“La gran capacidad de imaginar y el ansia de gol”: discurso completo de Isol en la inauguración de la Feria del Libro Infantil

La relevante escritora e ilustradora abrió la 34.ª edición del encuentro literario, que se realiza en el Centro de Convenciones Buenos Aires hasta el 2 de agosto con entrada libre y gratuita

Guardar
Google icon
Feria del Libro Infantil 2026 - inauguración
La premiada escritora e ilustradora Isol inauguró la Feria del Libro Infantil de Buenos Aires, que se desarrolla hasta el 2 de agosto en el Centro de Convenciones Buenos Aires

¡Qué alegría estar acá para abrir esta Feria del Libro Infantil! ¡Y qué nervios también! La verdad es que es un gran honor estar en este ámbito que apuesta por la literatura para nuestras infancias. Pensé por muchos días en qué decir hoy, se me agolpan temas, hay mucho por compartir, pero lo voy a intentar.

Ya antes de nacer, alguien nos imaginó: pensar un nombre, cómo seríamos, qué traería nuestra llegada. Eso trajo acciones en torno a ese futuro: preparar el espacio, la ropa, el corazón, para eso que aún no había sucedido. El ser humano tiene el gran poder de imaginar de esta forma, conscientemente, y a partir de eso que sueña, toma decisiones, improvisa, crea. Un hornero, por ejemplo, sigue haciendo su casita igual que hace siglos, nunca se le ocurre agregar otro cuarto o hacer su nido en forma de cono, sino que las circunstancias de supervivencia lo llevaron a encontrar un método que toda la especie seguirá usando mientras les funcione.

PUBLICIDAD

Si bien la naturaleza en sí misma se adapta y se renueva y crea constantemente, particularmente en nuestra especie la imaginación creativa ha sido herramienta poderosísima que ha levantado imperios, creado maneras de vivir en el mundo, de trabajar, de relacionarnos, a partir de nuestras circunstancias, deseos e inquietudes.

Sí, ya vimos que el fuego espanta a las fieras, pero ¿qué tal si ahora probamos esto otro de las lanzas? Así también sabemos que no venimos de un camino evolutivo recto, que el homo sapiens y el neanderthal se relacionaron y mezclaron, que la diversidad es parte constitutiva de nuestra herencia.

PUBLICIDAD

¿Qué tipo de seres somos, entonces? Somos grandes personajes. Tanto es el poder que tenemos a partir de nuestro pulgar oponible, nuestro gran cerebro y el lenguaje que nos permite pensar simbólicamente que podemos cuidar, crear y también guerrear y arrasar. Se me ocurre una hipótesis en forma de pregunta: ¿serán las historias que nos contamos las que ponen en juego esos momentos de conflicto en los que podemos ser luminosos o sombríos? La bitácora de nuestro tránsito por esta misteriosa vida procesando el mundo, nuestra incertidumbre, nuestros deseos y pesadillas? La magia de hacer lo que no sirve para nada.

No se sabe bien por qué nuestros antepasados prehistóricos hicieron sus obras pictóricas usando las paredes como lienzo: si evocaban algo, si tenían una función ritual, si decoraban, o si simplemente experimentaban el placer de dejar su huella. Y en realidad, algo de todo eso está en cada obra artística, me parece. Algo que nos trasciende.

La narración, las imágenes, la música; éstas son chispa creadora y rescoldo de lo áspero del día. Y es algo que hacemos desde que somos chicos: la experiencia gozosa de crear algo casi de la nada. Solo con un lápiz, un papel, un palito para golpear, un poco de arena y agua… ¿Se puede extraer imágenes del mundo real y a la vez describirlo en una fantasía? ¿Qué mundo es ese que contamos? ¿Interno y externo a un tiempo? ¿Es más o menos “real” que el mundo que todos percibimos? La mirada personal, ofrecida como lupa de una reflexión, una observación, un sueño, es lo que hacemos al definir una obra para mostrar al mundo. Es una huella que confía en compartir un descubrimiento. A veces crea espejos donde mirarnos. Permite jugar con diferentes perspectivas, arriesgarnos a jugar y ver qué pasa.

En mi experiencia, esa posibilidad de riesgo, de juego y de no saber, es una herramienta poderosa. En un momento de tanta ansiedad ¿Cómo ayudamos a armar un ambiente propicio para estas actividades desde la primera infancia? La escritora turco/inglesa Elif Shafak cuenta su experiencia: “Los niños son muy creativos cuando son chicos, se enorgullecen de esta capacidad. Si yo pregunto en una sala de jardín o primeros grados si hay artistas en el grupo, muchos alumnos levantan la mano. Pregunto: ¿hay poetas? Manos levantadas. Otros son artistas plásticos. Otros se sienten actores, escritores, muchas manos levantadas.” “Si lo pregunto a los 16, 17 años, en la misma ciudad, del mismo país”, dice Elif, “ya nadie en el aula levanta la mano. Ningún poeta, ningún novelista, ningún artista. ¿Por qué? Porque como sociedad, les enseñamos: tené cuidado con cómo te comportás, hasta cómo suena tu voz y el largo de tu falda, todo va a ser observado y juzgado, y, con el tiempo, esa mirada externa se vuelve la mirada interna que nos devuelve el espejo y nos dice que no somos suficientemente inteligentes, ni guapos, ni creativos. Esa voz es la que tenemos que desmantelar, y recordar esa creatividad que todos tuvimos por naturaleza, cuando éramos chicos.”

En mi trabajo como narradora, trato de recuperar la mirada fresca de un niño, pero también de un antropólogo, de un extraterrestre que mira sin tener un prejuicio ante lo que ve, y ser sincera con lo que me conmueve, lo que aprendo, lo que me maravilla: el misterio que está en todas partes.

