
Tariq Ramadan es sin dudas un personaje controversial. Hábil declarante, no esquiva los temas más urticantes y suele ser convocado a diferentes medios europeos. Hijo de uno de los fundadores del movimiento Hermanos Musulmanes, su familia se mudó a Suiza desde Egipto. Desarrolló su carrera en Francia e Inglaterra.
Con sustento filosófico y teológico, Ramadan propone una renovación de la religión de Mahoma. Esta postura le valió críticas tanto desde las posturas más opuestas Islam como desde los sectores musulmanes más cerrados. Ha tenido numerosos cruces mediáticos.
Además, con posterioridad a esta entrevista, Ramadan quedó en medio de un escándalo de acusaciones de abusos sexuales y violaciones. Él negó los hechos y contraatacó con una demanda por "denuncia calumniosa". El proceso judicial sigue en marcha.
En diálogo con DEF, el polémico personaje dio su visión sobre la actualidad de los musulmanes en Europa y la relación entre cultura y religión.
-¿Cómo fue su infancia en Suiza y qué diferencias observa entre esos años y nuestros días?
-Yo nací y me críe en Suiza en los años 60, cuando había muy pocos musulmanes allí. No puedo considerarme un representante de la inmigración musulmana, ya que mi padre y mi madre eran exiliados que habían escapado de Egipto por motivos políticos. No vivieron las motivaciones económicas que vivieron muchos argelinos, marroquíes, paquistaníes o turcos en Alemania, Gran Bretaña o Francia. Mi experiencia fue diferente. Aunque estaba solo y no había muchos musulmanes en mi entorno, yo estaba culturalmente preparado para lidiar con el contexto social circundante. Era un jugador de fútbol semiprofesional y era el único musulmán en mi equipo. Entonces puedo decir que fue difícil, pero no tanto como lo fue posteriormente debido al discurso sobre el Islam. Yo era respetado en mi equipo y en mi escuela. Tuve algunos problemas de racismo, pero no experimenté discriminaciones por temas de religión en mi niñez. Yo era casi invisible. Se hizo más difícil posteriormente por el creciente número y la visibilidad mayor que adquirieron los musulmanes. Eso fue lo que vivieron las siguientes generaciones. Eso fue lo que comenzó a asustar y a generar desconfianza y preguntas en Francia, en Gran Bretaña y en Suiza.
-¿Es esa visibilidad de los musulmanes actualmente un problema?
-La visibilidad es realmente un problema. Recordemos que en Suiza existe una gran discusión sobre los minaretes, que son ajenos a la cultura del país. Es un tema de visibilidad.
-¿De qué manera se puede resolver este problema, ya que la visibilidad de las comunidades musulmanas se mantendrá en el futuro?
-Yo creo que lo más importante en este proceso es que nuestra presencia sea considerada como algo normal, no únicamente en términos de ser visibles por nuestras diferencias, sino por nuestra contribución a la sociedad. Yo tomo siempre el ejemplo Zinedine Zidane (exfutbolista francés de origen argelino y actual director técnico del Real Madrid), al que nadie le pregunta de dónde vino en tanto ha ayudado a la selección de fútbol de Francia a triunfar. Entonces, si contribuís al éxito del país, nadie te pregunta de dónde venís. Si no sos percibido como uno más de nosotros que nos hace ganar y avanzar juntos, sos considerado un problema o un pasivo para la sociedad. Pienso que tenemos que contribuir a lograr una mirada constructiva y positiva de nuestra presencia.
-¿Los musulmanes también tienen un rol en esto?
-Sí, en el caso de los musulmanes tenemos que poner fin a la mentalidad victimista y promover una contribución positiva a nuestra sociedad en el campo de las artes, los deportes y la música, pero también en términos de empleo y en los distintos ámbitos.
-¿Esa es la complejidad del problema del Islam de la que usted habla?
-Exactamente, necesitamos un enfoque comprensivo que incluye múltiples niveles y ámbitos. No se trata únicamente de un problema religioso.
