
En plena conmoción por los atentados terroristas del 7 de octubre de 2023, Carol Ann Schwartz, presidenta de Hadassah, lideró en enero pasado una misión de solidaridad con Israel, de la que participaron más de 50 miembros de la organización.
“Lo que vimos fue horroroso, pero reforzó mis convicciones respecto de lo que estamos haciendo como organización y lo que hemos logrado en Israel”, aseguró, en referencia a su visita al kibutz Kfar Aza y al lugar en el que se desarrolló el festival de música Supernova, donde hoy existe un memorial en recuerdo de las víctimas.

Destacó, entre otras acciones, la campaña End the Silence (“Pongamos fin al silencio”), con la que Hadassah busca concientizar a la comunidad internacional sobre los abusos que sufrieron las mujeres a manos de los terroristas de Hamas. “Nunca es aceptable convertir la violencia sexual en un arma, en ningún lugar del mundo”, ha sido el lema de la iniciativa, lanzada el 8 de marzo en ocasión del Día Internacional de la Mujer.
Nacida en Cincinnati (Ohio) y con más de tres décadas como voluntaria dentro de la organización, Schwartz se hizo cargo de la conducción de Hadassah en enero de este año. Ese mismo mes, contrarreloj, abrieron un primer tramo del modernísimo Centro de Rehabilitación Gandel, en Mount Scopus (Jerusalén), para atender las necesidades de atención médica y psicológica de civiles y soldados heridos durante la operación militar en Gaza.
Carol Ann Schwartz dialogó con DEF, en el marco de un desayuno de trabajo organizado por la Cámara de Comercio Argentino-Israelí (CCAI) y la Fundación Taeda.

Testigos del horror, la destrucción y la maldad absoluta
-Una de sus primeras actividades como presidenta de Hadassah fue el viaje a Israel, en el que pudieron ver de cerca la devastación provocada por los terroristas de Hamas. ¿Cuáles fueron sus sensaciones?
-Estuvimos en Israel el día 97 desde el inicio de la guerra. Aún se podía oler el humo y sentir la presencia de la muerte. Nunca imaginé que ese nivel de maldad podía existir en este mundo. Pudimos ingresar en una de las casas y ver la destrucción y las ramificaciones del fuego. Fue más que un incendio. Por ejemplo, vimos un horno que estaba derretido.
Pensemos el calor que se debió haber provocado y el tiempo que tuvieron los terroristas para llevar adelante estos actos. Nos reunimos con un padre, que estaba parado fuera de la casa de su hija y del novio. Lo único que ellos querían era paz. Las personas que murieron eran sus vecinos, sus amigos, las personas con las que habían compartido tantos momentos juntos. Pudimos leer los últimos mensajes de texto que se enviaron las víctimas de los atentados. La primera persona en ser asesinada fue el alcalde y los terroristas sabían dónde vivía.

-También visitaron el lugar en el que se realizó el festival Supernova, donde murieron tantos jóvenes ese día.
-Visitamos el lugar en el que se realizó el festival de música, donde hay un memorial con velas en recuerdo de las víctimas. Vimos los nombres de todos esos jóvenes, que podrían haber sido mis hijos o los hijos de cualquiera de nosotros. Ellos solo querían disfrutar de la música. Había judíos, árabes y cristianos, todos unidos para celebrar juntos.
Pudimos conversar con una joven sobreviviente, quien nos dijo: “Vamos a volver a bailar”. Los sobrevivientes formaron un grupo para apoyarse mutuamente y superar el trauma por el que pasaron. Muchos se siguen preguntando si podrían haber hecho algo más. Sé que va a ser muy difícil superarlo, pero están recibiendo el tratamiento. Nosotros, desde Hadassah, les estamos brindando la atención sociopsicológica para que puedan seguir adelante.