Somos una cosa de locos

El misterio está acá nomás. La biología nos muestra que la estructura más simple con capacidad de generar vida es la célula (¡tenemos millones en nuestros cuerpos!) y que está formada por determinados elementos que, aislados, no tienen vida, pero al unirse de una determinada manera que permite que se relacionen entre sí, de pronto ¡surge la vida! A partir de allí puede alimentarse, crecer, evolucionar, crear más vida, etc. ¿Cómo no vamos amar la poesía, si somos una magia andante? ¿Cómo no seguir creando con nuestras herramientas humanas, si somos pura inspiración? ¿Cómo no metaforizar el misterio de la particular experiencia de estar en este mismo espacio tiempo en este planeta improbable en un cuerpo único que osamos llamar propio?

Las estructuras de la célula comunitaria

Algunos comparan el cerebro de las infancias con una esponja, por su capacidad de absorber mucho más que en la adultez, época en la que parece que se reseca un poco el material. Yo pensaría también que tiene algo de agua, y que lo que se sumerja allí puede generar ondas que conmuevan desde lo profundo y se extiendan en el tiempo.

Para crear elementos nuevos, en química, se usan aceleradores de partículas que las recombinan para arribar a átomos de diferente composición, es decir, elementos que no existían previamente. Partículas como bosones, fotones o gluones colisionan y surge una cosa nueva. Pero hay que crear el ambiente. A riesgo de ser demasiado autorreferencial, me gustaría esbozar cómo creo que se me creó el ambiente en el que yo me siento también un poco una aceleradora de partículas que busca crear lo nuevo.

Es 1979, estoy en segundo grado, y la señorita Isabel arma una biblioteca circulante para el grado de la escuela pública “Carlos Tomás Sourigues”, en Flores, donde asisto. La señorita pide que leamos un libro cada dos semanas y que, al terminarlo, lo contemos a la clase mientras dibujamos a los personajes o alguna escena en una filmina apoyada en un retroproyector y con unos marcadores que huelen muy fuerte a alcohol. Me encanta hacerlo; el vértigo de dibujar y verlo proyectado en grande y contar a la vez una historia. Amo a la señorita Isabel, que nos inicia en la multimedia y la ilustración y me felicita por leer tanto.

En casa, tengo 8 años, y mis padres compran a una persona que vende libros usados de casa en casa, cinco libros encuadernados que en el lomo sólo dicen “Cuentos para niños” en letras doradas. Cada libro contiene a su vez cinco fascículos de la colección Cuentos de Polidoro, editados por el Centro Editor de América Latina. En esos libros aparecen los ilustradores más personales y artísticos que haya visto (Sábat, Áyax Barnes, Oscar Grillo, Napoleón, Alba Ponce, Chacha, Amalia Cernadas…) a la par de escritores excelentes, como Beatriz Ferro, que narran historias de una forma que nos lleva a otras culturas, mitologías, estéticas. Hasta hoy veo cómo su estela quedó en mi trabajo por su libertad y su criterio: cómo se puede ilustrar una historia sin ser ñoño, vulgar, condescendiente o perder calidad gráfica. Quizá muchos de los que están acá acompañándome hayan sido inspirados por apasionados como ellos. Le podemos poner a esta partícula en colisión “la partícula Polidoro o Spivacov”, dentro del nuevo elemento: editoriales con una visión y compromiso que abren camino.

Feria del Libro Infantil 2026 - inauguración
De izq. a der.: Ezequiel Martínez, director de la Fundación El Libro, Isol y Gabriela Pérez, presidenta de la Comisión del Libro Infantil

Tengo 9 años, me compran el libro de Mafalda Número 2 de Editorial De la Flor para que no hinche en una visita a lo de unos amigos de mis padres. Me lo devoro, quiero más, pero son muy caros para el presupuesto familiar. Unos meses después, en el cumpleaños de una chica del grado, me la paso leyendo Mafalda, porque tiene toda la colección, en vez de jugar con los demás. Me cargan todo el año, pero no me arrepiento. Fue un año medio difícil en el colegio, pero Quino me acompaña.

Situaciones fortuitas que dan espacio para aburrirse: tengo 9 años y medio y paperas; quince días de reposo sin tener televisión (mis padres se oponen a ella, los muy malditos), agarro cualquier cosa que aparezca: mucha colección Robin Hood, con versiones de clásicos (la mayoría, de aventuras, que eran de unos primos más grandes): Verne, Salgari, Alcott, Edmundo de Amicis, Los caballeros del Rey Arturo, Dickens y lo que aparezca en la biblioteca de mis padres, como cuentos medievales, chinos… También escucho a los Parchís, ojo, aunque a mis padres no les guste, porque tampoco voy a estar fuera de la onda.

Experimentos docentes: En quinto grado, la señorita María Cristina lleva un tocadiscos al aula y pone música instrumental. Nos dice: “Dibujen lo que les inspira la música”. ¡Otra maestra multimedia! Gran momento de libertad artística y senestésica: ¿puede dibujarse la música? ¿Es una forma de contar algo el dibujar sin pensar? Momento epifánico a los 10 años.

Componente rebelde: Ese mismo año, Ediciones La Urraca edita la revista HUMI, una revista para chicos con un plantel tremendo de colaboradores: Ema Wolf, Laura Linares, Ricardo Mariño, Juan Lima, Carlos Nine, Grondona White, Oche Califa, Tabaré… Muchos son los mismos que trabajan en la revista para grandes HUMOR, que no me dejan leer. Algo tienen en común y es la libertad y tono humorístico con que rompen los moldes escolares y hablan desde un lugar de respeto a la inteligencia de los chicos. ¿Entonces eso se podía hacer?

Bibliotecas a mano: tengo once años, paso el verano en lo de mi tía Esther, mi primo tiene todos los libros de Fontanarrosa y Caloi de De la Flor. Los mitos clásicos por Fontanarrosa, Inodoro Pereyra, Boogie. Caloi con Clemente y Bartolo. ¡Lo que aprendí allí de narración en cuadritos, de uso del humor con opinión y de lenguaje narrativo! Una fiesta.

