
“Autorizados a desembarcar para reencontrarse con sus familias” se escuchó por altoparlante en la fragata ARA “Libertad”. 270 marinos regresaron a su tierra tras realizar el 51° viaje de instrucción, de 5 meses de navegación, alrededor de toda América. Esos hombres y mujeres, que se sumaron a la Armada Argentina y asumieron, con ello, las consecuencias de alejarse de sus hogares durante meses, no están eximidos de la nostalgia ni de la necesidad de un abrazo de sus padres o hijos.
Cuando el sábado pasado el buque llegó al puerto de Buenos Aires, miles de personas se movilizaron –incluso desde los puntos más alejados del país– para reencontrarse con ellos. Ese día, bien temprano, DEF se trasladó a la Escuela Naval para embarcar en la lancha ARA “Río Santiago” y viajar hasta rada La Plata, donde la Fragata ARA “Libertad” se encontraba fondeada. Tras subir por la –a veces inestable– escala de gato, pudimos ser testigos de las emociones y los relatos a bordo. Por ejemplo, el cabo primero René Yañez aprovechó las últimas millas de navegación para preparar una sorpresa. “Tengo dos hijos. Les dije que debía navegar para ir en busca de un tesoro. Así que planifiqué esto con mi esposa”, dijo el suboficial, mientras sostenía en sus manos un cofre con chocolates y juguetes.
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Le pudo hacer upa: la historia de Maximiliano y su hija Greta
Apenas habían terminado de soltar amarras, cuando el cabo segundo Maximiliano Miranda fue autorizado a descender de la Fragata ARA “Libertad”. No perdió ni un solo segundo y corrió. Había esperado ese momento desde el 12 de septiembre pasado. Con la emoción a flor de piel, ubicó a su esposa entre una infinidad de personas. La encontró, ella también había soñado con el reencuentro. En brazos estaba ella, Greta Galilea, su cuarta hija. Con un abrazo gigante las cubrió. Finalmente, podía conocer su rostro. Ya en sus brazos, la beba lloró apenas un poco. Los dejamos solos, él tenía que vivir a pleno su paternidad aplazada.
En cubierta, Maximiliano contó a DEF que es oriundo de Salta y que, antes de ingresar a la Armada, había probado con varios trabajos. “No me gustaba nada. No quería ser de otra Fuerza, quería probar en la Armada. Tenía que ingresar a la Escuela de Suboficiales, en Puerto Belgrano. Dejé todo, viajé, egresé y, recién ahí, pude traer a mi familia conmigo”, contó y confesó: “A mí me gusta navegar, me gusta el agua. A mi esposa, Ludmila, mucho no le agrada esa idea, pero sabe que mi carrera está hecha para estar a bordo de un barco. Estoy en el lugar que quiero. Soy de la especialidad de Mar y me apasiona navegar. Es hermoso poder pararse arriba de un palo y ver que alrededor no hay nada más que agua y viento; aire puro y naturaleza”.
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Antes de comenzar el viaje de instrucción, su esposa, y madre de sus otros tres hijos, quedó embarazada. En Puerto Belgrano, Ludmila transitaba el tercer mes y la panza comenzaba a notarse, cuando Miranda debió comenzar la navegación. “Tratamos de sobrellevar este embarazo con tranquilidad. Había días en los que yo no tenía mucha señal de teléfono, así que apenas agarraba, me contactaba para darle todas mis fuerzas”, dice. También agrega una frase: “Esta es la primera vez que me toca ser papá mientras estoy en navegación”. ¿Pareciera ser algo a lo que están habituados?, así es. Por eso, las ausencias no son fáciles de sobrellevar para ninguno. Ello provocó que Maximiliano deba tener varias charlas con sus otros hijos.
¿Cómo hizo su mujer para estar sola con 3 hijos y un embarazo?, “La acompañaron sus padres y hermanos. Me pidió que le traiga el anillo y que nos casemos. Así que seguramente eso suceda”, finalizó.
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La travesía según el comandante: “Ningún mar calmo hace experto al navegante”
“El objetivo del viaje de la fragata es formar a los guardiamarinas ‘en comisión’ que están terminando la Escuela Naval y van a convertirse en oficiales. De hecho, presencié algunos exámenes, pude ver la evolución y cómo pusieron en práctica todo lo que aprendieron. Estoy satisfecho porque están en condiciones de egresar”, explicó el capitán de navío Gonzalo Horacio Nieto, comandante del buque escuela.
Durante la navegación, la fragata visitó puertos nacionales y extranjeros. Al respecto, Nieto explicó que hacerlo es una enorme responsabilidad ya que en todo momento representan al país. Al respecto, detalló que fue la primera vez que la unidad visitó Trinidad y Tobago y amarró en la ciudad de Comodoro Rivadavia: “Los puertos patagónicos son muy ventosos y el de Comodoro, es un puerto chico. De todas maneras, se dieron las condiciones ideales. Fue un ícono del viaje”.
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De cada puerto, el buque trae miles de recuerdos y enseñanzas. En ese sentido Nieto contó que, durante algunos días, el Caribe no los trató muy bien debido a las condiciones climáticas. Ya camino a Buenos Aires, el comandante detalló que se prepararon para navegar por los bravos mares del sur: “De lado de Chile, el Pacífico…creo que su nombre es una ironía. Igualmente nos trató bastante bien. Pero, en definitiva, ningún mar calmo hace experto al navegante. Así que, a los fines de la instrucción de los guardiamarinas, fueron experiencias buenas porque se vivieron días de mucha tensión, de analizar el pronóstico, de tomar decisiones y de moverse en cubierta con extremos cuidados”.

