En distintas ediciones del torneo más codiciado del planeta se produjeron hechos que dejaron el sello de varias entidades que han vestido a representantes internacionales. Tal vez el más recordado sea el que ocurrió en 1978, cuando la Copa del Mundo fue organizada por Argentina, donde la FIFA cometió un error en su comunicado oficial al exigirle a las selecciones de Francia y Hungría disputar su tercer compromiso correspondiente al Grupo 1 con las camisetas alternativas, dado que el azul de los galos y el rojo de los magiares iban a confundir a los televidentes, que por aquel entonces recibían las imágenes en blanco y negro.

Sin embargo, hubo un detalle que la organización no tuvo en cuenta: ambas escuadras usaban el blanco como indumentaria suplente. Así, cuando los 22 protagonistas se presentaron en el José María Minella de Mar del Plata, el árbitro del partido, Arnaldo Coelho, reunió a los capitanes para que se cambien de ropa, pero la respuesta de ambos no fue satisfactoria, ya que ninguna de las delegaciones contaba con un juego de remeras de repuesto.

Fue entonces cuando un dirigente del Kimberley ofreció prestar un equipo completo de casacas, una propuesta que fue rápidamente aceptada. Los conducidos por Michel Francois Hidalgo tiñeron su Le Bleu por los bastones verdes y blancos del modesto club marplatense para quedarse con la victoria por 3 a 1. Sin dudas, los veteranos hinchas del Dragón tuvieron el privilegio de observar a figuras como Michel Platini o Dominique Rocheteau defendiendo el escudo de su institución.

De todos modos, la primera ocasión en la que una entidad local se hizo presente en un Mundial fue en Italia (1934). En el choque por el tercer puesto disputado entre Alemania y Austria,  los protagonistas se presentaron en el Giorgio Ascarelli vestidos de blanco y el árbitro, Albino Carraro, se percató del inconveniente que podría generar dirigir un encuentro con rivales identificados con el mismo color. Por ello, el italiano evitó la confusión y llamó a los capitanes para resolver el problema. Tras varios minutos de incertidumbre, el presidente del NápoliVincenzo Gavarese, le pidió a un empleado que buscara once camisetas que sirvieran para desenredar el conflicto. Uniformados con el celeste sureño y sin su principal figura, Matthias Sindelar, los de Hugo Meisl cayeron 3 a 2 frente a los germanos.

Otro de los casos en los que ocurrió una situación similar fue en Brasil (1950), cuando México y Suiza se disponían a cerrar el Grupo 1 en Porto Alegre. Aquella tarde los equipos salieron al Ildo Meneghetti luciendo el rojo de sus uniformes y el colegiado, Ivan Eklind, demoró el pitazo inicial 25 minutos hasta encontrar una solución: los aztecas recibieron la indumentaria del Cruzeiro y se despidieron del torneo con la ropa del elenco local.

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Ocho años más tarde, en Suecia, a la Argentina le tocó vestir ropa ajena. Más allá del desastre futbolístico que protagonizó el combinado de Guillermo Stábile, en el debut ante Alemania los criollos debieron abandonar el blanco, que también utilizaban los europeos.

Con la llegada de la TV a la cita mundialista, desde la organización les exigieron a los sudamericanos recibir la indumentaria del IFK de Malmö. A pesar de recibir el apoyo local, el amarillo no ayudó a Omar Oreste Corbatta y compañía. La caída en su debut por 3 a 1 fue una premonición de la prematura eliminación de un seleccionado que había despertado grandes expectativas en sus seguidores.

Finalmente, el último participante que se mimetizó con un club fue Costa Rica en Italia (1990), aunque en ese caso ocurrió por una idea del entrenador Bora Milutinovic. Como su segundo compromiso frente a Brasil estaba pautado en Turín, los ticos sorprendieron con el uniforme del Sport La Libertad. Con bastones negros y blancos, imitando a la Juventus, los centroamericanos buscaron el apoyo de los espectadores que se encontraban en el Delle Alpi.

A pesar de la derrota por la mínima diferencia, cuatro días más tarde volvieron a emplear la misma camiseta en Génova y consiguieron una victoria por 2 a 1 ante Suecia, triunfo que le permitió clasificar a los octavos de final y sellar una actuación que recién fue superada en Brasil 2014, cuando La Sele llegó a los cuartos de final.

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