Doce años, la señorita María del Carmen se enferma por 20 días y viene un maestro suplente a la escuela. Nos lee Crónicas Marcianas, de Ray Bradbury. ¡Explosión neuronal! Lo amamos todos, al libro y a él, que pensó que podíamos disfrutarlo sin subestimarnos.

Bueno, en mis años de primaria estos son algunos mojones, como colisiones afortunadas de planetas dentro de una estructura con varias influencias, a saber: decisiones editoriales, creadores que no subestiman a sus lectores, docentes creativos, bibliotecas cercanas, encuentro intergeneracional con otros lectores en un medio abierto a las expresiones artísticas como era el mío. Aún en épocas peligrosas para la rebeldía como fueron esos años, siempre parece haber cierta pulsión muy argentina de imaginar fuera de los márgenes, construir proyectos en conjunto. El entorno de hoy es muy diferente pero esa voluntad es parte de esta cultura que nos sostiene, que nos reúne -por ejemplo- acá, en esta feria hermosa y viva.

¿Pero qué será lo que pasa en este país que sigue siendo tan especial? La calidad de nuestra ciencia, de nuestra producción artística, literaria, de pensamiento, el nivel tecnológico, la medicina y la investigación… La gran capacidad de imaginar y el ansia de gol que ha dado tanto fruto. Tenemos que seguir apostando a eso, ¿por qué alguien estaría en contra de lo que nos lleva a crecer, empoderarnos, entendernos, curar, educar, crear? Sería rarísimo, ¿no?

Quizá algo de esa potencia, que hoy tenemos que defender, provenga de la educación pública que tanto tiempo hemos tenido y que cohesiona a una sociedad. Nuestros cinco premios Nobel estudiaron en la universidad nacional, pública y gratuita. Defenderla es querer que eso siga sucediendo, que tengamos un espacio donde los jóvenes se encuentren con otros que vengan de diferentes realidades para conocernos y pensar un país juntos. Y que puedan investigar lo que quieran sin pensar en hipotecar su vida, como en otras latitudes. Eso es ganancia para todos: es el médico que te va a atender, es el profesor que te va a enseñar…

Veo cómo los docentes, bibliotecarios, investigadores, vienen a las Ferias buscando libros para compartir con los pibes. Me emociona muchísimo ver cómo a algunas maestras se les llenan los ojos de lágrimas al contarme cosas que pasaron con un libro y sus alumnos, anticipando la alegría que les dará el compartir nuestros libros en la sala, con el esfuerzo de estirar el sueldo para comprarlos. Un buen docente puede hacer una gran diferencia en la vida de una persona; mi respeto y admiración por ellos son enormes. Los abrazo siempre, gracias. Componente indispensable de esta célula vital y cultural.

¿Cuánto valemos?

Lo que hoy nos habla desde redes sociales y medios tiene mucho que ver con la monetización. Nos quieren hacer creer que todo tiene que dar dinero, ser un gran negocio, ser masivo. Los pibes aprenden que hay que ser millonario y famoso para ser feliz. En ese sentido, se da una falta de imaginación tremenda y engañosa, pero es algo que surge de un temor muy concreto: el miedo a no tener dinero para vivir, a no ser valioso para los demás por eso mismo, por no ser “exitoso”, en la forma en que se proponen los modelos de las redes sociales.

Un gran negocio, masivo, es que vivamos en un ambiente sano a nivel natural, social, cultural. ¿Qué más podríamos necesitar? Díganme si ese no es el negoción. ¿Cómo nos defendemos de un sistema que busca denigrar ciertas riquezas que no son monetizables pero que dan ganancias reales a nivel humano y comunitario? ¿Cómo es posible después de una jornada laboral de diez horas, viajando mal, tener esos espacios para leer, aprender, compartir con otros? Es necesario tener una comunidad gregaria, festejar la solidaridad, los logros de grupo. Las plantas, los hongos, los árboles y su generoso entramado nos dan claves.

Todos necesitamos ayuda de otros para llegar a nuestra propia realización. La monetización de la vida nos empobrece. La vida se aplana, pierde vuelo. (Hago un paréntesis para celebrar que la Feria tenga entrada gratis). En este evento, lleno de libros, le hacemos una zancadilla al algoritmo: podemos elegir nosotros, caminar por los pasillos, preguntar a un librero… Buscamos en cada lectura una experiencia, decía Simone de Beauvoir, que es tan real como otras.

Y tal vez nos encuentre una historia que no esperábamos, encontramos un libro que nos entusiasma para compartir con un niño o niña en un aula, en una biblioteca, o antes de dormir. ¿Cuánto vale ese momento de lectura compartida? Es incalculable, nosotros lo sabemos. Lo que ofrecemos a los niños debería ser lo mejor que tenemos. Cuidarlos es cuidar también de nuestra mejor humanidad. Los niños son de todos: como comunidad los abrazamos, insuflan vida y movimiento en nuestras esponjas, que se vuelven piedras si no las enternecemos. Con sorpresa, con buen humor, con dulzura también. “La dulzura es una inteligencia que tienen todos los cuerpos para enlazar con otros cuerpos. Se asocia a algo infantil y femenino, no es algo serio para el sistema patriarcal”, dice Anne Dufourmantelle, psicoanalista y filósofa, en su libro Puissance de la douceur. En francés, puissance alude no solo al poder, sino también a la potencialidad, la capacidad de transformación. Dufourmantelle juega con esta ambivalencia para mostrarnos que la dulzura no es una simple actitud pasiva, sino un movimiento activo que desafía la violencia y la indiferencia. La dulzura, agrega, se manifiesta en la manera en que tocamos y somos tocados por el mundo, en la capacidad de apertura hacia el otro, sin necesidad de poseerlo ni dominarlo. A veces, digo yo, nosotros lo hacemos a través de los libros, de las historias que elegimos, de la manera en que las mostramos, las ofrecemos.