Este fue el tercer viaje a bordo de la fragata para el comandante. En la llegada, relata, se conjugan muchos sentimientos, “como la alegría de volver a ver a la familia tras haber estado mucho tiempo separados”. Sin embargo, se toman este evento con absoluta responsabilidad ya que, en los buques, los momentos de zarpada y amarre son los de mayor tensión. “Somos marinos, sabemos de lo que hablamos. Son unos minutos más de concentración para, luego, fundirnos en un abrazo con nuestras familias y poder disfrutar”, comentó.
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Sobre la importancia de la Fragata para el país, Nieto respondió: “Muchas armadas del mundo cuentan con buques similares para la formación de los guardiamarinas. En la navegación hay muchos aspectos que se pueden evaluar, como el liderazgo. A bordo, casi todas las maniobras son artesanales. Si es un barco a vela, hay que trepar a los palos pero también hay que dar instrucciones o analizar la meteorología. No hay ningún aspecto librado al azar. Todo es previsión, planeamiento y liderazgo”.
El comandante hizo su viaje de instrucción en 1993, en 2001 fue jefe del palo Mesana y, este año, estuvo al mando del buque. ¿Qué le diría al guardiamarina que supo ser?, “Que abrazó una profesión muy noble, con un montón de retribuciones personales. Le diría también que disfrute, porque el tiempo pasa muy rápido”, respondió.
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El fin de semana pasado, Nieto se reencontró con sus dos hijas de 21 y 18. De hecho, la mayor, nació mientras él navegaba con la Armada. “La conocí con 20 días de vida. Mis hijas conviven con mi profesión. Siempre las despedidas son difíciles. En este viaje, mi consuelo era que ya estaban más grandes, pero me doy cuenta que es necesario que el papá esté con ellas. Mis hijas son generosas, ven mi felicidad y la disfrutan”, dijo.

Instrucción a bordo de la “Libertad”
Durante 145 días, los guardiamarinas “en comisión” recibieron instrucción, cursaron materias y rindieron exámenes. Sofía Palacios, una de las jóvenes oficiales que realizó el viaje, contó a DEF que, a diferencia de muchos de sus compañeros, optó por ser Infante de Marina.
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4 años antes de esta navegación, se trasladó desde la localidad mendocina de San Rafael hacia Buenos Aires para seguir la carrera: “En mi familia se pusieron felices porque me iba a formar como militar. Las demás Fuerzas tienen sus cualidades, pero la Armada integra también el ámbito terrestre y naval. Es una Fuerza completa”. En lo que respecta a la navegación, agregó que se trató de una experiencia gratificante. “Desde que uno entra a la Escuela Naval, espera y anhela el viaje en la Fragata”, dijo.
Sofía es una de las 17 mujeres que integran esta promoción de guardiamarinas. “En la fragata se fortalecieron los lazos. Sabemos que lo más rico que tiene la Armada es el potencial humano”, cerró.
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En la Armada Argentina: entre la aventura y la vocación
Facundo Aguirre tiene 25 años y es compañero de promoción de Sofía. Está feliz porque va a volver a ver a su mamá, que viajó desde su San Miguel de Tucumán natal para poder recibirlo.
Risueño, afirma que este viaje sirvió para poner en práctica todo lo aprendido durante la etapa de la Escuela Naval. “Uno se llena de orgullo porque cuando toca otros puertos puede ser testigo de lo que representa la Fragata”, comentó.
Cuando terminó la escuela secundaria, Facundo quería tener una vida de aventuras. Investigó y dio con la delegación de la Armada en la capital tucumana. No dudó. Se preparó, viajó e ingresó. Desde entonces, disfruta de todos los desafíos que implica la carrera. Igualmente, en la navegación sintió la ausencia de dos pilares vitales para cualquier tucumano de bien: “Extrañé a mis amigos y un buen sanguche de milanesa”. Sobre su compromiso con la Patria, Facundo es contundente: “Uno lo asume en el primer año, desde el instante en el que juramos lealtad a la Bandera. En ese momento, uno se pone los zapatos y sabe que va en serio”.

Facundo está muy emocionado por el reencuentro. Confesó que, a bordo, está su segunda familia, ese apoyo vital para transitar la distancia. “Ellos están para mí y yo para ellos”, dice, y finaliza: “En el puerto de Buenos Aires está mi mamá. Seguramente me emocione al verla porque, bajo el uniforme, el corazón late”.
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