
Su madre no sabe lo que le espera en Argentina. Boca compró a Jorman David Campuzano Puentes en una millonada de dólares y su proyección como profesional apunta al cielo. A su jugoso salario se le sumará seguramente la firma con la ropa deportiva que viste al equipo pero su mamá, entre lágrimas, igualmente lo despidió en Colombia con un obsequio: un par de botines.
La familia Campuzano salió a flote a base de esfuerzo. El pequeño Jorman creció en su Tamalameque natal, un municipio situado en el departamento de Cesar (norte colombiano), de poco más de 10 mil habitantes.
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Las balaceras de las fuerzas paramilitares de su país lo asustaron una y otra vez. En más de una ocasión dejó los juegos con su hermano Frederick para buscar refugio en algún lugar de la casa. Y bajo techo, se le hacía imposible patear la pelota, su predilección.
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Arístides, su papá, era profesor de química en la escuela de su pueblo. Si había algo que no negociaba, era el estudio. Pero Jorman había diseñado otros planes para su vida desde muy joven. Incluso su padre confesó ante los medios que ya a los 5 años le veía el ADN de futbolista.

En 2012, al día siguiente de la muerte de su abuelo Enrique, el futuro jugador armó las valijas y se marchó a Bogotá para probar suerte en el deporte casi sin pensarlo ni haberse preparado. Aprovechó un instante de debilidad de Arístides, quien accedió con la condición de que concluyera sus estudios secundarios.
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Lo recibió su tío Asneyer en la capital colombiana pero finalmente se fue a vivir con una tía política. El colegio no iba a durarle mucho: un altercado con varios compañeros que lo amenazaron con cuchillos lo convenció de que abandonara las clases en el establecimiento de la localidad de Bosa al que acudía. Claro que la decisión no fue comunicada a sus tutores, por lo que estuvo un mes entero simulando que mantenía el presentismo aunque en realidad pasaba horas en parques sin llenar sus cuadernos y carpetas.
El primer acercamiento serio con el mundo del fútbol fue en una cancha sintética en la que un grupo de mayores le dio lugar. Tanta fue la diferencia que marcó que le compraron botines y le dieron dinero para sumarlo a su equipo amateur.
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Fue entonces cuando se enfiló en la escuela de fútbol Churta Millos de Bogotá. En un partido contra La Equidad desplegó todo su repertorio y llamó la atención de los rivales, que le propusieron sumarse a su plantilla. Y a pesar de que creyó que llevaría la buena noticia a su casa para pasar las Fiestas, la filosofía de su padre no había cambiado y hubo un quiebre: "Si no estudias, olvídate de nosotros".

Los esfuerzos de Jorman por triunfar en el fútbol no claudicaron. Con los últimos pesos colombianos que le quedaban retornó a Bogotá y se hospedó con Jhon Fredy, un viejo amigo del pueblo, quien le hizo el entre para que jugara en el equipo de La Chispita Dorada, un asadero de pollos. A base de gambetas y goles se ganó la confianza del dueño, Úber Neira, quien se lo llevó a vivir con él.
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Mucho antes de su arribo a Boca, Campuzano viajó a Argentina para hacer una prueba en Banfield. Y cuando le habían levantado el pulgar y enviado el dinero para que volviera a Buenos Aires, su ilusión quedó trunca porque la plata se perdió en el camino. Este episodio lo llevó a pensar en volver a su pueblo y dejar de perseguir su sueño hasta que vio en Facebook que el Deportivo Pereira estaba realizando pruebas. Vendió su celular y se encaminó a una nueva aventura.
Jorman observó que el puesto de delantero estaba muy poblado cuando Hernán Lisi, entrenador del equipo, solicitaba a algún joven a prueba. Y espontáneamente decidió convertirse en mediocampista central. Fue seleccionado entre los once mejores sobre 400 inscriptos y finalmente jugó contra el sub 20 del club. La rompió y el DT lo señaló: "A usted lo espero mañana para entrenarse".
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En abril de 2015 debutó como profesional para el Deportivo Pereira, donde lentamente se fue haciendo un nombre y convirtiéndose en la figura del equipo. Sus grandes rendimientos lo pusieron en boca de todos y por eso Atlético Nacional, recientemente campeón de la Copa Libertadores, posó sus ojos sobre él. En enero del año pasado se dio el gran gusto de darle la noticia a su padre Arístides: "Papi, usted que no creía en mí, cumplí su sueño. Su sueño de jugar en Nacional".
Y hasta allí, el humilde Jorman Campuzano escribió su historia a nivel local. Ahora fijará nuevas metas con la camiseta azul y oro en Argentina.
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Fuente: El Espectador
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