¿Cómo acompañar esas campanitas de risa, esa capacidad intrínseca de amar de los niños, de jugar y planear juntos, en los contextos que no respetan la vida, o que piensan que algunos niños o razas enteras pueden o deben ser eliminadas? Eso no es parte del camino que nos han enseñado nuestra historia, nuestra cultura, nuestros cuentos.

Es un momento descorazonador: los organismos que se crearon luego del horror por la Segunda Guerra Mundial, han fracasado en sus intentos de detener las prepotencias y abusos de los matones del mundo. ¿Cómo enfrentar a esos monstruos? Al no tener valores básicos y en común, como el respeto inalienable al cuidado de los más vulnerables ¿Cómo podemos dialogar?

No queremos perder esa estrella, esa luz para acompañar y compartir el amor por la vida, que según Eric Fromm, es el mayor regalo que les podemos ofrecer a las infancias, ya que ellos ven en nosotros el mundo que les tocó. Mientras se habla de que cada vez hay menos niños, se mata de a miles, se los descuida, desfinanciando programas de contención y salud.

Matanzas en Congo, en Sudán, en Ucrania, en Líbano, ya sea con guerras o con políticas de considerar inservible a una parte de la población: niños, padres, madre, abuelos. La guerra es un negocio tremendo y cruel: ¿Cuánto vale un niño? ¿Cuánto vale una familia? ¿Su valor sube o decrece según su edad? ¿Cuánto vale una abuela? ¿Y un libro? ¿Cuánto vale una biblioteca, una maestra? No se puede dimensionar la magnitud el infanticidio en Palestina. Les juro que los chicos y chicas de allí son tan hermosos y deseosos de una vida plena como mis hijos y los niños que vendrán a esta Feria. Porque tuve la oportunidad de conocer a las niñas del campo Jalazone, a las de Belem, así como a mediadores y bibliotecarios y maestros del Instituto Tamer. Lo más valioso que pude ofrecer en 2018 cuando estuve en Ramallah, Cisjordania, dando talleres, fue la oportunidad de crear juntos, inventar, hablar con formas y palabras de sus deseos, alegrías y ocurrencias. Grandes y chicos, agradecían la oportunidad de divertirse e imaginar, usar sus ideas y talentos. Igual que cuando estuve en la Casa del Niño en La Boca, igual que en Estocolmo, que en Ciudad de México, o en Finlandia, igual que en nuestras escuelas. Por cómo me recibieron y agradecieron, y deseando que estén a salvo (me imagino el terror en el que viven, al que le hacen frente cada día) debo nombrarlos, los niños y niñas son valiosos, estén en Gaza, Israel o Cisjordania. Según el diario Haretz de Israel, han sido asesinados más de 21.000 niños, 38 de ellos israelíes y el resto palestinos, sin contar los amputados, enfermos, etc. Miles de niños gazatíes fueron considerados amenaza por un poder militar enorme que los ve como blancos móviles. Fueron destruidos escuelas, bibliotecas, hospitales. También el instituto Tamer que había en Gaza y su bibliotecaria; fueron arrasadas igualmente las bibliotecas del IBBY.

El año pasado en la Feria de Bologna, el Instituto Tamer mostró el trabajo que están haciendo con las infancias en los campamentos, creando cuentos e ilustraciones. Esta semana hubo bombardeos sobre los campos de refugiados, tal como me cuenta el poeta y escritor argentino David Wapner, que vive en Arad, Israel, que ha trabajado con niños israelíes y palestinos durante décadas y ya no puede más de llorar, está tan cerca del horror y nos pide a los demás: ¡miren hacia acá, por favor! Estamos mirando, querido David, y llorando con ustedes.

Volvamos a la cordura, que se detenga ya esta monstruosidad.

Nunca la violencia

La autora sueca Astrid Lindgren, en 1978, cuando le entregaron el Premio Nobel de la Paz en las bibliotecas de Alemania, dio un discurso que convirtió a Suecia en el primer país en prohibir las represiones físicas a nivel oficial. Cito una parte: “Un día me encontré a la anciana esposa de un párroco, quien me contó que cuando era joven y dio a luz a su primer hijo, no creía en los castigos físicos, a pesar de que azotar a los niños en aquel tiempo era una práctica común. Sin embargo, cuando su hijo tenía 4 ó 5 años, hizo tal travesura, que ella decidió, a pesar de todos sus principios, azotarlo por primera vez en su vida. Le dijo al hijo que fuera al patio y buscara un palo para este fin. El niño se tardó en regresar, y cuando volvió, tenía su rostro mojado en lágrimas. Dijo: “Mamá, no encontré ninguna vara, pero encontré una piedra que me puedes lanzar”.

En ese momento la madre comprendió de golpe cómo lucía la situación desde el punto de vista del niño: si mi mamá quiere lastimarme, no importa cómo lo haga; con el mismo éxito puede hacerlo con una piedra. La madre sentó al hijo en su regazo y lloraron juntos. Puso la piedra en un estante en la cocina como recordatorio de que la violencia no es una solución.

Tal vez te preguntes: ¿entonces si dejamos de castigar a los niños físicamente, criaremos una nueva especie de Homo Sapiens, todos se volverán bondadosos al instante y las guerras terminarán? Por supuesto que no. Solo los escritores infantiles pueden creer en este tipo de utopía. Este pobre mundo necesita un montón de reformas y cambios. Pero nuestros hijos ven la televisión, ven cuánta agresión hay en el mundo y, tal vez, crean que es la única manera de resolver todos los problemas. Y ahora mismo, en nuestro hogar, podemos enseñarles que existe otro camino. Y es lo que podemos hacer por el mundo. A ninguno de nosotros nos vendría mal una piedra en un estante de la cocina para recordar: ¡No a la violencia!"

