
El Ejército Argentino desplegó todo su potencial en Chaco durante el ejercicio “Libertador”. ¿El motivo? Poner a prueba los planes y el adiestramiento pensados para defender el territorio nacional en caso de ser necesario.
A casi 1200 kilómetros de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en plena llanura chaqueña, todo transcurría según lo planeado: blindados, radares, helicópteros, aviones y miles de hombres y mujeres (muchos de ellos, miembros de las tropas especiales) actuaban de forma coordinada para poder concretar una de las etapas del operativo.
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El cielo de Chaco rugía: el paso de aeronaves militares anunciaba el pronto lanzamiento de los paracaidistas militares. Fue entonces cuando un salto fallido dio lugar a la incertidumbre. La vida de un camarada estaba en juego. Lo que ocurrió después quedará grabado en la memoria de la institución, pero, fundamentalmente, en la de un guía y su perro de guerra, Tobi.

La misión de los paracaidistas en el ejercicio “Libertador”
En el “Libertador”, los paracaidistas militares buscaron llevar adelante una infiltración para recuperar el aeropuerto de Sáenz Peña, que, de acuerdo con el escenario planteado, había sido tomado por el adversario.
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De acuerdo con lo planificado, ya en tierra, los paracaidistas debían neutralizar las baterías de la defensa antiaérea para permitir el ingreso de los helicópteros.
Obviamente, el salto de estas tropas del Ejército requiere de un entrenamiento especial y es una actividad cargada de riesgos. Por eso, a la hora de efectuar este tipo de acciones, desde la Fuerza, toman todos los recaudos posibles: a medida que los efectivos se lanzan, en tierra se controla el trayecto de cada uno, la llegada y las condiciones en las que se encuentra al tocar tierra.
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Justamente, fue durante el entrenamiento de la actividad planificada cuando uno de esos hombres tuvo un salto fallido.
“Estábamos en la estación con el grupo de búsqueda y rescate para asistir con el lanzamiento de paracaidistas. Cuando uno de ellos saltó, se desvió de la zona de aterrizaje y cayó en el monte. Nosotros vimos la dirección general, pero no la ubicación exacta. Entonces, salimos rápidamente con motos”, contó el cabo primero enfermero veterinario Isaías Arrieta, quien, como miembro del Grupo de Búsqueda y Rescate, llevó a su perro de guerra, Tobi.
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La misión de Tobi, el perro de guerra de la Policía Militar
El principal desafío que tenían era lidiar con el monte: la vegetación no les haría fácil la tarea. Sin embargo, Arrieta no tardó ni un segundo en salir a buscar al paracaidista.
Fue entonces cuando soltó a Tobi: “El perro hizo lo que se le enseñó. Bajo mi mirada, buscó en zigzag. En el primer intento, no encontró rastro, pero, en el segundo, pudo localizar al comando que había efectuado el salto. Obviamente, ejecutó la marcación activa, que es ladrar, y se mantuvo junto a la víctima hasta que llegamos. Felizmente, el paracaidista no tuvo lesiones. Lo asistimos y lo sacamos del monte”.
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Claro está, cuentan desde Chaco, que el perro rescatista –que ronda los tres años y medio de vida– ya tuvo su recompensa: comida y un juguete.

Un vínculo de lealtad: así trabaja un soldado junto a su perro de guerra
“Hay un binomio indisoluble, el del can con su guía. Siempre, de hecho, el perro se mantiene al lado del mismo efectivo”, contó a DEF el teniente coronel Roberto Arias Malatesta, jefe de la Compañía de Policía Militar 601.
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Por su parte, Arrieta abrió el corazón al hablar de su fiel compañero: “Tobi es como un niño, apegado a mí, leal y obediente. También es muy dócil, muy sociable con toda la gente y le gusta mucho jugar”.
Para el cabo primero, él y su perro constituyen una unidad inseparable. Desde Chaco, además, los efectivos de la Policía Militar explicaron que Tobi es un perro de búsqueda de venteo (por el viento): “Él levanta el hocico, percibe el olor humano y empieza a buscar en zigzag, siempre en contacto visual con su guía”.
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¿Qué misión cumplen los perros de guerra en el Ejército y por qué necesitan un guía?
Según Arias Malatesta, el Ejército es el responsable de entrenar ese tipo de canes para la búsqueda de personas. Incluso, se trata de nuevas capacidades adquiridas por la Fuerza. Además, agrega un dato clave: la Policía Militar es la única unidad de la Fuerza que tiene perros de combate, ya que el resto de los elementos solo tienen los de seguridad. Es decir, son los únicos entrenados para atacar en caso de combate.
Asimismo, Arrieta sumó más información: para convertirse en guía de los perros de guerra, primero hay que ser soldado o suboficial del Ejército Argentino. “Luego, se hace un curso –de aproximadamente dos meses– en el Comando de Remonta y Veterinaria”.
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“Yo soy enfermero veterinario y me gustan mucho los perros. Así que hice el curso de guía y el de búsqueda. También me capacité afuera del Ejército y, en este momento, estoy haciendo el curso de adiestrador canino en la Universidad de Buenos Aires (UBA)”, contó a DEF, y finalizó: “Para ser guía, te tienen que gustar mucho los perros, porque requieren paciencia, empatía y buena comunicación. El objetivo es poder formar un vínculo para, de esa manera, hacer un buen binomio”.
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