Gianluigi Buffon. Daniele De Rossi. Andrea Pirlo. Patrice Evra. ¡Ronaldinho! Gennaro Gattuso. Edgar Davis. Roberto Baggio. Se podría escribir extensamente sobre la Historia de los Pases a Boca que Nunca Fueron. Y si ese libro existiera, el capítulo número 1 quizá debería llevar el nombre de un peladito escurridizo, que resolvía las complejidades del fútbol en centímetros cuadrados, y que, pese a arruinarles muchas tardes, siempre fue querido y respetado en la Bombonera.

Mitad humano-mitad extraterrestre, Ricardo Enrique Bochini fue un jugador especial. Utopía y temor para los equipos rivales, El Bocha sólo vistió la camiseta de Independiente. Fue modelo exclusivo y Dios del Rojo, donde jugó 19 años, 714 patidos y anotó más de 100 goles, muchos de ellos a Boca.

Pero mientras la historia del jugador se desarrollaba en Avellaneda pasaron cosas extrañas. Si bien al menos dos veces Bochini puso en duda su continuidad, asustado por su estado de salud, posiblemente la más rara de esas situaciones se dio en 1988, hace tres décadas, y no fue propiciada por el protagonista.

Para esos tiempos Richard, como le dicen en su Zárate natal, llevaba 16 años con la 10 de Independiente estampada en la espalda y todavía tenía energía como para descontrolar defensas rivales. Aun era personaje central del fútbol argentino. Tanto, como para ser el foco de un rumor que, de haberse dado, hubiera tenido repercusiones en la escala de Richter.

Fue loco ese arranque de 1988 en Mar del Plata. Carlos Monzón quedó arrestado por el femicidio de su pareja, Alicia Muñiz, el 14 de febrero. Un par de semanas más tarde, su amigo Alberto Olmedo cayó de un piso 11.

En sintonía con la vibración extraña del verano de los balcones asesinos, como escribió en su novela "La Feliz" el poeta Camilo Sánchez, el martes 12 de enero Argentina amaneció con Bochini disfrazado de jugador de Boca, impreso en la tapa de la revista deportiva más importante del continente: El Gráfico.

(Gentileza Maximiliano Roldán)
(Gentileza Maximiliano Roldán)

El título era catastrófico para el mundo Independiente. "Esta locura es posible", decía. Y lo tenía al eterno 10 del Rojo mirando a cámara, transpirado, como siempre pero como nunca, con la azul y oro puesta. Ni en las pesadillas de los hinchas de Independiente Bochini era capaz de aparecer así.

Los cabos de semejante fantasía podían atarse. Era un delirio relativamente posible. Porque José Omar Pastoriza, parte de la identidad roja, se había ido a dirigir a Boca y pronto se llevaría a dos ídolos rojos, Claudio Marangoni y Alejandro Barberón.

Eso pensó Ernesto Cherquis Bialo cuando le trajeron el dato a la redacción de la calle Azopardo. "El Pato Pastoriza quería al Bocha y se decía que podía ser, por eso lo publicamos, pero fue sin malas intenciones", explica quien entonces era director de El Gráfico.

Todo lo provocativa que fue la revista con su tapa veraniega lo tuvo de cauta en su interior; tantos años de periodismo encima, los editores supieron que el tema no merecía, de momento, más letras que las que un recuadro donde se transmitía el rumor como quien camina sobre vidrios rotos.

"Intuimos que entre Pastoriza y Bochini hay una simbiosis generada por tantos años de afecto y mutuo respeto que no sería descabellado suponer en una propuesta que, por audaz, no debería descartarse", decía la nota, escrita con airbags por todos lados, y ubicada entre fotos de famosos que habían ido a ver el amistoso entre Independiente y Boca en Mar del Plata.

Edición de El Gráfico del 12 de enero de 1988 (Gentileza Maximiliano Roldán)
Edición de El Gráfico del 12 de enero de 1988 (Gentileza Maximiliano Roldán)

El texto estaba acompañado por una foto de Bochini y el Coya Gutiérrez, quienes eran amigos y habían intercambiado las camisetas al final del partido, que terminó 2 a 2 y fue malo como todo partido de verano.

"El Bocha estaba medio medio con Solari y en El Gráfico aprovecharon la volada, pero yo sé que el Pato Pastoriza quería llevárselo a Boca", comenta el periodista Diego "Chavo" Fucks, que para esa época había acumulado ya siete años en la profesión y solía cubrir las cuestiones de Independiente.