Hoy estamos de acuerdo en que a los niños no se les pega. Tampoco se los debería matar. Y era algo que se suponía ya habíamos aprendido. Hay un libro que seguramente conocen: El niño del pijama a rayas. En él, un niño judío de un campo de concentración se hace amigo de otro niño, que resulta ser hijo de un militar nazi que “trabaja” si es que puede llamarse así, allí. Ninguno de los niños parece estar muy consciente de lo que pasa en el campo, y el niño preso allí va un día a ayudar como sirviente en la casa del hijito del nazi; se hacen amigos en su inocencia. El niño del campo lo invita entonces a jugar de su lado, y le consigue un traje a rayas parecido al suyo para que pase desapercibido. El truco funciona y el nene alemán cruza al “campamento de su amigo”. Cuando el padre alemán horrorizado comprende al fin donde está su hijo, al ver la ropa al borde de la cerca, lo siguiente que vemos es el humo de los incineradores, y el hombre grita. Y pensamos: ¿por qué carajo no gritaba antes?

Feria del Libro Infantil 2026 - inauguración
En su discurso, Isol contó sus experiencias infantiles y familiares como reflejo de una forma de entender la lectura en la vida cotidiana

Las historias nos ayudan a entender el horror en su forma concreta, por el detalle, por la singularización de los personajes, por conocerlos de alguna forma. Un niño es un niño. Lloramos por los dos niños de la historia, porque el sistema que los asesina va por encima, no los ve. Un trajecito, una cerca separa los que sirven de los que no. Pero es muy difícil diferenciarlos. Por supuesto. Y esos niños son amados por alguien. La literatura nos vuelve a recordar muchas de esas cosas, nos desarma, nos ablanda en la rigidez de los dogmas.

(Y hago una pausa para recordar que aún tenemos más de 250 niños apropiados por la última dictadura militar.)

Julian Assange, el periodista que sacó a la luz varios secretos de estado en los Wikileaks, dijo en una entrevista que, analizando los documentos encontrados, salta a la vista cómo los medios llenan de odio, noticias sesgadas y justificaciones defensivas a los pueblos para que acepten la guerra como el único recurso. La buena noticia, dice, es que la mayoría de las personas jamás estarían de acuerdo con ir a una guerra sin todo ese aparato de manipulación. ¿Cómo pasó que tendemos a pensar lo peor del otro? ¿Podemos vernos en nuestra monstruosidad con compasión, para cambiar y crecer? En mi experiencia: da más felicidad amar que odiar.

Hablábamos de poder elegir entre ser sensibles o ser monstruos. Hay muchos cuentos de monstruos, de hecho parecen ser de los preferidos por los chicos y chicas. Es parte de nuestra educación y defensa contra el miedo, ese gran manipulador. Jugamos a tener miedo, ¿tal vez, para desarmarlo? La educación ayuda contra el miedo, también el humor. El ridículo desarma a los matones.

Tal vez podamos tratar de no estar tan a merced de estos poderes que nos quieren aislados, perdiendo fuerza, sin relacionarnos. La buena lectura nos conecta porque deja márgenes abiertos a interpretaciones, es más sincera que un robot o un algoritmo, hay una voz que nos cuenta, y es la de otra persona que volcó allí su propia intuición, mirada, y nos pensó, de alguna forma, como lectores. Este momento es muy raro: pensamos que es mejor dejar que una Inteligencia Artificial hable o cree por nosotros. Resignar nuestra voz es denigrarla de alguna forma. Además esa voz artificial tiene dueños, lo que pasa es que están escondidos, robándonos cosas, identidad, creaciones. Tiene que ser una herramienta para ayudarnos técnicamente, en todo caso. Pero si perdemos nuestra oportunidad de ejercitar lo expresivo y lo creativo, ¿qué ganamos, realmente? ¿Tiempo? ¿Tiempo para qué?

La lectura también nos acerca a la creación, cuando elegimos qué nos interesa, lo interpretamos, nos dejamos conmover, pensamos al respecto. Pero hay que tenerla a mano, especialmente en este momento. Hay muchas casas donde no hay un solo libro.

Existen organizaciones muy importantes en nuestro país que trabajan por la difusión de la literatura infantil de calidad como Cedilij en Córdoba, ALIJA, Jitanjáfora en Mar del Plata.... Pero no alcanza. Es necesario que estemos de acuerdo en apoyar la difusión y creación de libros para niños.

Pregunté a quien fuera la directora del plan hasta 2023, la experta promotora de lectura Natalia Porta López, y ella me confirmó que el país no tiene Plan de Lectura desde diciembre de 2023. Esto es algo que desequilibra mucho el equilibrio de la estructura por la cual nuestros chicos acceden a la literatura de calidad. Porque ya no se actualizaron los acervos literarios, informativos y artísticos de las bibliotecas escolares, tampoco hubo compras y distribución para el armado de colecciones de aula —eso que todos los estudios asocian con mejor calidad educativa—, ni para entregar como semilla de biblioteca personal. Ni compras para la formación de los maestros.

La Secretaría (que antes fue el Ministerio) de Educación tampoco produce materiales para los chicos: ni literarios ni pedagógicos. Nunca más se contrataron autores (ni escritores ni ilustradores) para esas ediciones que ya no existen, tampoco para dialogar con docentes ni con estudiantes, o para aportar en instancias de formación. Se cortó ese círculo virtuoso de compras que -mientras funcionó- renovó las lecturas de los chicos e impulsó nuestra industria editorial. Ni se contrataron más especialistas para acompañar a los docentes en el trabajo de movilizar los libros que en su momento se compraron y distribuyeron.

