
La crisis de fentanilo que golpea a Estados Unidos enciende las alarmas en el mundo. La droga se erige como una de las más peligrosas a nivel global por el altísimo nivel de adicción que genera en quienes la consumen, su bajo costo, su reducido tamaño y su letalidad extrema. Su contrabando es operado por organizaciones criminales transnacionales colaborativas y posee la capacidad de expandirse rápidamente en el mundo.
Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC, según su sigla en inglés), en la actualidad se calcula que se registran aproximadamente 150 muertes diarias por sobredosis de fentanilo en personas de entre 12 y 45 años, solo en ese país, lo que la convierte en uno de los estupefacientes más letales del momento.

Fentanilo, de ser una herramienta médica a ser una de las drogas más temidas
El fentanilo es un opioide sintético, originalmente desarrollado para uso médico en pacientes con enfermedades crónicas o dolores extremos, con efectos parecidos a la morfina pero con una potencia 100 veces más fuerte. A pesar de haber sido concebido como un fármaco, el fentanilo también es producido de manera ilegal en laboratorios clandestinos de forma precaria, y al no contar con un control de la producción, se suele mezclar con otras drogas ilícitas.
Esto incrementa considerablemente el riesgo de sobredosis, dado que no hay supervisión sobre la calidad ni la pureza del producto. Así lo explica un reporte de 2023 de Insight Crime, una fundación dedicada al estudio e investigación de amenazas para la seguridad nacional y ciudadana en América Latina y el Caribe.

Los efectos del fentanilo en la salud de los consumidores pueden ser fatales en minutos: la sustancia se dirige al cerebro y abre la posibilidad de inhibir sus funciones vitales, como la respiración. Además, los efectos del fentanilo suelen ser más cortos que el de otras drogas, que suelen durar dos horas aproximadamente. Esto impulsa a los usuarios a querer consumir la dosis repetidamente, lo que aumenta el riesgo de sobredosis.
Su presentación, que suele ser en pastillas o cápsulas, habitualmente de colores llamativos, lo hace aún más peligroso, en especial entre adolescentes, cuya tolerancia a las dosis para adultos puede ser letal. A esto se suma la facilidad con la que hoy puede adquirirse: a través de internet, mediante criptomonedas o redes ilegales, lo que amplifica su alcance y expande su presencia, convirtiendo a los jóvenes en un blanco particularmente vulnerable.

Fentanilo: difícil de rastrear, fácil de transportar
El fentanilo es difícil de rastrear y controlar. Al ser una droga sintética, puede fabricarse durante todo el año sin depender de las condiciones climáticas. Además, muchos de los precursores químicos a través de los cuales se produce el fentanilo, no están regulados. Se transporta fácilmente en pequeñas cantidades y suele simular ser un medicamento legal, lo que aumenta su susceptibilidad de ser utilizada de forma indebida y favorece su tráfico.
Para poner en perspectiva su impacto, la Comisión para Combatir el Tráfico de Opioides Sintéticos (Commission on Combating Synthetic Opiate Trafficking, CCSOT) de Estados Unidos calculó que en un año normal se consumían entre 3,75 y 5 toneladas de fentanilo puro en el país. Aunque la cifra sea llamativa, en un año normal el consumo de cocaína se acerca a las 100 toneladas al año. A diferencia de otras drogas, el consumo del fentanilo es complejo de estimar, debido a que se consume en cantidades ínfimas, generalmente por usuarios de otras drogas que consumen indirectamente el opioide sintético. Para ponerlo en perspectiva, la CCSOT determinó que el consumo de un usuario recurrente de fentanilo en un año normal equivale a un paquete de cuatro gramos de azúcar.

El avance del fentanilo en el mundo refleja las dificultades que plantean los controles fronterizos cuando generalmente se trata de países con fronteras porosas o altos niveles de contrabando. Incluso, la localización de las pastillas de fentanilo a través de las fronteras con detección canina representa un riesgo, dado que una exposición mínima a la droga puede ser mortal para los perros entrenados. La crisis del fentanilo puede observarse hoy en Estados Unidos, pero su posibilidad de expansión es global.
Fentanilo: la cadena de suministro involucrada
En un mundo hiperconectado, donde estamos cada vez más atravesados por la tecnología y la conectividad, las fronteras se erosionan frente a la circulación de bienes, personas y dinero. La criminalidad transnacional ha encontrado nuevas oportunidades para expandirse y para conformar complejas cadenas de suministro que desafían las organizaciones y las fronteras tradicionales.
El fentanilo, al igual que otras drogas sintéticas, se produce a partir de “precursores” que son sustancias químicas. Los precursores químicos son fabricados principalmente por empresas químicas en China e India, debido a su amplia industria química, bajos costos de producción y escasa regulación sobre ciertas sustancias químicas. China en especial, como líder mundial del tráfico marítimo de contenedores, el método más usual en el transporte de fentanilo.

Los precursores químicos son vendidos a través de vendedores e intermediarios locales que toman el lugar de puentes entre las diferentes organizaciones criminales del mundo que no poseen conexiones naturales por su lejanía geográfica. Suelen venderse en plataformas digitales ˗abiertas o cerradas˗, y una vez acordada la venta, son enviados a México en buques por mar o en aviones comerciales desde China e India.
Una vez arribados a México, los precursores son desviados de las líneas usuales que siguen los productos químicos de uso legítimo, y son adquiridos por dos grandes grupos criminales: el Cártel de Sinaloa, y el Cártel de Jalisco Nueva Generación. Estos grupos trasladan el material químico a laboratorios clandestinos donde se procesa el fentanilo y se lo prensa en pastillas o cápsulas para comercializar.
Doble alerta: el peligro que implica internet
La precariedad de las cocinas clandestinas de fentanilo es alarmante. Antes, se requería formación especializada para “cocinar” las sustancias, cercana a un título universitario. Con los años, se redujo el nivel de especialización de los cocineros que trabajan en los laboratorios clandestinos. Hoy, la receta de fentanilo se simplifica y se enseña por internet, lo que abre la posibilidad de que sean los “cocineros” los que procesan el material químico, en lugar de personas con formación química. Ante la falta de control y de conocimiento, también aumenta la probabilidad de errores fatales en la mezcla de drogas sintéticas y la posibilidad de sobredosis en los consumidores.
Una vez procesado para su comercialización, el fentanilo es distribuido a mayoristas y minoristas, principalmente dentro de Estados Unidos, a través de redes de grupos criminales que actúan a gran escala con mecanismos organizados y consolidados.

La crisis del fentanilo no es un problema local: es una amenaza con dimensiones y consecuencias globales. Su poder letal, su bajo costo y su facilidad de producción lo convierten en la nueva cara del crimen transnacional. Cada eslabón de la cadena de suministro demuestra que hay actores en distintos puntos del mundo que trabajan para que el fentanilo llegue a sus usuarios y para que estos se multipliquen.
Enfrentar esta crisis no es posible con respuestas unilaterales ni medidas parciales. En un escenario donde las redes criminales atraviesan continentes y océanos, será fundamental una acción coordinada, sostenida y multilateral por parte de la comunidad internacional. Detectar y desarticular las vulnerabilidades de la cadena de suministro, ajustar los marcos regulatorios y los controles, y prevenir el consumo de drogas, podrían ser un intento para disminuir los riesgos que implica el fentanilo.
(*) La autora, Maia Bornsztein, es licenciada en Estudios Internacionales (UTDT) y magíster en Seguridad y Diplomacia (Universidad de Tel Aviv), donde es fellow del Instituto Irwin Cotler. Actualmente, es coordinadora de la Fundación Taeda.
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