Bochini niega siquiera la posibilidad. Recuerda que la tapa lo dejó igual de desconcertado que a los hinchas. "Fue una cosa sorpresiva, inesperada, cambié la camiseta para dársela a mi amigo Comas, estábamos en la Selección, y le dije de cambiar y me la puse porque no me la iba a llevar en la mano. Y me fui al vestuario. Y pusieron eso, pero nunca había hablado (con Boca). Nada que ver. Esa cosa fue de ellos, era verano y sabía que iban a vender", explica e interpreta el propio ídolo, consultado por Infobae.

Cherquis Bialo asegura que la movida fue de Sergio Greco, amigo de Bochini, que lo ayudaba con la cuestión económica. Porque el 10 estaba renegociando el contrato en Avellaneda y semejante rumor podía funcionar como elemento clave ante los dirigentes de Independiente.

"El Pato estaba convencido que si Independiente no le daba lo que Bochini quería se lo llevaba, pero el Bocha se quería quedar en el Rojo", dice Cherquis. La movida no quedó sólo en intenciones.

En Independiente Bochini ganó 5 copas Libertadores y 2 Intercontinentales
En Independiente Bochini ganó 5 copas Libertadores y 2 Intercontinentales

Hubo una reunión un viernes a la noche en un restaurante en la calle Ayacucho, entre Arenales y Santa Fe, un lugar que era del Pato y de un uruguayo y se llamaba, según recuerda el ex director de El Gráfico, "The Jardín". En una mesa del fondo se sentaron DT y estrella. "Y Pastoriza le dijo: 'Tenés que morir en Independiente pero si no te paga lo que merecés, vos tenés que vivir bien y Boca te va a pagar mejor'".

Carlos Sola es un personaje importante del club de Avellaneda, fue dirigente durante los años más gloriosos del club. En 1988 asumió la conducción del club Pedro Iso, y él era el presidente del Departamento de Fútbol, el hombre que negociaba los contratos y buscaba jugadores para incorporar.

A Sola Pastoriza le dijo que se iba a Boca, que tenía diferencias con algunos jugadores y que ya había dado todo. Sola aceptó. Y tampoco puso reparos cuando el DT le dijo que se llevaba a Marangoni y Barberón.

"Muchas veces se ha dicho algo así del Bocha. A principios del 84 se mencionó que él pedía una cantidad de dólares, había salido algo en El Gráfico y llamé a Carlos Graña, su representante, lo cité y en ningún momento se habló de dólares y firmó como correspondía. Bochini siempre era el primero en firmar, por razones obvias", suelta con una carcajada Sola y aclara: "Nunca jamás existió la posibilidad de que Bochini fuera a Boca".

Carlos Heller, que era vicepresidente de Boca, adhiere a la versión de su colega. "Fue un bolazo. Bochini quería la camiseta de Comas para un amigo. Se la pidió y se la puso. Y le sacaron la foto e hicieron una tapa. Fue todo sensacionalismo y con lo de Pastoriza alguno entró a fantasear", comenta, hace silencio y, como si le hubieran aparecido imágenes de Bochini en plena gambeta agrega: "Si me preguntás Bochini me encantaba, pero no tengo recuerdos de gestiones. Son esas cosas que no se pueden hacer. Era como ir a buscar al Beto Alonso".

Heller habla de códigos. Ramón Toribio Adorno se lo planteó así a Pastoriza. Era ayudante técnico, había ganado todo en Independiente y cuando el Pato le dijo que lo quería con la azul y oro, su compañero lo frenó. "El Bocha no se puede ir de Independiente, no es lo mismo que se vaya Maranga. Y el Bocha se quedó", relata Fucks.

El partido en el que Bochini cambió camiseta con Comas (Gentileza Maximiliano Roldán)
El partido en el que Bochini cambió camiseta con Comas (Gentileza Maximiliano Roldán)

¿Quién escribirá la historia de lo que pudo haber sido?, canta en una de sus canciones Andrés Calamaro, hincha notable de Independiente. Eduardo Sacheri, escritor rojo, recuerda la tapa con "desagrado" porque era "inconcebible" que Bochini jugara en Boca.

