
El 2025 se perfila como un año crucial en la lucha contra el cambio climático. Los efectos de la crisis climática se intensifican y vemos con cada vez más frecuencia eventos extremos y severos: olas de calor abrasadoras, sequías prolongadas, inundaciones catastróficas y tormentas tropicales destructivas. Como sucedió en 2024 con la tragedia de Valencia, que se convirtió en el desastre natural con más víctimas fatales en la historia de España, alrededor de 227 muertos.
La comunidad científica es tajante y advierte que si no se toman medidas urgentes y drásticas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, las consecuencias serán irreversibles y en el corto plazo. Los ecosistemas colapsarán, la producción de alimentos se verá amenazada y millones de personas se verán obligadas a abandonar sus hogares.
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La atención mundial estará puesta en las negociaciones climáticas internacionales, donde los líderes mundiales deberán tomar decisiones audaces para limitar el calentamiento global a 1.5 °C. La sociedad civil, los activistas climáticos y las empresas también jugarán un papel fundamental en la transición hacia una economía más sostenible y resiliente.

Lo que dejó la COP29 celebrada en 2024
El pasado 21 de noviembre concluyó en Bakú, Azerbaiyán, la Conferencia Anual del Clima, COP 29. A diferencia de ediciones anteriores, esta cumbre estuvo marcada por el impacto político de la reciente victoria de Donald Trump en Estados Unidos, un hecho que promete cambios profundos en la postura climática del país norteamericano.
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Se espera un retroceso en el financiamiento para la acción climática y una menor prioridad en la reducción del uso de combustibles fósiles. Este giro podría generar incertidumbre global, poniendo en riesgo los avances alcanzados en conferencias previas y dificultando el cumplimiento del Acuerdo de París, cuyo objetivo es limitar el aumento de la temperatura global a menos de 1.5 °C.
Además, es probable que se profundicen las brechas entre los países del Norte y del Sur, respecto al acceso a recursos financieros para la transición climática.
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Clima en 2025: insuficiente financiamiento
El tema central de la COP 29 fue, precisamente, el financiamiento climático. Aunque se fijó una meta más ambiciosa —300 mil millones de dólares para 2035—, esta cifra, que triplica el objetivo anterior, sigue estando muy por debajo de los más de un billón de dólares anuales que se estiman necesarios. Para los países en desarrollo, este resultado fue decepcionante y deja muchas dudas sobre la capacidad de afrontar los desafíos climáticos más urgentes.
En el sector agrícola, se duplicaron las inversiones en agricultura climáticamente inteligente y sistemas alimentarios, destacando iniciativas como AIM for Climate (Agricultural Innovation Mission for Climate), una colaboración entre Estados Unidos y los Emiratos Árabes Unidos. Este programa anunció un incremento de las inversiones en agricultura inteligente, pasando de 17.000 millones de dólares a 29.200 millones de dólares desde el nivel base establecido en 2020.
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Estas cifras reflejan un fuerte compromiso del sector privado y organizaciones no gubernamentales, y se espera que el impacto continúe creciendo de cara a la COP 30, que se celebrará en Belém, Brasil.

COP 30, una oportunidad para América Latina
América Latina, como la región donde la agricultura es la actividad económica más importante y el principal exportador de productos agrícolas del mundo, tendrá en la COP 30 una oportunidad única para colocar al sector agrícola en el centro del debate climático global. Con Brasil como anfitrión, el evento se presenta como una plataforma ideal para visibilizar los desafíos y oportunidades que enfrenta la región.
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Será crucial trazar una hoja de ruta que priorice inversiones en investigación y desarrollo, financiamiento para adaptar cultivos a sistemas más resilientes y sostenibles, y políticas públicas que respondan a las necesidades de los pequeños y medianos productores.
Estos actores, fundamentales para la seguridad alimentaria de la región y del mundo, son también los más vulnerables a los impactos del cambio climático. Por ello, las contribuciones determinadas a nivel nacional (NDC) deben incluir estrategias concretas para protegerlos y potenciarlos en este contexto de transformación agrícola.
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Cuál es el impacto del cambio climático en Argentina
En América Latina, una región que aporta cerca del 25% de las exportaciones agrícolas globales, los efectos del cambio climático ya se sienten con fuerza. Según el Banco Mundial, hasta 17 millones de personas podrían verse forzadas a desplazarse en la región para 2050 debido a los impactos del clima.
En Argentina, la situación es alarmante. La sequía histórica de 2023 redujo las exportaciones de productos primarios en un 35,7%, lo que representó una caída de 17.000 millones de dólares respecto al año anterior y un recorte de más de tres puntos porcentuales del PBI.
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Este impacto económico se sintió especialmente en los pequeños y medianos productores, responsables del 27% del volumen total de producción agrícola y de más de la mitad de los alimentos de consumo interno, según el Banco Mundial.
Frente a este panorama, no lograr una transición a sistemas de producción neutros en carbono a tiempo agravará los efectos del calentamiento global y aumentará su intensidad. Por ello, la adaptación al cambio climático no es solo un desafío ambiental, sino una necesidad para garantizar un desarrollo sostenible e inclusivo, reducir la pobreza y asegurar la producción agrícola y la seguridad alimentaria en el futuro.
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(*) El autor, Daniel Werner, es el director del Departamento de Relaciones Exteriores y Cooperación Internacional en el Ministerio de Agricultura y Seguridad Alimentaria de Israel.
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