Instalaron 320 mini esculturas de Mozart en Salzburgo y las robaron casi todas: tuvieron que cerrar la exposición 20 días antes

Dos semanas bastaron para que desaparecieran dos tercios de las figuras doradas del compositor austriaco, un saqueo que el artista Ottmar Hörl descarta como mero “fervor de coleccionistas”

El misterio de los mini-Mozarts robados sigue sin resolverse
El misterio de los mini-Mozarts robados sigue sin resolverse
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El robo de 210 esculturas de Mozart en Salzburgo obligó a cerrar antes de tiempo una instalación levantada por el Mozarteum para el 270º aniversario del nacimiento del genial compositor, un caso que ya desborda el hurto ocasional y que, según el propio artista Ottmar Hörl, apunta a una operación organizada por la dificultad de arrancar y trasladar piezas de medio metro fijadas al suelo.

La intervención había comenzado el 15 de julio, dos días antes del inicio del Festival de Salzburgo, con 320 miniaturas doradas distribuidas en los jardines de Mirabell y otros puntos de la ciudad. En los primeros 12 días desaparecieron 86, a finales de julio faltaba más de la mitad y, dos semanas después, la cifra había escalado hasta 210.

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Según el diario El País, la Fundación Mozarteum lanzó un llamamiento público cuando las sustracciones empezaron a multiplicarse, pero terminó por retirar las figuras que seguían ancladas y clausurar la exposición 20 días antes de lo previsto. La institución explicó, a través de su departamento de prensa, que no tenía pistas sobre la autoría y que no quería especular.

A la falta de cámaras de vigilancia en los jardines de Mirabell se sumó otro obstáculo: sustituir las piezas perdidas no era posible porque el fabricante había cerrado por vacaciones. El resultado fue el desmontaje anticipado de una de las intervenciones concebidas para acompañar las celebraciones del aniversario del músico en su ciudad natal.

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El robo de 210 esculturas que el artista Ottmar Hörl hizo sobre el compositor austríaco obligó a desmontar antes de tiempo una instalación en Salzburgo
El robo de 210 esculturas que el artista Ottmar Hörl hizo sobre el compositor austríaco obligó a desmontar antes de tiempo una instalación en Salzburgo

Ottmar Hörl, escultor alemán de 76 años, afirmó que en instalaciones al aire libre puede asumirse una merma de alrededor del 10% de las piezas, pero que lo ocurrido en Salzburgo va mucho más allá de ese margen. “Hablamos de estatuas de medio metro de altura atornilladas al suelo con una varilla metálica”, explicó. “Cada una conserva las marcas del sistema de fijación, tres orificios en la base que permiten identificar su procedencia. No es algo que pueda hacerse sin más. Plantea un problema logístico considerable”.

El artista ya presentó una denuncia ante la policía y calculó las pérdidas en unos 20 mil euros, una suma que deberá asumir personalmente porque las esculturas no estaban aseguradas. También descartó que la amplia difusión del caso compense el perjuicio económico: “La publicidad no me sirve de nada”, lamentó. “El daño económico no es despreciable y tendré que justificar ante hacienda todo lo ocurrido”.

Hörl tampoco concedió crédito a la idea de una simple acumulación de pequeños hurtos espontáneos. “Aún es pronto para sacar conclusiones. Pero resulta razonable suponer que nadie se lleva 210 figuras de este modo por casualidad”.

Una multitud de mini-Mozarts dorados conmemora los 270 años del nacimiento del compositor en Salzburgo. INTERIOR
El artista Ottmar Hoerl, creador de las mini esculturas del genial compositor

La instalación mostraba a Mozart junto a su perro Pimperl, con la intención de ofrecer una imagen más cercana y familiar del compositor. Las piezas, alejadas del tono solemne de los grandes monumentos, estaban hechas de plástico mediante un procedimiento especial de moldeado al vacío.

No es la primera vez que una obra de Hörl termina en la sección de sucesos. En 2023, una instalación dedicada a Wagner en el Festival de Bayreuth sufrió el saqueo de 115 miniaturas del compositor en la llamada Colina Verde, un episodio que la versión no oficial atribuía al fervor mitómano de algunos asistentes.

Cuando ese episodio volvió a repetirse al año siguiente, el artista lo asumió como uno de los riesgos de exhibir obras en espacios abiertos. Sobre Salzburgo, su evaluación fue distinta: “Pero lo de Salzburgo ha adquirido un cariz distinto”. Para él, la dimensión del caso es la de una investigación policial en toda regla.

Descartada la cleptomanía turística como explicación suficiente, la investigación deberá aclarar el destino de unas figuras que, al menos por ahora, no han aparecido en bazares de internet. Hörl sostuvo que no había visto ninguna a la venta y dejó planteada una pregunta que resume la anomalía del caso: quién querría pujar por una pieza robada que podía comprarse legalmente por 90 euros.

El trasfondo local añade otra capa al episodio. Salzburgo, convertida desde hace décadas en una maquinaria de homenaje permanente a su hijo más célebre, extiende la lógica del recuerdo comercial desde los bombones Mozartkugeln hasta los objetos de diseño, incluidas estas estatuillas que conservan en la base las marcas del delito. “Las obras al aire libre no siempre son comprendidas del mismo modo por el público”, reflexionó Ottmar Hörl. “Arrancarlas del lugar para el que fueron creadas supone, en cualquier caso, una falta de respeto hacia mi trabajo”.

[Fotos: AP/Matthias Schrader]

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