
El cineasta mexicano Guillermo del Toro fue distinguido esta semana como “Miembro de Honor del Instituto Británico”, un reconocimiento que lo sitúa junto a figuras como Elizabeth Taylor y Martin Scorsese. En la ceremonia realizada en Londres, el director recibió el galardón de manos de Cate Blanchett y JJ Abrams.
Aunque el acto central fue el homenaje, lo que más sorprendió a los asistentes fue la confesión del propio Del Toro: después de filmar El laberinto del Fauno en 2006, llegó a pensar que esa podría ser su última obra.
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“Pensé que no había más futuro para mí. Era muy complicado conseguir películas de la forma que a mí me gustaba hacer”, explicó ante un auditorio repleto.

El director compartió que, pese a que el filme lo acercó a la Academia de los Oscars, la inseguridad profesional lo acompañó durante mucho tiempo.
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Este dato resulta especialmente llamativo por el contraste con su posterior consagración internacional. Quienes se preguntan por qué Del Toro dudó de su carrera tras el éxito de El laberinto del Fauno encuentran en sus palabras la respuesta: las dificultades para mantener su estilo personal en un entorno cada vez más restrictivo para los creadores.
De la infancia en Guadalajara a la consagración en Hollywood y su amor por los monstruos
La pasión de Del Toro por el cine comenzó desde niño, cuando con apenas ocho años experimentaba con una cámara Super 8 y creaba sus primeras historias. Ya en la adolescencia, en México, dirigió varios episodios de la serie La hora marcada en 1988.
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El amor por los monstruos es una constante en su obra. El propio director relató la anécdota que marcó este vínculo: “Una noche pedí al monstruo de mi casa que si me dejaba ir a hacer pis seríamos amigos para siempre y les adoro desde aquel día. Son mis criaturas favoritas.” Para Del Toro, los monstruos tienen un “poder de sanación” cuando una película conecta con el público.
Reconocimientos y legado internacional

La trayectoria de Del Toro incluye títulos como La invención de Cronos (1992), El espinazo del diablo (2001), Blade II (2002) junto a Wesley Snipes, y las dos entregas de Hellboy (2004 y 2008). El reconocimiento global llegó con La forma del agua en 2018, por la que obtuvo los premios Oscar a Mejor Película y Mejor Director. Más tarde, su adaptación de Pinocho en 2022 recibiría la estatuilla a Mejor Película de Animación.
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Durante mayo, el British Film Institute celebra la obra del cineasta con un maratón de todas sus películas y actividades especiales hasta el día 31. Este homenaje subraya la influencia de Del Toro en la industria y su capacidad para fusionar la fantasía con la emoción humana.
En la conversación, el director subrayó: “La única razón por la que la gente está contigo es cuando eres puro, y eso lo soy, el 100% de lo que ves en las películas soy yo.” La afirmación resume una carrera marcada por la autenticidad y la fidelidad a una visión personal, que hoy es celebrada en uno de los escenarios más prestigiosos del cine mundial.
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