de final.
Pues bien, 25 años después de aquel mazazo, el "Coco" revivió cada segundo de ese momento, abundando en detalles, en su paso por el programa Estudio Fútbol, que transmite TyC Sports. "Me acuerdo que teníamos que viajar a jugar de una punta a la otra de Estados Unidos; de Boston a Dallas, eran como seis o siete horas de vuelo. Cuando paramos en Baltimore, en la parada técnica, bajo un segundo, se me acerca un directivo y me dice: 'Coco, hay un positivo'", fue la primera noticia del problema que recibió el entrenador, que acusó el impacto.
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"'Yo estaba tan contento con el equipo, cómo me decís eso', le dije al dirigente. 'Hay un positivo, no sabemos bien quién', me insistió. Habían ido al dóping el 'Negro' (Sergio) Vázquez, que estaba lesionado, y Diego. No me la veía venir", continuó con su narración.
La raíz de su tranquilidad radicaba en que el cuerpo técnico había tomado todas las precauciones posibles. "Una semana antes del Mundial hicimos un examen, en Boston, sin decirle a nadie, y no había dado nada. Los llevamos a todos un lunes a la mañana, en ayunas hasta Harvard, para hacer un control propio. Vino el médico, contento: 'Coco, está todo bien, cero kilómetro todos'. Hicimos el examen sorpresa para que no nos pasara lo otro", explicó. Lo "otro" fue el golpe de nocaut que provocó un contratiempo extrafutbolístico, la salida del faro del equipo, del gran ídolo.
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"La efedrina estaba tomada desde cuando íbamos con el doctor a La Pampa, con el finadito profe (Ricardo) Echeverría; viajábamos en un avión que lo tiraban con la mano, tenía un motorcito así. Y Maradona tenía 104 kilos y debutó en el Mundial con 74,500, menos que los que tenía en México 86. Entrenaba tres veces por día", contó sobre la puesta a punto especial que había hecho el "Diez" para llegar en condiciones al Mundial.
El video de la puntillosa descripción del "Coco"
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Tras el paréntesis para revelar dónde había ingresado la sustancia en el cuerpo de Diego, siguió con el orden cronológico de la historia. "Cuando llegamos a Dallas, adentro de la pista, eran hormigas los periodistas, impresionante, la marabunta. Dije: 'Cagamos, somos boleta'. Bajamos, no atendimos a nadie, subimos al micro, fuimos al hotel. Y en el hotel se me metían por las escaleras del hotel, un hotel de la puta madre. Se metían por todos lados", detalló el panorama con el que se encontró.
"En el avión de Baltimore a Dallas, le pedí a 'Mostaza' (Merlo, su entonces ayudante de campo) que me trajera a Vázquez. Le dije: '¿Vos tomaste algo, te diste una inyección?' 'No, no tomé nada', me avisó. Con Diego no hablé. Creo que cuando vio la sanata que había, se dio cuenta. Era más vivo…", puso la lupa sobre el instante en el que Maradona advirtió que las nubes ya lo estaban rodeando.
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Basile no duda, cree que existió una mano negra para evitar que Argentina llegara lejos en la Copa del Mundo. Y esgrimió su teoría: "Yo sostengo hasta el día de hoy que nos garcó (Joao) Havelange, el presidente de la FIFA. Y digo por qué. En Brasil estaba muy en duda porque no habían salido más campeones desde el 70 y le quedaba el último campeonato mundial. Ellos iban a ganar en California y nosotros del lado del Atlántico. La final era Argentina-Brasil".
"Viene Julio (Grondona) y me dijo: 'Esperame'. Fuimos a hablar con Diego. No voy a contar lo que hablamos. Hubo llanto. Era efedrina, no cocaína ni ningún carajo. Julio dijo que como en México a un español le habían dado una fecha en un caso igual, me avisó: 'Vamos mañana a hacer la defensa, la efedrina se compra en cualquier kiosco. Cuanto mucho le dan una fecha. Mañana, a las 8.30 de la mañana, te espero en el hotel de la FIFA'. No dormimos en toda la noche, puteando", subrayó el último rayo de esperanza.
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Porque al otro día llegó el nocaut. "Estábamos desayunando y me avisan de recepción: 'Teléfono, mister Basile'. Era Grondona. Le dije: 'Ya vamos para allá, para hacer la defensa'. Y me respondió: 'No vengas, Diego está expulsado del Mundial. Y tiene que irse del hotel, no puede convivir con la delegación'. Cuando me dijo eso, yo me quería pegar un tiro en las bolas. Me quería matar", concluyó su amargo relato sobre los hechos que, más allá de los matices, 25 años después, le siguen provocando el mismo dolor.

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