José Carlos Mariátegui, filósofo peruano: “No importa en la historia el valor abstracto de una idea, sino su valor concreto”

El origen de una de sus máximas más potentes, el contexto de su obra educativa y por qué su mirada materialista interpela de forma directa un presente dominado por la retórica virtual y el vacío de los debates abstractos

José Carlos Mariátegui
José Carlos Mariátegui, filósofo peruano: “No importa en la historia el valor abstracto de una idea, sino su valor concreto” (Imagen Ilustrativa Infobae)
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En tiempos donde las discusiones intelectuales parecen haber mudado su campo de batalla a la volatilidad de las redes sociales, donde los conceptos se desgastan en debates teóricos abstractos y las consignas flotan en el aire digital sin anclaje en el barro de la realidad, la voz de José Carlos Mariátegui emerge desde el siglo XX con la fuerza de un cable de alta tensión. Los textos del ensayista peruano no envejecen, al contrario: operan como lentes de precisión para observar la crisis del presente.

Existe una línea fundacional que destruye cualquier intento de complacencia: “Nada importa, en la historia, el valor abstracto de una idea. Lo que importa es su valor concreto”. No es una simple provocación; es una declaración de guerra epistemológica contra los intelectuales de café y los repetidores de manuales. La frase no pertenece a una proclama política, sino al inicio de su ensayo La libertad de la enseñanza, un texto posteriormente recopilado de manera póstuma en el libro Temas de educación.

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Para Mariátegui, la educación nunca fue un hecho aislado o puramente pedagógico, sino un reflejo directo de las tensiones materiales de una sociedad. Cuando escribió estas líneas en la década de 1920, el Perú —y gran parte de América Latina— crujía bajo el impacto de la Reforma Universitaria de Córdoba de 1918. Las viejas universidades virreinales tambaleaban ante el empuje de una nueva generación de estudiantes y obreros que exigían democratizar el saber.

En ese escenario, el “Amauta” —el maestro, el sabio, como se lo llamaba en quechua— advirtió que discutir la “libertad” o la “calidad” de la enseñanza en términos puros y abstractos era una trampa si las mayorías indígenas seguían despojadas de sus tierras y condenadas al analfabetismo. El libro Temas de educación postula que la cultura no se defiende con discursos solemnes sino transformando las condiciones económicas que permiten (o impiden) el acceso a ella

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Portada del libro Temas de educación con una imagen de José Carlos Mariátegui en el centro y un fondo desenfocado a los lados.
"Temas de educación", de José Carlos Mariátegui (Imagen Ilustrativa Infobae)

. Para entender el peso de lo “concreto” en Mariátegui, hay que mirar las cicatrices de su propia biografía. Nacido en Moquegua en 1894, fue un autodidacta absoluto. No pasó por las aulas universitarias que luego ayudó a reformar; se formó en el olor a tinta de las redacciones periodísticas desde que tenía unos jóvenes catorce años.

Su viaje a Europa en 1919, financiado indirectamente por el gobierno del dictador Augusto B. Leguía para alejar a una pluma incómoda, fue su verdadero laboratorio. En Italia presenció el ascenso del fascismo de Benito Mussolini, estudió la crisis de las democracias occidentales y devoró las vanguardias estéticas. Pero no regresó a Lima como un erudito fascinado por la teoría europea. Volvió en 1923 con graves problemas de salud pero con una convicción radiante.

Pese a su pierna enferma que pronto le sería amputada, confinado a una silla de ruedas, tenía una urgencia vital: aplicar ese instrumental crítico a su propia tierra. Fallecería apenas siete años después, en 1930, con solo 35 años, habiendo fundado la mítica revista Amauta, el Partido Socialista Peruano y la Confederación General de Trabajadores del Perú. Toda su vida, aunque larga en actividades pero breve en años concretos, fue un monumento a la acción concreta contra el tiempo.

José Carlos Mariátegui
José Carlos Mariátegui a la edad de 23 años (Foto: Wikipedia)

Mariátegui fue, ante todo, un marxista herético. En una época en la que la Unión Soviética de Iósif Stalin comenzaba a imponer manuales de ortodoxia ideológica para todo el planeta, el pensador peruano se negó a cometer el error de importar recetas. Para él, el marxismo no era un dogma rígido ni un catecismo, sino un método de análisis. Si la idea abstracta del “proletariado industrial” no encajaba en una América Latina donde la mayoría de los oprimidos eran campesinos e indígenas, debía mutar.

De ahí nace su otra gran máxima inmortal: el socialismo en América Latina no podía ser “calco ni copia”, sino una “creación heroica”. La potencia de exigir el “valor concreto” de una idea radica en que destruye la inocencia del intelectual. Mariátegui desconfiaba de las bellas palabras de la tradición liberal. Sabía que las declaraciones universales de derechos humanos, la libertad de prensa o los tratados económicos no significaban nada si en la práctica acompañaban el latifundio y la explotación.

El Amauta nos enseñó que una idea solo es verdadera si transforma la vida de los hombres y mujeres de carne y hueso.

José Carlos Mariátegui
José Carlos Mariátegui murió en 1930, con solo 35 años

¿Quién es José Carlos Mariátegui?

José Carlos Mariátegui La Chira nació en Moquegua, Perú, el 14 de junio de 1894, y se convirtió en uno de los intelectuales autodidactas más originales de América Latina. Desde los catorce años trabajó en talleres gráficos y salas de redacción periodística, formándose al calor de la prensa escrita. En 1919, debido a sus posturas críticamente agudas, el gobierno facilitó su viaje a Europa; su estancia en Italia fue decisiva, ya que allí presenció el ascenso del fascismo y profundizó en el marxismo.

A su regreso en 1923, y a pesar de sufrir la amputación de su pierna derecha en 1924 que lo confinó a una silla de ruedas por el resto de sus días, desplegó una actividad política y cultural frenética: fundó la trascendental revista Amauta en 1926, el Partido Socialista Peruano en 1928 y la Confederación General de Trabajadores del Perú en 1929. Su producción intelectual combinó el análisis socioeconómico, la estética vanguardista y la teoría política.

En 1925 publicó su primer libro, La escena contemporánea, pero su consagración llegó con los 7 ensayos de interpretación de la realidad peruana en 1928, una obra que desnudó el problema de la tierra y del indio bajo un enfoque materialista alejado de los manuales europeos. Tras su temprana muerte en Lima el 16 de abril de 1930, con apenas 35 años debido a las complicaciones crónicas de su salud, sus numerosos artículos fueron compilados en Temas de educación y El artista y la época.

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