-¿Cree que las comunidades musulmanas en Europa están abiertas al cambio?
-Sí, por supuesto. Cuando a las personas les gusta lo que yo digo, pero no el Islam, dicen: "Tiene la mente abierta, pero está solo". En cambio, cuando no les gusta mi enfoque, dicen: "Un montón de personas está siguiéndolo y es peligroso". Hay que estar preparados, pero todo este proceso llevará tiempo. Pasarán, al menos, dos generaciones antes de que logremos cambiar la mentalidad.
-¿Y mientras tanto?
-Mientras tanto estamos trabajando. Yo empecé hablando de esto hace 25 años. Es decir, ya ha pasado una generación.

El rol de los intelectuales musulmanes
-¿Cree que la intelectualidad del mundo islámico se ha manifestado con suficiente fuerza contra los actos terroristas que se hacen en nombre del Islam?
-Creo que existe una doble responsabilidad. Tal como usted sugiere, debería ser más visible este compromiso de los intelectuales musulmanes. Pero considero, al mismo tiempo, que los medios deberían darles el espacio para hablar. Con frecuencia los medios dan amplia cobertura a los ataques extremistas y terroristas, pero cuando los musulmanes reaccionan contra estos actos no aparecen en las noticias. Una voz moderada no es noticia, mientras que una voz radical y violenta es siempre noticia. Necesitamos entonces que los musulmanes se manifiesten con firmeza, pero también necesitamos que los medios les den cobertura periodística.
-Usted está entre dos aguas: fue prohibido en EE. UU. y está en la lista negra del Estado Islámico. ¿Se siente solo en esta lucha?
-No, para nada. Veo la reacción de las personas que me escuchan y ellas entienden lo que digo. Si bien soy criticado, también tengo mucho apoyo en ambos lados.
-¿Cree que la Primavera Árabe tuvo un resultado positivo o terminó desvaneciéndose?
-Yo creo que ha sido muy triste, incluso en Túnez, que es el mejor ejemplo entre todos los países donde ocurrió este proceso. Hay algo que se está moviendo allí hacia la democracia y sin violencia. Sin embargo, la situación económica de Túnez es mala. Mientras tanto, Libia ha quedado destruida, lo mismo que Irak, Siria y Yemen. La situación en Egipto es incluso peor que la que se vivía antes de la llamada "revolución", con un dictador como Al-Sisi.
Cultura, religión e integración
-¿En qué sentido cree que los musulmanes deberían enfocar la relación entre la cultura y la religión?
-Yo creo que hay muchas cuestiones de la cultura árabe o ancestral de esos pueblos que no tienen nada que ver con el Islam. Esto ocurre tanto en lo que se refiere a la relación entre hombres y mujeres, en cómo lidiar con el tiempo y el espacio, cómo criar a sus hijos… Todo esto debería ser modificado en el nombre de estos mismos principios islámicos que apreciamos.
-Usted frecuentemente marca las diferencias entre el Islam en el continente asiático y los árabes musulmanes. ¿Cuáles son esas diferencias?
-Yo marco las diferencias entre los musulmanes en Occidente, Medio Oriente, África y Asia. Por ejemplo, en Malasia usted puede ver el espacio que se da en las mezquitas a las mujeres, la manera agradable como se las trata y la presencia de las mujeres en distintos espacios. En cambio, en el mundo árabe todo esto está ausente y esa es una diferencia cultural. Esta es solo una entre muchas más.
-¿Cómo ve la situación de las comunidades musulmanas en América Latina y en Argentina en particular?
-Yo creo sinceramente que no enfrentan los mismos problemas que las comunidades que viven en Europa, a pesar del discurso negativo que existe sobre el Islam. En el caso de la Argentina, el país no está completamente desconectado del mundo y venimos de años de discursos que no son para nada positivos sobre el Islam. Sin embargo, la historia de este país como una sociedad pluralista, multicultural e inclusiva hace que sea mucho más fácil la convivencia entre cristianos, judíos y musulmanes.
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