
El 5 de septiembre de 1942, el buque de transporte rápido USS Gregory (APD-3) surcaba las peligrosas aguas del Pacífico junto a su gemelo, el USS Little, en plena Segunda Guerra Mundial, tras haber desembarcado a un batallón de marines en la isla de Savo.
A bordo del Gregory, se encontraba Charles Jackson French, asistente de comedor de primera clase. French se había enlistado en la Marina de los Estados Unidos en 1938, en una época profundamente marcada por la segregación racial, siendo asignado a labores en la cocina.
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Durante la guerra, los soldados negros y filipinos no tenían acceso a las mismas oportunidades que los blancos, salvo que formaran parte de unidades segregadas. En el Gregory, French era uno de los seis cocineros negros a bordo.

La noche que lo cambió todo
En una noche cerrada sin luna, los buques patrullaban aguas japonesas en estado de alerta. Tres destructores japoneses se acercaron sin ser detectados. Justo antes de la 1 de la madrugada, las tripulaciones de ambos barcos vieron destellos de disparos.
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Mientras debatían si atacar o retirarse, un avión de la Marina estadounidense que también patrullaba los cielos vio los destellos y, pensando que se trataba de submarinos japoneses, lanzó bengalas para iluminar la zona. Las luces incandescentes cayeron lentamente, dibujando las siluetas del Gregory y del Little. Delatadas sus posiciones, los japoneses se apuraron en disparar primero.
En apenas tres minutos, el Gregory fue golpeado por la artillería nipona; sus calderas estallaron y el barco, envuelto en llamas, comenzó a hundirse.
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Gravemente herido, Harry F. Bauer, capitán del Gregory, ordenó a los 141 tripulantes abandonar el buque. Minutos más tarde, el USS Little padecería el mismo destino, y ambas tripulaciones terminaron en el agua.

El héroe olvidado que salvó a sus camaradas del peor final
Era la 1:23 y, en apenas 40 minutos, el Gregory, envuelto en llamas, se fue a pique. Los japoneses continuaban disparando hacia los marinos que ahora flotaban a la deriva sujetándose de todo lo que flotara. Solo algunos pocos tuvieron la suerte de hacerse de botes salvavidas. En medio de la confusión, French, que había resultado ileso, comenzó a asistir a los heridos que veía flotando, poniéndolos a resguardo uno a uno en la balsa.
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Charles Jackson French había nacido en Arkansas en 1919; tras la muerte de sus padres, se fue a vivir a Omaha, Nebraska junto a su hermana. Con 18 años recién cumplidos, ingresó a la Marina y sirvió durante cuatro años a bordo del crucero USS Houston, para luego regresar a su hogar en 1941.
Cuatro días después del bombardeo de Pearl Harbor, French volvió a enlistarse en la Marina y fue asignado al Gregory en marzo de 1942. A pocos días de su cumpleaños, se encontraba a punto de convertirse en héroe.
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A merced de los tiburones
Esa madrugada del 5 de septiembre y completamente a la deriva, los náufragos sabían que había una gran posibilidad de que fueran capturados por los japoneses.
French, sin pensarlo dos veces, ató un cabo a la balsa y a su cintura, y se lanzó al agua. Sus compañeros comenzaron a gritarle que volviese a la balsa, ya que las aguas se encontraban repletas de tiburones, a lo que French respondió: “Les tengo más miedo a los japoneses que a los tiburones, solo indíquenme si nado en la dirección correcta” y comenzó a remolcar la balsa con los 15 marineros a bordo. Nadando hasta el amanecer durante casi ocho horas, fueron avistados por un avión de reconocimiento. El piloto envió una lancha para que fuesen rescatados.
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French relataría luego que sentía los roces de los tiburones mientras nadaba, situación que no lo detuvo.
La Medalla de Honor que no fue
Por sus acciones, fue recomendado para recibir la Cruz de la Marina. Sin embargo, probablemente debido a su color de piel, el cocinero solo recibió una carta de recomendación del almirante William “Bull” Halsey, comandante de la Flota del Pacífico Sur.
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En la carta, Halsey acreditó erróneamente a French por haber nadado ininterrumpidamente durante solo dos horas.
La historia de French fue ampliamente difundida en los periódicos afroamericanos de EE. UU, en dramas radiales, en cómics y hasta en una caja de chicles, convirtiéndose en el “héroe del año”. Fue apodado “El Remolcador Humano”.
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Varios de los náufragos que rescató expresaron su indignación por el limitado reconocimiento a su heroísmo, afirmando que merecía recibir la Medalla de Honor, la más alta condecoración.
Después de la guerra, la historia de French fue en gran parte olvidada. Murió en 1956 con apenas 37 años a causa del alcoholismo, una condición que, según los historiadores, probablemente fue provocada por un trastorno de estrés postraumático no diagnosticado.
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