Los Zetas llegaron a ser una de las organización criminales más temidas de América Latina. Desde su reducto original en la ciudad fronteriza de Nueva Laredo, en el estado de Tamaulipas, logró expandirse hasta apoderarse del negocio del tráfico de droga en toda la costa del golfo de México y en la península de Yucatán. Sus métodos fueron implacables: asesinatos, desmembramientos a plena luz del día y cadáveres colgados en puentes de rutas y avenidas.
La banda, nacida a fines de la década del 90, cambió las reglas en el mundo del hampa y sembró a su paso muerte y horror. En este nuevo informe, DEF se mete de lleno en una de los grupos narcocriminales más poderosos de la historia.
NARCOS Y DESERTORES
La organización nació como el brazo armado del cartel del Golfo. El jefe de esa organización, Osiel Cárdenas Guillén, quiso formar su propio ejército y, para eso, necesitaba reunir a los hombres con mejor entrenamiento en combate de todo México. Así fue como dio con uno de los personajes más sanguinarios del mundo criminal de ese país: Arturo Guzmán Decena, conocido como el “Z-1″.

Antes de iniciar su camino en el mundo del hampa, Guzmán Decena había sido un soldado brillante y capacitado en operaciones de contrainsurgencia e inteligencia. Se desempeñó con honores en una de las fuerzas de élite del Ejército mexicano: el Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFES).
En 1997, dejó ese cuerpo y se convirtió en desertor. De la mano de Cárdenas Guillen, comenzó a desandar su camino. El “Z-1″ fue el encargado de reclutar a otros treinta desertores como él y de darle vida a la organización. Luego se les sumarían exintegrantes de “Los Kaibiles”, una fuerza de élite del Ejército de Guatemala.
Así se conformó este verdadero ejército privado, que poco a poco comenzó a tomar vida propia. Con la muerte de Guzmán Decena, en 2002, y la captura de su sucesor, Rogelio González Pizaña –el “Z-2″–, en 2004, la organización quedó a cargo de Heriberto Lazcano, conocido como “El Lazca” o el “Z-3″.

PODER DE FUEGO Y RÁPIDA EXPANSIÓN
La detención de Osiel Cárdenas, en 2003, y su extradición a EE. UU. en 2007 fueron un duro golpe al cartel del Golfo. A partir de 2010, Los Zetas rompieron abiertamente esa alianza y pasaron a disputarle los negocios y el territorio.
Su poder de fuego y preparación militar permitieron su rápida expansión. En 2017, un informe de la Universidad de Texas reveló el poder que Los Zetas llegaron a tener en enteras regiones mexicanas.
El control del cartel se extendió a jefes de las policías municipales, fiscales estatales y federales, centros penitenciarios estatales y sectores de la Policía Federal y del Ejército mexicano. Un cóctel realmente explosivo.

MÉTODOS SANGRIENTOS
El meteórico ascenso de Los Zetas cambió las reglas del crimen organizado en México. Con pequeñas células fuertemente armadas y desafiando a los carteles que dominaban la escena hasta ese momento, dejaron a su paso un reguero de violencia y muerte.
Proliferaron los secuestros, asesinatos, torturas y desapariciones. Las decapitaciones, los cuerpos mutilados de sus víctimas y los cadáveres colgados en los puentes de rutas y avenidas fueron marcas distintivas de la brutalidad de este grupo.
Desarrollaron un modelo de franquicias criminales. ¿Cómo funcionaba? Al llegar la célula de Los Zetas a una determinada localidad, lo primero que hacía era eliminar a sus potenciales competidores y se dedicaba a cooptar a miembros de las fuerzas locales de policía. El objetivo era crear una base operativa, que le reportaría a la organización madre un porcentaje de sus ganancias.

NEGOCIOS MILLONARIOS
En el plano global, Los Zetas libraron durísimas batallas contra el propio cartel del Golfo y otras organizaciones rivales. El objetivo era apoderarse del negocio del tráfico de cocaína desde Sudamérica y hacerse con el control de las rutas migratorias procedentes de Centroamérica.
En el caso de la droga, gracias a su alianza con la poderosa ‘ndrangheta italiana, Los Zetas asumieron también un rol clave en el ingreso de la cocaína sudamericana a Europa. Así fue como llegaron a tener presencia en 43 países del Viejo Continente.
En cuanto a las rutas migratorias, con la ayuda de pandillas y grupos armados a su servicio, Los Zetas pasaron a ejercer un verdadero control paralelo de los pasos fronterizos con el territorio estadounidense en siete estados mexicanos.
QUIEN A HIERRO MATA…
A partir de 2012, la narcobanda más temible de la historia de México comenzó a ser testigo de su propio debilitamiento.
El principio del fin tuvo lugar cuando Iván Velázquez Caballero, alias Z-50 y también conocido como “El Talibán”, decidió independizarse del grupo. Ese movimiento no solo les valió a los Zetas que uno de los suyos comenzara a disputarse territorios con ellos, sino que también precipitó el inicio del sangrado de la organización. A ello se sumó el asesinato de su líder Heriberto Lazcano, tras un enfrentamiento con la Marina mexicana en octubre de 2012.

En ese contexto, Miguel Ángel Treviño (”Z-40″) tomó las riendas de la banda. Sanguinario, pero sin formación militar, Treviño no solo cometió errores de mando, sino que además sumó a las filas de su organización a pandilleros que carecían de formación y que dejaron demasiados cabos sueltos, que les facilitaron las tareas a sus perseguidores. Sería detenido en julio de 2013 en Tamaulipas.
El grupo narco quedó debilitado y al borde de su desaparición, que pareció ser más provocada por errores propios que por aciertos del Estado. Sin embargo, a pesar de sus divisiones y de sus pasos en falso, sería un error quitarle los ojos de encima a una de las estructuras criminales que llevó el horror a un nivel inimaginable.
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