Crímenes aberrantes contra las mujeres
-Siendo Hadassah una organización femenina, ¿qué puede decirnos de los sufrimientos de las mujeres que fueron vejadas por los terroristas?
-Lo que les sucedió a las mujeres, con los asesinatos y las violaciones que cometieron los terroristas, fue terrible. Hay evidencia de la profanación y la vejación de los cuerpos, utilizados como instrumento de esta campaña de terror.
Por eso, nosotros lanzamos nuestra campaña global End of Silence el 8 de marzo, con motivo del Día Internacional de la Mujer. Hamas debe rendir cuentas por sus acciones ante la comunidad internacional. Nosotros también fuimos a las Naciones Unidas y presentamos al secretario general, António Guterres, cuatro cajas con firmas de todo el mundo. Y no nos detendremos hasta que Hamas no responda por lo que ha hecho.

-También recurrieron al Comité Internacional de la Cruz Roja para intervenir por los rehenes. ¿Cuál fue su petición?
-Le dijimos a la Cruz Roja que no estaban cumpliendo con su trabajo. Su responsabilidad, como institución humanitaria, es controlar el estado de los rehenes, si reciben alimentos, si se les brinda agua y reciben los cuidados. Supimos de casos de niños, tomados como rehenes por Hamas, a los que no se les daba más que un pan de pita y un poco de agua en todo el día.
Se los hacía esperar horas para poder ir al baño. Entre los rehenes, también hay dos bebés y no sabemos si están siendo atendidos cómo corresponde. Les dijimos que ellos tenían que hacer su trabajo. No se trata solo de participar de la entrega de rehenes y sacarse una foto. Nos dijeron que estaban intentando hacer su trabajo y les respondimos que no había sido suficiente y que tenían que hacer más.

Atención física y emocional a las víctimas y sus familias
-¿Qué tipo de atención están brindando desde Hadassah a los sobrevivientes de la matanza y a los heridos durante los combates en Gaza? ¿Cuáles son los mayores desafíos?
-Para Israel, ese es el mayor desafío. No se trata solo de los soldados y de los sobrevivientes, sino también de sus familias y los vecinos de los rehenes que siguen cautivos. Cuando la gente me pregunta cuántos familiares tengo en Israel, yo digo que somos 9 millones (NDR: la población de Israel) y todos nos cuidamos.
En nuestro Centro de Rehabilitación, no contamos solo con camas, sino que están también las áreas de fisioterapia, atención neurológica, atención sociopsicológica y los distintos servicios que los pacientes necesitan. No nos ocupamos solo de si pueden alimentarse por su cuenta o de cuestiones elementales.
Si la persona tocaba la guitarra y era diestro, pero perdió la movilidad de esa mano, tiene que aprender a hacerlo con la izquierda, porque eso también hace al desarrollo completo de su personalidad. Por eso, tenemos las mesas de pool y de ping-pong o consolas de videojuegos. Se trata de que vuelvan a la vida que tenían, a la normalidad.

-Hadassah también realizó distintas misiones en la frontera entre Polonia y Ucrania para atender a los desplazados que huían del conflicto. ¿Qué puede contarnos de esa experiencia?
-Me quedé gratamente impresionada del trabajo de nuestro equipo médico, formado por voluntarios. Realizamos más de 18 misiones, cada una de ellas por dos o tres semanas.
-Ustedes trabajan en un clima de convivencia, como lo demuestra el caso del médico árabe-israelí Ahmad Nama, director de Medicina de Emergencia en el hospital de Hadassah en Ein Kerem.
-No es el único caso. Nunca le preguntamos a nuestro personal dónde ora o a qué religión pertenece. Para nosotros, es muy importante que los pacientes sepan que están en manos de médicos profesionales. Cuando el paciente llega, nos ocupamos de su salud. La política queda afuera. Así ha sido a lo largo de la historia de Hadassah. Lo fue desde que construimos nuestro primer hospital y lo sigue siendo hasta el día de hoy.
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