La competencia global entre EE. UU. y China no deja ningún cabo suelto. Una de las regiones claves de la disputa es el Indo-Pacífico, donde Australia aparece como un aliado clave de Washington. El anuncio de la conformación del AUKUS, una alianza en clave militar que incluye a Australia, EE. UU. y el Reino Unido, ha sido una de las mayores apuestas de la administración de Joe Biden en la zona.
La contención de China y la seguridad de Australia, un aliado clave en la región, fueron las principales consideraciones de Washington a la hora de establecer este acuerdo. La mayor novedad fue el acceso de Australia, un país sin ambiciones de desarrollar armamento nuclear, a una tecnología altamente sensible: la de los submarinos a propulsión nuclear. Australia se convierte así en el primer país que adquiere capacidades nucleares en el plano militar, sin aspirar a desarrollar armamento de ese tipo.
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En este informe, te contamos por qué se firmó el AUKUS, cuál es el contexto geopolítico y cómo un pacto aparentemente tan lejano nos toca muy de cerca a los sudamericanos.

INDO-PACÍFICO, UNA REGIÓN CALIENTE
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La región del Indo-Pacífico se está convirtiendo en una de las principales fuentes de tensión internacional. Las ambiciones de Pekín sobre una serie de islas del Mar de China Meridional han provocado tensiones con sus vecinos del Sudeste Asiático. También inquietan sus reivindicaciones sobre la “isla rebelde” de Taiwán y reclamos fronterizos irresueltos con Japón y la India.
Los choques diplomáticos entre China y Australia estuvieron a la orden del día en los últimos años. Las relaciones comenzaron a deteriorarse en 2018, cuando el gobierno australiano cerró las puertas a Huawei para su participación en la red de telefonía móvil 5G china en su territorio. Más recientemente, el gobierno de Canberra denunció distintos actos de intimidación chinos contra embarcaciones y aviones australianos que patrullaban la zona económica exclusiva del país.
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Por otra parte, la Iniciativa que aboga por un “Indo-Pacífico libre y abierto”, que comparten Washington y sus socios de la OTAN y del continente asiático, busca proteger la libre navegación de la zona y evitar avances de China sobre la soberanía de sus vecinos.

LA INCOMODIDAD DE FRANCIA
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El anuncio del AUKUS no sorprendió a la comunidad internacional, pero dejó algunos heridos en el camino. El principal afectado fue Francia. El nuevo acuerdo incluye la venta de submarinos de propulsión nuclear a Australia. De esa forma, el gobierno de Canberra canceló un millonario contrato con una empresa naval francesa para el suministro de submarinos convencionales. El gobierno francés definió la actitud de EE. UU. como una “puñalada por la espalda”.
La queja de París no se hizo esperar: el reclamo diplomático fue inmediato y la operación puso en entredicho la solidez de los lazos militares con EE. UU. Todo volvería a su cauce con una cumbre que mantuvieron Biden y Macron poco después del anuncio del AUKUS.
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La guerra en Ucrania relanzó el protagonismo internacional de ambas potencias, que hoy son dos aliados claves del gobierno de Kiev en su esfuerzo bélico para hacer frente a la invasión rusa.
SUBMARINOS NUCLEARES: TECNOLOGÍA SENSIBLE
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¿Qué son los submarinos nucleares? ¿Por qué el caso australiano podría alterar los equilibrios globales en materia de no proliferación?
Primero, y principal, no hay que confundir propulsión nuclear con armamento nuclear. El tipo de submarinos que comprará Australia a EE. UU. es de propulsión nuclear. Esto significa que son impulsados por ese tipo de energía. Es decir, cuentan con un reactor nuclear que alimenta una turbina de vapor que hace funcionar al sumergible.
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La operación implica la transferencia de tecnología sensible a la contraparte australiana. Sin embargo, es importante aclarar que los misiles que transportarán los submarinos adquiridos por Australia no serán de tipo nuclear, sino convencionales. La cuestión más sensible es el combustible utilizado por el reactor del submarino. Nos referimos al uranio altamente enriquecido, que deberá ser importado por Australia. Dado su potencial uso bélico, es clave el control que se hará de ese combustible para garantizar su utilización estrictamente pacífica.

¿UN ANTECEDENTE PARA BRASIL?
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El tema también afecta indirectamente a nuestra región, más específicamente a nuestro vecino Brasil. Actualmente, en el marco de su programa Prosub, la Armada brasileña está avanzando en el desarrollo y la construcción de su propio submarino nuclear: el SN-10. Se estima que recién estaría activo en 2040, si se cumplen los tiempos previstos.
El antecedente australiano será muy importante para Brasil, que también ha dado sobradas muestras del uso pacífico de ese tipo de tecnología. A diferencia de Australia, el gigante sudamericano está ubicado en una región –América Latina– libre de armas nucleares, sin conflictos fronterizos y con un acuerdo de salvaguardias mutuas con Argentina desde hace más de un cuarto de siglo.
De todas formas, como señaló a DEF el secretario general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), Rafael Grossi, “un país que quiere desarrollar un medio de transporte naval con propulsión nuclear tiene que firmar una serie de acuerdos específicos con el OIEA y someterse a verificación el material nuclear”. Es decir, tanto Australia como Brasil tendrán que informar al OIEA los pasos que vayan dando en esa dirección.
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