Las bromas telefónicas forman parte del universo de la infancia y la adolescencia de Hernán Casciari y su amigo de toda la vida, Christian Basilis, apodado Chiri. En las primeras experiencias que compartieron en su juventud, el objetivo era simple: buscar la risa propia, sin mayor daño, llamando a vecinos con apellidos como Gallo para soltar frases absurdas y colgar rápidamente entre risas.
Ya en la adolescencia, la competencia entre amigos se volvió más sofisticada. El desafío era lograr que la víctima permanezca el mayor tiempo posible en línea, improvisando identidades y situaciones. Casciari y Chiri cronometraban sus hazañas y perfeccionaban sus técnicas, llegando a conversaciones insólitas.
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En uno de esos juegos, Hernán desarrolló una táctica riesgosa: hacerse pasar por un hijo ausente, Daniel, y construir una conversación cargada de detalles familiares, recuerdos y afectos latentes. La historia se desplegó entre la confusión y el anhelo, mostrando cómo lo que empezó como un simple pasatiempo puede rozar zonas inesperadas de la emoción humana.
Este relato de la vida real, fue el que inspiró la película Canelones. Así el cuento se convirtió en una puerta de entrada ideal para conocer la mirada y la voz de Casciari sobre el humor, la memoria, la culpa y los pequeños dramas que atraviesan la vida en comunidad.
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—¿Cómo surgió la historia real que inspira Canelones?
—Eso es lo que tienen de bueno las historias reales, que son extrañísimas. Pero fue todo real, pero el director, mi amigo Chiri, tomó algunos recaudos y para que sea cinematográfica incluyó algunas licencias.
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—¿Cuándo pudiste empezar a contar la historia?
—A fines del año 2020, 2021. Este hombre vivía en Río Grande, en Tierra del Fuego, y después de algunos años, muere de COVID.
—¿Qué tipo de relación mantuvieron tu mamá y él?
—Mantuvieron una relación bastante fluida por la distancia, bastante, pero por la distancia, no llegaba a consolidarse como una relación. No se vino a Mercedes ni nada, pero sí, siguió en contacto. Y mi, mi mamá lo quiso preservar, por eso no me dejaba a mí contar nada.
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—Tu madre, Chichita, no quería que hablaras del episodio...
—Desde el 2015 hasta el 2020, mi vieja no me dejó hablar del tema. Un poco por vergüenza de ella, creo yo. Sobre todo la parte legal que tenía que ver con él.
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—¿Vergüenza?
—Porque hay una parte, en la historia, que ella hoy también reconoce como un poco patética. De estar buscando novios por Internet y esas cosas que, si bien a la juventud le parece lo más normal, a ella le parece un poco atrevido, tal vez para ese momento.
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—¿Cuándo tu mamá pudo ver la película?
—No solamente que la vio ahora, sino que conoce cada corte que hicimos desde el año pasado. El director de la peli no solamente la consultó, sino que además, muy específicamente, le mostraba pedacitos de guion antes del rodaje para cuidarla, para que no ocurriera nada en la pantalla que ella no supiera de antemano.
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—¿Y tu mamá puso resistencia a alguna escena o parte de la historia?
—Chiri es como un hijo de mi vieja. Es decir, Chiri y yo nos conocemos desde los cuatro años. Somos amigos desde la primaria. Y tuvo un cuidado muy específico con mi mamá Chichita. Le consultó todo. Se que algunas partes fueron consensuadas entre él y ella, yo no me metí (se ríe).
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—¿El relato de la película es absolutamente real?
—Obviamente está salpimentado por el humor negro. El relato en sí, lo que cuenta la historia, es absolutamente real. Durante la vida de este hombre, que no se llama ni Daniel ni se llama Olesnick, ese fue el único cambio que hicimos, para preservar su identidad.
—¿Qué diferencias hay entre lo que pasó y lo que muestra la película?
—En un punto me empiezo a confundir respecto a lo que pasó con lo que está en la peli, pero me parece que en este caso las dos cosas se contaron de la manera correcta. A nosotros nos costó muchísimo menos llegar a donde estaba mi vieja. Fue mucho más rápido. Eso sí, es la mano del guionista. Los dos personajes tardan unas horitas, tienen que ir acá a buscar en Internet, etcétera. Eso no pasó de esa manera. Eso fue muchísimo más simple. Entramos a la casa de mi vieja, en donde yo sí tenía llave y estaba anotada en una libreta de ella la dirección donde mi vieja iba a estar. Fue mucho más rápido en la vida real la manera en que encontramos la manera de ir a buscarla.
—¿Cómo es la relación de tantos años con Chiri?
—Somos como los hermanos, como tengo la misma relación con mi hermana biológica también. Somos personas que nos conocemos desde el principio, desde el principio de la vida. No es nada mágico ni nada, es haber construido una misma memoria sentimental, los mismos libros, los mismos discos. Tengo recuerdos de haber descubierto a Cortázar el mismo día los dos.

