
La perestroika fue el último intento de la Unión Soviética de reformar el sistema económico en medio de una crisis agravada y cuestionamientos al comunismo entre las repúblicas que la integraban. Cuarenta años después, en medio de presiones de Estados Unidos y una profunda crisis, el gobierno de Cuba, encabezado por Miguel Díaz-Canel y la familia Castro, impulsa medidas similares para aliviar la situación en la isla.
Qué fue la perestroika y por qué fracasó en la URSS
La perestroika, que en ruso significa “reestructuración”, fue un programa de reformas económicas y políticas lanzado a mediados de los años 80 en la Unión Soviética por el líder Mijaíl Gorbachov.
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Su objetivo era modernizar un sistema socialista estancado, introduciendo elementos de mercado, mayor eficiencia productiva y cierta apertura política.
El programa se complementó con la glásnost (apertura), que buscaba mayor transparencia, libertad de expresión y debate público, con un foco claro en una transformación política, al mismo tiempo que buscaba incluir a la población de las 15 repúblicas socialistas.
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En términos concretos, la perestroika implicó la descentralización de la economía planificada, la apertura limitada al sector privado, la reducción del control estatal sobre empresas y un mayor vínculo con mercados internacionales.

A comienzos de los años 80, la URSS atravesaba un período de estancamiento económico profundo, con baja productividad, escasez de bienes y un sistema altamente burocrático. Además, el gasto militar era insostenible en plena Guerra Fría, la economía centralizada mostraba signos de agotamiento y existía presión social por reformas.
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Ante este escenario, Gorbachov impulsó cambios para evitar el colapso del sistema, aunque en los seis años de su implementación, la URSS experimentó una caída de la producción industrial, aumento de los precios de mercado y, por ende, una mayor crisis económica y desabastecimiento.
Esto vino acompañado de un debilitamiento del poder centralizado que suscitó el auge del nacionalismo entre numerosas repúblicas como Azerbaiyán, Lituania, Georgia y Rusia, países que lograron desafiar la lógica comunista e introducir reformas radicales, que iban desde cambios políticos hasta la propia independencia.
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En conjunto, las reformas de la perestroika y la glásnost desestabilizaron el sistema y terminaron acelerando la caída del bloque soviético. En 1991, la Unión Soviética se disolvió, hito que marcó el final del modelo comunista en Europa del Este.

Así es la “perestroika cubana” en 2026
En 2026, el gobierno de Miguel Díaz-Canel anunció una serie de medidas económicas que parecen encaminar a Cuba hacia una perestroika en pleno siglo XXI, imitando la descentralización de la economía en manos del Estado y la inclusión del sector privado.
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Entre los cambios más relevantes, La Habana introdujo la apertura a inversiones de cubanos en el exterior, la posibilidad de participación privada en empresas, acceso a cuentas en divisas, que pondría fin a las remesas, y alianzas entre Estado y actores privados.
El objetivo es atraer capital, reactivar la economía y aliviar la crisis estructural que atraviesa el país.
Estas reformas surgen en un contexto crítico que incluye el colapso energético cada vez más frecuente, la escasez de alimentos, la caída del turismo y la emigración masiva a países de la región como Estados Unidos. Se calcula que Cuba perdió aproximadamente 2,7 millones de habitantes desde 2020, lo que redujo su población de 11,3 millones a un estimado de 8,6 millones.
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Además de la compleja situación interna, el régimen cubano enfrenta la presión de Estados Unidos y, en especial, de Donald Trump, quien busca introducir un cambio total en la isla, propiciando la salida del presidente Miguel Díaz-Canel y alejando del poder a la familia Castro.
La perestroika aparece como una respuesta de emergencia en La Habana, en un intento de encontrar soluciones económicas, pero también de retener el poder que ostenta el Partido Comunista de Cuba desde la victoria revolucionaria en 1959.
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