Las provincias no recibieron más apoyo. Había planes activos en las 24 provincias y hoy sólo se sostienen unos pocos. Río Negro, Formosa y algunos planes que nunca se discontinuaron como el de Salta, Córdoba o Provincia de Buenos Aires. En estas dos últimas –incluso- se siguieron comprando colecciones y llevando a las escuelas libros de editoriales y autores propios de esos espacios geográficos. Esto genera una profunda asimetría entre lo que recibe un estudiante de La Matanza y otro en Jujuy.

En estos años todo el dinero previsto para el Plan se derivó a un Plan de Alfabetización, cosa que como sabemos no es lo mismo. Ese Plan lo diseña cada provincia a su criterio y en lugar de alfabetizar con libros la mayoría de las jurisdicciones compró a empresas poco transparentes paquetes cerrados de materiales y consultorías que se supone mejorarán unas estadísticas que no miden lo que a nosotros nos importa: no conciben a la lectura como construcción de sentido ni como acercamiento a una forma de arte. Alfabetizar no es formar lectores; si se hace bien, es apenas una parte.

Al menos CONABIP sostiene su política de compras en la feria, el hermoso Programa Libro%, pero cada vez son menos las bibliotecas que pueden funcionar sin presupuesto. Tampoco aparece activo el programa de Cultura Libros y Casas. La Nación no tiene políticas de lectura y se nota.

¿Estamos apostando a un plan de no-lectura? La Argentina tiene un acervo de creadores de libros increíble, refrendado por premios nacionales e Internacionales. ¡Eso es riqueza! ¡Eso es nuestra mina de oro sustentable! Que crece, que inspira, que es –además- industria.

El Rey Midas pensó que el oro era lo único importante y se quedó duro, muerto y dorado. Hay tantos cuentos para entender y procesar el mundo, ¿será ese un peligro? ¿Es tan ingenuo preguntárselo? Quizá dentro de un libro nos permitamos sentir o pensar cosas que no enfrentaríamos fuera de él. Y ese proceso puede cambiarnos.

Una madre en México me contó emocionada algo acerca de su hijo de espectro autista y mi libro Piñatas, donde el protagonista no se anima a participar del luego en común en el que hay que destrozar una piñata con un palo (y la verdad es que da un poco de miedo). Me contó cómo a partir de esa historia el nene había podido enfrentar sin miedo ese momento (que en México se da en TODOS los cumpleaños infantiles). Me sigue pareciendo increíble que sucedan estas cosas, y tal vez tenga que ver con la verdad que contenga cada libro o cómo esté expresada.

El docente que nos leyó Crónicas Marcianas en séptimo grado pensó que nosotros lo íbamos a disfrutar mucho. Y así fue. Varios seguimos leyendo a este autor. Recuerdo otro cuento de Bradbury, que tal vez recuerden. Se llama “El ruido de un trueno”. Sucede en el año 2055 (el futuro lejano para Bradbury, y no tanto para nosotros).

Comienza así: El anuncio en la pared parecía temblar bajo una móvil película de agua caliente. Eckels sintió que parpadeaba, y el anuncio ardió en la momentánea oscuridad: SAFARI EN EL TIEMPO S.A. SAFARIS A CUALQUIER AÑO DEL PASADO. USTED ELIGE EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEVAMOS ALLÍ, USTED LO MATA.

En esta historia un hombre adinerado, llamado Eckels, paga por ir de safari a matar un dinosaurio, viajando en una máquina del tiempo a la prehistoria. El cazador se fascina con la idea de matar un Tiranosaurus Rex, el “Lagarto del trueno”, como lo llaman. Es un día después de las elecciones en ese país, y se comenta el alivio generalizado porque ha ganado el candidato Keith, que parece será un buen presidente, contra un oponente del que el hombre que atiende allí dice: “Es el anti-todo, militarista, anticristo, antihumano, antintelectual, ¡viviríamos en una dictadura! Algunos querrían irse al pasado para huir de él.” Le cuenta a Eckel los riesgos y precauciones extremas del safari prehistórico, le hace formar una autorización desligando responsabilidades si le pasa algo malo. Eckel tiene cierto temor, pero entrega su cheque y se embarca en la nave temporal. Tres cazadores y dos jefes de safari, con sus rifles azules metálicos llegan a la jungla de sesenta millones dos mil cincuenta y cinco años antes del presidente Keith. El lugar es increíble y denso, lleno de olores y sonidos de pájaros extraños.

Los organizadores del safari tienen un protocolo muy riguroso, ya que cualquier cambio en el pasado puede cambiar toda la historia biológica. Las piezas a cazar son ejemplares que se sabe morirían dos minutos luego del safari por algún accidente, que no se reproducen mucho, etc., por lo que su asesinato no cambia en nada lo que ocurriría de todas formas. Se prohíbe salir del sendero flotante asignado para el safari, para no aplastar las plantas ni ningún insecto a ratón, o lo que sea que pudiera ser antepasado de un futuro linaje vegetal o animal.

“Al aplastar ciertas plantas quizá sólo sumemos factores infinitesimales. Pero un pequeño error aquí se multiplicará en sesenta millones de años hasta alcanzar proporciones extraordinarias. Quizá un ratón muerto aquí provoque un desequilibrio entre los insectos de allá, una desproporción en la población más tarde, una mala cosecha luego, una depresión, hambres colectivas, y, finalmente, un cambio en la conducta social de alejados países. O aun algo mucho más sutil. Quizá sólo un suave aliento, un murmullo, un cabello, polen en el aire, un cambio tan, tan leve que uno podría notarlo sólo mirando de muy cerca. Pero mientras no sepamos con seguridad si nuestros viajes por el tiempo pueden terminar en un gran estruendo o en un imperceptible crujido, tenemos que tener mucho cuidado.”