—¿Quién eligió a los actores para la película?
—No, no, yo no hice nada, yo no elegí a nadie. Esto es una producción comunitaria. Y cinco mil quinientos socios productores de Orsai.
—¿Cómo fue el proceso de selección del elenco?
—Ellos en votación votan un grupo de actores y un grupo de actrices y quedaron seis en la final. Quedó Barassi, Sabbagh, Migue Granados. Del lado del personaje de Chichita, mi mamá quedó Mercedes Morán, Rita Cortese, Vero Llinás, entre otras. Y después, una vez que se generaron esos seis y seis, hubo una larga votación de veinticuatro horas, vinculante, tenía que estar más del cincuenta y un por ciento de los socios productores presentes en la votación. Barassi le ganó Alan , cincuenta y uno a cuarenta y nueve. En el caso de Verónica, ganó con un poquito más de holgura.

—¿El director pudo decidir algo?
—Increíble, porque ni siquiera el director puede tomar la decisión del casting. La toma la gente. Todas las decisiones las tomaron las personas.
—¿Cómo reaccionó tu mamá al ver la película?
—No solamente que la vio ahora, sino que conoce cada corte que hicimos desde el año pasado. De hecho, el director de la peli le mostraba pedacitos de guion antes del rodaje para cuidarla, para que no ocurriera nada en la pantalla que ella no supiera de antemano.

—¿Qué sentías al reencontrarte con la historia en la pantalla?
—De verdad no entendía mucho lo que había pasado. Lo empecé a entender después. Yo lo que entendía es que mi vieja estaba vomitada y que estaba en una casa en Mercedes, un lugar bastante grande, pero tiene un casco urbano y después tiene suburbios con muchas casas quintas y estaba bastante lejos del centro de Mercedes. La casa donde estaba. Me parecía todo rarísimo. Entendía que ella no me estaba contando toda la verdad de lo que estaba pasando. El tipo estaba muy callado y me miraba muy raro. Pero no, no entendí toda la historia en ese momento. La entendí después.
—¿Cómo fue la reacción de tu mamá después de todo?
—Lo preservó, lo cuidó mucho, sobre todo lo cuidó de mí. Pero no de mi afán legal de querer hacer la denuncia, sino de mi deformación profesional de querer contar todo. Él lo cuidó mucho de eso.

—¿Participaste en la producción o dirección de la película?
—No tengo mucho que ver yo con la factura de la peli. No participé, no hice nada. Solamente le di vía libre a Chiri para que hiciera lo que él recordaba y lo que él sabe hacer, y lo hizo maravillosamente bien.
—¿Qué te genera ver cómo Chiri dirigió la película?
—Estoy fascinado con que Chiri haya conseguido dirigir su primera película y que haya elegido esta historia, y que la haya llevado adelante con tanta solvencia. Estoy fascinado por eso, sobre todo.
—¿Qué pasó después del episodio de la broma telefónica y cómo los marcó?
—Nosotros hicimos muchísimas antes, pero después de esa llamada, no. Primero, estábamos a punto de terminar la secundaria, o sea que también nos estábamos yendo a Buenos Aires y tampoco era una cuestión de seguir, porque ya teníamos que pagar el teléfono nosotros y no lo íbamos a hacer. Pero se juntó eso con un enorme sentimiento de culpa. Porque yo tengo recuerdos de que incluso en Buenos Aires jodíamos y hacíamos cosas, pero ya de otra forma. No de una forma tan grosera, tan cruel.

—¿Cómo te enteraste de la muerte del hombre?
—Eso lo supe cuando a posteriori de que mi vieja me contara toda la historia. Jamás, jamás me hubiera imaginado que pasó algo así. Eso lo sabía este hombre nada más. Y posiblemente si él hubiera cumplido su venganza tal y como la tenía planeada, yo tampoco me hubiera enterado nada.
—¿Qué te genera ver la película terminada?
—Estoy fascinado. No sé si con la peli, estoy fascinado con que Chiri haya conseguido dirigir su primera película y que haya elegido esta historia, y además la llevó adelante con mucha solvencia.

—¿Te gustaría hacer una secuela?
—No. Estoy absolutamente convencido de que no, no habrá secuela.
—¿Pero tal vez, una segunda parte...con familiares de Daniel (nombre de ficción) el amigo de tu mamá?
—Estoy pensando todo eso y más. Se me va la cabeza a miles de posibilidades. Pero en realidad yo, yo ya me doy por hecho con esta historia (se ríe).
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