"Viéndola a la distancia creo que esa tapa se anticipó, por varias décadas, al periodismo deportivo berreta que hoy campea en numerosos medios nacionales y extranjeros. Esa manera de construir noticias a partir del concepto 'Consigamos atención, cueste lo que cueste'. Uno lo ve en los medios electrónicos, en la televisión, en la radio. El escándalo como imán para atraernos. Un círculo vicioso de embrutecimiento entre hinchas y periodistas: cada vez más básicos, más irritados, más intempestivos", analiza el autor de "Papeles en el viento" y asegura que "el Bocha estaba más allá de esas chicanas, y los hinchas contábamos con mejores defensas para evitar la compra venta de pescado podrido".

Cherquis se defiende. "La prensa de entonces era muy respetuosa de las reglas de juego. Se animó Bochini a tener la camiseta de Boca a cambio de no asegurar que no era jugador de Boca, ni de publicar la reunión con Pastoriza. Y nosotros respetamos", explica y aclara, entre risas: "Eso sí, en Avellaneda se armó un quilombo importante, nos querían tirar el edificio de El Gráfico abajo. Si hubiera habido redes sociales nos mataban a todos".

Para el escritor Juan José Becerra, furioso y lúcido hincha de Boca, Bochini en Boca habría sido un hecho inasimilable. "Es una especulación monstruosa, como la que imagina nuevas galaxias. Como espectador amé su miniaturismo, su cuerpo kafkiano y su superioridad disimulada por esa cosa de comediante de cine mudo que tenía", describe, ensimismado por la aparición súbita en la memoria del estilo bochinesco, un Chaplin del fútbol.

Ricardo Enrique Bochini jugó 19 años en Independiente
Ricardo Enrique Bochini jugó 19 años en Independiente

Heller, que durante su gestión en Boca negoció los pases estrellas como Caniggia, Maradona y Márcico, entre otras, se apoya en el pase de Becerra. "¿Qué tipo que le gusta el fútbol podría decir que no querría a Bochini en su equipo? Pero desde el lugar de dirigente no lo puedo decir. Pastoriza nunca me lo llegó a pedir".

Bochini, como es sabido, siguió sus últimos años en Independiente hasta su retiro en 1991. En la temporada siguiente a la tapa de El Gráfico, la 1988/1989 salió campeón otra vez, ahora con el Rojo de Solari y, quizá como una fuerza natural provocada por la foto de El Gráfico, en esos años el Richard de Zárate lastimó mucho a un Boca que atravesaba momentos de sequía.

Ese torneo lo pelearon durante largo trecho ambos equipos. Pastoriza versus Solari. Bochini contra Marangoni. Dos colosos separados por el Riachuelo. El Rojo se quedó con todo: le ganó en Avellaneda y en La Boca, en un partido que fue clave para el desenlace.

Boca era líder y tenía a Independiente a dos puntos (el triunfo otorgaba dos unidades todavía). El partido empezó y a los dos minutos el Bocha le tiró un caño a Marangoni y se adueñó del valor escénico. Después hizo un gol y le sirvió el otro a Alfaro Moreno. Ganó Independiente y tomó la punta.

Ese partido en la Bomboera significó también una pelea irreconciliable entre Adorno y Pastoriza. "Adorno era el que se ocupaba de la parte estratégica, miraba los rivales, y Pastoriza era más de motivar e ir al frente. Ese día el ayudante le sugiere marcar al Bocha especialmente. Pastoriza le dijo que no le hinchara las pelotas, 'que nos marquen ellos'. Y el 10 la rompió. Les valió la pelea, que había comenzado cuando Adorno le dijo que Bochini no podía jugar en Boca", cuenta Fucks.

El Independiente de Bochini tomó la punta esa tarde y no la soltó más, hasta coronarse campeón el 25 de mayo de 1989, contra Armenio, en cancha de Ferro. ¿Hubiera sido posible o acaso justo, ver al peladito de Zárate con otra casaca que no fuera la roja, y especialmente la de un rival clásico como el vecino de La Boca?

"Me gustaba verlo jugar contra Boca", admite Becerra, autor, entre otras novelas, de la brillante El espectáculo del tiempo. Y sigue: "Lo más sano de la pasión enfermiza que produce el fútbol es, a mi juicio, el reconocimiento del verdugo, y para mi gusto Bochini fue ese tipo de héroe que es mejor adorar en silencio para que no se confunda el fanatismo con el amor al arte".

Bochini coincide con el escritor, pero acude a la simpleza, como hacía en la cancha. Movimientos sencillos para definiciones contundentes. "Lo de El Gráfico fue una avivada. Lo hicieron como algo espectacular. Yo no quería ir a Boca, quería terminar en Independiente. Ahí me quería quedar".

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