
Una nueva biografía de Jacqueline Lamba revela, a partir de cartas de amor recién descubiertas, la relación que durante décadas fue apenas un rumor entre la pintora surrealista francesa y Frida Kahlo. El hallazgo también reordena la lectura de una trayectoria artística que quedó eclipsada por la de su esposo, André Breton.
Las cartas, fechadas a fines de la década de 1930, fueron encontradas por el especialista en Kahlo Salomon Grimberg entre una correspondencia atribuida solo a “una mujer francesa” y ofrecida a la venta por un comerciante que, dijo, “no tenía idea de lo que estaba vendiendo”. Los textos se citan de forma extensa en Jacqueline Lamba: The Forgotten Surrealist.
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En esas cartas aparecen frases como “Te amo intensamente” y “solo yo sé cómo te amo”. La correspondencia se sitúa después de la estadía de Lamba y Breton en México con Kahlo y Diego Rivera, un viaje de 1938 que terminó por convertirse en una pieza central de la vida privada de la artista francesa.

Lamba y Kahlo se conocieron en 1938, cuando la francesa y Breton se alojaban con Kahlo y Rivera en México. En ese período también trataron a León Trotsky, a quien Rivera había ayudado a obtener asilo en el país.
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Según el biógrafo, el primer lazo entre ambas surgió a partir de sus matrimonios conflictivos. Kahlo seguía afectada por la relación de Rivera con su hermana Cristina, y Lamba vivía una unión marcada por tensiones con Breton.
Grimberg dijo a Artnet News que había escuchado durante años rumores sobre la relación, pero que no había podido probarlos hasta encontrar las cartas. Las definió como “extremadamente íntimas, en el sentido de cómo le hablas a una amiga muy cercana, contándole cosas que no le dirías a otras personas”.
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Antes de que Lamba regresara a París, Kahlo le regaló un autorretrato en miniatura en el que unas cuerdas tiran de su cuello en distintas direcciones. Grimberg interpreta esa obra como una anticipación del efecto que tendría la separación sobre Lamba y también como reflejo de la propia impotencia de Kahlo: “Era arrastrada por otra fuerza, que era su amor por Rivera”.
La intensidad del vínculo quedó expuesta en otra carta escrita durante el viaje de regreso a París en 1938, donde Lamba le pidió: “No me olvides”. El 9 de septiembre escribió además: “Frida querida, todavía no he recibido una línea tuya, aparte de la carta para André. Siempre espero, duermo lo menos posible, la vida parece un corredor, un poco estrecho, pero sin duda conduce a puertas llenas de sorpresas y tú me esperas detrás de una de esas puertas, la que sigue siendo la más deseada”. Otra de las cartas estaba sellada con besos marcados con lápiz labial.
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Grimberg sostiene que la figura de Lamba quedó injustamente relegada por la fama de André Breton, referente central del surrealismo. Nacida en 1910, pasó parte de su infancia al cuidado de una niñera en París mientras sus padres y su hermana mayor regresaban a Egipto, y arrastró desde niña el peso de haber sido una hija no deseada: sus padres esperaban un varón, la llamaban “Jacquot” y usaban pronombres masculinos para referirse a ella.

Su relación con Breton comenzó en 1934, tras un encuentro en el Café de la Place Blanche que el libro presenta como “accidental”. Lamba tenía 24 años y trabajaba nadando desnuda en la piscina de vidrio del club nocturno Le Coliseum, donde Breton la observaba. Se casaron apenas dos meses y medio después, en una ceremonia en la que ella llevó un vestido negro y cuyos testigos fueron Alberto Giacometti y Paul Éluard; Man Ray tomó las fotografías.
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Durante ese matrimonio, Lamba pintó dentro del universo surrealista, pero, según Grimberg, Breton “quería que llevara la casa y cuidara de su hija Aube”. La artista se fugaba con frecuencia y dejaba atrás a la niña, que más tarde la describió como una madre distante y vanidosa.
Sobreviven muy pocas obras realizadas entre 1934 y 1940, y apenas un puñado de trabajos abstractos fechados entre 1942 y 1944. Entre las piezas tempranas escasas figura Portrait of André Breton as Saint-Just de 1937, donde Breton aparece con una palidez espectral y un traje negro antiguo; Grimberg lee en ese título, que invoca a un revolucionario francés guillotinado, una mezcla de admiración y resentimiento. Más adelante, la propia artista afirmó que Breton destruyó parte de su obra para castigarla por separarse de él.
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La biografía también revisa la relación de Lamba con Pablo Picasso, a quien conoció a través de su amiga Dora Maar. Grimberg sostiene que en pinturas como Reading at a Table, conservada en el Metropolitan Museum of Art, e Interior With a Girl Drawing, del Museum of Modern Art de Nueva York, la figura identificada durante años como Marie-Thérèse Walter sería en realidad Lamba.
El autor agrega que documentos de archivo, entre ellos fotografías de Lamba desnuda en la casa de Picasso, sugieren que probablemente participó en encuentros sexuales con la pareja y también con Éluard y su esposa Nusch. Aun así, aclara que no existe prueba de que esos vínculos hayan ido más allá de lo físico, a diferencia de lo que muestran las cartas intercambiadas con Kahlo.
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Lamba y Breton se divorciaron en 1944, después de nueve años de matrimonio. Ese mismo año, ella realizó su primera exposición en Nueva York, que recibió elogios de la crítica, pero Breton no la visitó; según Grimberg, se excusó diciendo que tenía demasiado trabajo en la oficina.
Pese a esa falta de apoyo, ambos siguieron siendo buenos amigos. Lamba se casó después con el escultor estadounidense David Hare y permaneció en Nueva York hasta el divorcio de la pareja en 1955, etapa en la que empezó a desarrollar composiciones abstractas.
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Grimberg contó que conoció a Lamba en su estudio en 1986 y que quedó impactado de inmediato por su obra. En ese momento, dijo, llevaba “una vida monástica” y, libre de sus exmaridos, “tuvo una epifanía y de pronto encontró dentro de sí lo que estaba buscando. Empezó a crear pinturas hermosas bañadas por luz”.
La última exposición de Lamba se realizó en 1967 en el Museo Picasso de Antibes. El artista español, ya anciano, la ayudó a elegir qué obras incluir. Después se resistió a volver a exhibir.
Tras su muerte en 1993, Grimberg organizó una retrospectiva que entre 2001 y 2002 pasó por cuatro instituciones, entre ellas la Pollock–Krasner House and Study Center de Nueva York y el Museo Salvador Dalí de St. Petersburg, en Florida.
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