Pero al ver al gigantesco dinosaurio, Eckels se asusta muchísimo, se ve muy pequeño con su fusil, cree que será él el asesinado, y en ese rapto de terror, corre y se sale del sendero. El terrible dinosaurio lo ve, todo se complica y los guías matan al dinosaurio, que cae con un estruendo sobre el sendero metálico. El cazador, frustrado, vuelve a la máquina temblando, los pies llenos de barro. Travis, el guía, enojado y espantado, sugiere dejarlo allí mismo. Lo obliga a ir y sacar las balas de la cabeza ensangrentada del dinosaurio muerto, Eckels lo hace, llega temblando y se desploma en la nave.

Sin intercambiar palabras, se limpian caras y manos. Travis lo mira furiosamente pero Eckels insiste en que no hizo nada, un poco de barro en los zapatos no puede causar ningún daño.

-¿Qué quiere que haga? ¿Que me arrodille y rece?

-Quizá lo necesitemos. Se lo advierto, Eckels. Todavía puedo matarlo. Tengo listo el fusil.

La máquina se detiene de nuevo en el 2055.

El cuarto estaba como lo habían dejado. Pero no de modo tan preciso. El mismo hombre estaba sentado detrás del mismo escritorio. Pero no exactamente el mismo hombre detrás del mismo escritorio.

Travis no se sintió tranquilo. Parecía estudiar hasta los átomos del aire, el modo como entraba la luz del sol por la única ventana alta.

-Muy bien, Eckels, puede salir. No vuelva nunca.

Eckels no se movió.

-¿No me ha oído? -dijo Travis-. ¿Qué mira?

Eckels olía el aire, y había algo en el aire, una sustancia química tan sutil, tan leve, que sólo el débil grito de sus sentidos subliminales le advertía que estaba allí. Los colores blanco, gris, azul, anaranjado, de las paredes, del mobiliario, del cielo más allá de la ventana, eran… eran… Y había una sensación. (…) Más allá de este cuarto, más allá de esta pared, más allá de este hombre que no era exactamente el mismo hombre detrás del mismo escritorio…, se extendía todo un mundo de calles y gente. Qué suerte de mundo era ahora, no se podía saber.

Pero había algo más inmediato. El anuncio pintado en la pared de la oficina, de algún modo el anuncio había cambiado.

SEFARI EN EL TIEMPO. S. A. SEFARIS A KUALKUIERA AÑO DEL PASADO USTE NOMBRA EL ANIMAL NOSOTROS LO LLEBAMOS Aí. USTE LO MATA.

Eckels sintió que caía en una silla. Tanteó insensatamente el grueso barro de sus botas. Sacó un trozo, temblando.

-No, no puede ser. Algo tan pequeño. No puede ser. ¡No!

Hundida en el barro, brillante, verde, y dorada, y negra, había una mariposa, muy hermosa y muy muerta.

-¡No algo tan pequeño! ¡No una mariposa! -gritó Eckels.

Cayó al suelo una cosa exquisita, una cosa pequeña que podía destruir todos los equilibrios, derribando primero la línea de un pequeño dominó, y luego de un gran dominó, y luego de un gigantesco dominó, a lo largo de los años, a través del tiempo. La mente de Eckels giró sobre sí misma. La mariposa no podía cambiar las cosas. Matar una mariposa no podía ser tan importante. ¿Podía?

Tenía el rostro helado. Preguntó, temblándole la boca:

– ¿Quién… quién ganó la elección presidencial ayer?

El hombre detrás del mostrador se rio.

-¿Se burla de mí? Lo sabe muy bien. ¡Deutscher, por supuesto! No ese condenado debilucho de Keith. Tenemos un hombre fuerte ahora, un hombre de agallas. ¡Sí, señor! -El oficial calló-. ¿Qué pasa?

Eckels gimió. Cayó de rodillas. Recogió la mariposa dorada con dedos temblorosos.

-¿No podríamos -se preguntó a sí mismo, le preguntó al mundo, a los oficiales, a la Máquina,- no podríamos llevarla allá, no podríamos hacerla vivir otra vez? ¿No podríamos empezar de nuevo? ¿No podríamos…?

No se movió. Con los ojos cerrados, esperó estremeciéndose. Oyó que Travis gritaba; oyó que Travis preparaba el rifle, alzaba el seguro, y apuntaba.

El ruido de un trueno.

Feria del Libro Infantil 2026 - inauguración
Ezequiel Martínez, Isol y Gabriela Pérez en el momento de inaugurar formalmente la Feria del Libro Infantil 2026

Quería contarles este cuento. Ojo con los cazadores del mundo, son muy tontos y cobardes debajo de sus armas. Una mariposa muerta, un libro no escrito, un niño no cuidado, pueden conducir a un futuro nefasto.

Consideremos estas Ferias, Bibliotecas, encuentros literarios, escuelas, como mariposarios, selvas, componentes para la preservación de sensibilidades e invenciones sutiles que nos hacen respirar mejor que Eckels, una forma en contacto con nosotros mismos, con los otros y con las cosas buenas, como la dulzura.

La dulzura es, por ejemplo, nuestro amigo Fanuel en Venezuela leyendo en los parques a los niños afectados por los terremotos, al igual que todas las personas que trabajan en el intento de dar espacios de alegría y magia a los demás, compartiendo desde el respeto, y diciéndole en ese acto a cada niño: sos valioso, te necesitamos.

Todos tenemos el derecho a estar en un ambiente sano a nivel espacio, naturaleza, cultural, familiar, saludable, pero las infancias sobre todo. Son muy pero muy importantes los espacios de esparcimiento y encuentro como clubes de barrio, bibliotecas, polideportivos, centros culturales, orquestas… que ofrecen maneras de relacionarse y que cuidan a nuestros nenes de narcos, perversos, depresión, apuestas…

Estamos en un momento de mucha muerte adolescente a mano propia.

Educación, contención, ESI en las escuelas para entender ese momento de nuestra vida tan desestabilizante donde estamos pensando quiénes somos. Y libros, con historias de otros, con reflejos, para ver que hay otros parecidos a nosotros, para inspirar a nuestros pibes y pibas, ayudarlos en su búsqueda. Debemos hablar más de salud mental.

No desanimarse. No quedarnos solos. Aceptar el dolor, lo real, pero también sostenernos en la alegría, el montonazo de buena gente, generosa, inteligente, que está todos los días haciendo lo mejor que puede, siendo amable, pensando, estudiando. En este momento de tan poco presupuesto para la ciencia, porque ésta es en sí pensamiento crítico, los más atacados son los científicos de las ciencias sociales. Los que justamente estudian nuestras sociedades, quiénes somos y cómo podemos pensarnos para entendernos y trascender la reactividad y la manipulación. Tal vez algunos prefieren que algunas cosas no se discutan. Pero sabemos que la ignorancia es carísima, para los que no especulamos con ella. Para los que queremos defender nuestro país hermoso.

En contra de un país injusto y desigual, la investigación es un negocio completamente a nuestro favor.

Es poco y es pequeño lo que una puede hacer desde un libro ilustrado. Es tan sutil como el aleteo de una mariposa, usar cambios de perspectiva de mis personajes, tratar de ver una situación desde diferentes lados, para armar un prisma más complejo de lo que aparece a simple vista, son técnicas delicadas y quizás nimias pero enriquecen el ambiente, y además suele ser divertido, porque salirse de lo previsto es realmente interesante, nos enseña mucho y también relaja.

En este país, como en todos, pero quizás aquí un poco más, tenemos varias miradas sobre las cosas. La diversidad es riqueza, no todo tiene que ser masivo. ¿Cómo defender lo particular, los pequeños emprendimientos, la preservación de una biósfera rica? ¿Cómo inventamos nuestra defensa contra los monopolios y corporaciones que aplastan lo que les saque un poco de su torta? Si no lo hacemos con leyes y comunidad, es probable que no se pueda. No somos solo el dulce de leche y la birome (aunque son grandes inventos) y no estamos de remate al mejor postor. Merecemos independencia y capacidad de crecimiento, con estructuras que lo permitan y promuevan.

Muchas personas se jugaron por defender y cultivar este suelo que habitamos para que pudiéramos decidir nuestro destino de manera libre y soberana y poder disfrutar de este país increíble. Estar acá hoy es una conjunción mágica e improbable, como la vida en el planeta mismo. ¿Qué hacemos entonces con el planeta? ¿Admirarlo?, se pregunta nuestro presidente. Si de verdad me lo pregunta, yo diría: lo que hay que hacer es esforzarnos por ser parte de la maravilla.

Vamos a terminar arriba

Gabriela Mistral, que antes de ser Premio Nobel de Literatura, fue maestra rural, escribió Llamado por el niño, y nos dijo que nos olvidáramos del propio niño, el que somos todos. Creo que algo de esa evocación sucede cada vez que compartimos juegos y lecturas con nuestros chicos.

Gracias por permitirnos hacer libros a los que los hacemos, gracias por editarlos a nuestros valientes editores, gracias por compartirlos con entusiasmo a los mediadores, docentes bibliotecarios, tíos, abuelos, padres. Es importante, lo digo por experiencia. Mis padres nos leían todas las noches y esos son de mis mejores recuerdos.

Dibujar sin límites

Un padre me escribió una vez que su hija decía que quería ser como yo y no tener límites. Me sorprendió al principio porque soy de las que piensan que ciertos límites ayudan a los niños a ser libres y hay que saber ponérselos. Pero después comprendí mi error. Ella lo dijo por mi manera de dibujar coloreando fuera del límite del borde negro; sí, me gusta salirme de la línea como en un falso fuera de registro. “No tener límites”. Me pareció una observación muy poética, y un deseo que yo misma sigo teniendo, intentando que mi esponja creativa no se reseque ni se ponga demasiado cómoda o temerosa al pasar los años.

Así como para esa nena el encuentro con un dibujo que no es igual a otros le inspiró una manera de pensar su quehacer, los encuentros y conversaciones con otros, a través de sus creaciones o espacios de discusión, amplían nuestros límites.

El año pasado tuve la oportunidad de estar en el Foro Argentino de Literatura que organiza la Fundación Mempo Giardinelli en Chaco, un espacio enriquecedor y potente donde conocer autores y mediadores de todo el país y del extranjero y compartir experiencias. Allí estaba el brasileño Jefferson Assumpcao, Director de Libro, Lectura, Literatura y Bibliotecas del Ministerio de Cultura de Brasil, también escritor, vocalista de la banda Tropeçália. En una cena en común, yo le pregunté cómo mantenía su optimismo luego del cierre de muchos programas y bibliotecas cuando estuvo Bolsonaro (él había estado antes con Lula, y ahora volvía a trabajar en Bibliotecas y lectura, remontando los programas y creando nuevas bibliotecas). Él me dijo: “A mí me gusta pensar cosas que parecen imposibles y trabajar para ello”. Y agregó: “Me parece que muchas veces los argentinos confunden pesimismo con inteligencia.”

¡Touché!, pensé, porque a veces caigo en cierto desconsuelo y pienso que eso es ser consciente de la situación. ¿Qué puedo aprender de esta mirada? ¿Cómo trabajar desde ese optimismo que da energía e ideas? Pensé en una frase de Lula que tengo copiada en mi estudio, que dice: “Nunca temer a la alegría”.

Al final de ese día, en el cierre del Foro, esta suma de ideas crearon el ambiente en el que todos terminamos cantando y recitando, inclusive Mempo lució su voz de barítono en un tango. “La alegría no es sólo brasilera”, ya lo dijo Charly, que es bien argentino.

Hoy nos deseo seguir encontrándonos en libros, dibujos, canciones y proyectos imposibles. Defendamos la alegría, la construimos también en esta Feria hermosa, potente, sembradora de futuros, iluminadora de este presente.

¡Gracias!

[Fotos: Fundación El Libro]

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD