Ai Weiwei llegó a Manchester con una muestra gigante de 4 millones de botones, pero a la crítica no le gustó

Mañana abre “Button Up!” en Aviva Studios con piezas sobre censura, guerra y exilio, con un montaje ambicioso, pero sin emoción

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AAi Weiwei llegó a Manchester con una muestra gigante de cuatro millones de botones, pero a la crítica no le gustó (Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)
AAi Weiwei llegó a Manchester con una muestra gigante de cuatro millones de botones, pero a la crítica no le gustó (Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)

Mañana, 2 de julio, y hasta el 6 de septiembre, la muestra Ai Weiwei Button Up! abre en Aviva Studios de Manchester. Son obras de gran formato sobre guerra, censura, exilio y globalización.

La más importante, la instalación Eight-Nation Alliance Flags, reúne cuatro millones de botones comprados por el artista a A Brown & Co, una fábrica de botones de Croydon que cerró en 2019. Son 30 toneladas enviadas a China, donde se cosieron las banderas de los ocho países que invadieron el norte de China en 1900: Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Alemania, Japón, Rusia, Italia y el Imperio austrohúngaro.

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A priori, impactante, pero la lectura que hace Laura Freeman en The New York Times sostiene que el despliegue monumental no logra traducirse en una experiencia emocional a la misma escala.

Mañana abre “Button Up!” en Aviva Studios con piezas sobre censura, guerra y exilio, aunque una reseña de The New York Times sostiene que la ambición visual del montaje no alcanza una emoción igual de poderosa y le da dos estrellas sobre cinco (Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)
Mañana abre “Button Up!” en Aviva Studios con piezas sobre censura, guerra y exilio, aunque una reseña de The New York Times sostiene que la ambición visual del montaje no alcanza una emoción igual de poderosa y le da dos estrellas sobre cinco (Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)

El título de la muestra juega con dos ideas. Alude a la necesidad de mantener la boca cerrada cuando cualquier palabra puede volverse en contra de quien habla y remite también a las piezas suspendidas en el espacio, colgadas desde lo alto como paños de gran escala.

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Al ingresar al recinto aparece Teahouse, una instalación impregnada con aroma de té. La invitación a “venir a tomar una taza de té”, explica la crítica citada por el diario, funciona en China como una fórmula ambigua: puede ser cortesía, pero también la frase con la que la policía convoca a una persona a un interrogatorio.

Esa obra cambia de sentido cuando el visitante lee los textos que la acompañan. Allí se recountan la detención del artista y años de vigilancia policial intrusiva, un contexto que vuelve inquietante una escena inicialmente apacible.

(Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)
(Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)

Freeman describe la exhibición como una muestra “grande” en un espacio “grande” con temas también “grandes”: guerra, comercio, imperio, globalización, revolución cultural e industrial, verdad, justicia, censura, oficio y exilio. Para la crítica, esa amplitud temática termina por diluir parte de la fuerza de las piezas.

La otra obra que la crítica identifica como principal es un gran bote inflable repleto de figuras hechas con el mismo PVC de la embarcación. Ai Weiwei, que estuvo en Lesbos observando la llegada de embarcaciones, incluso algunas vacías tras muertes en el mar, plantea allí su rechazo a la crisis de refugiados.

La objeción de la reseña es que esa escultura reduce vidas humanas a la uniformidad visual de los chalecos salvavidas. El resultado, según la publicación, es una exposición “extrañamente fría”, con momentos de humanidad que no alcanzan a compensar la vaguedad que aparece cuando la obra aumenta de escala.

(Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)
(Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)

La crítica recuerda un antecedente del artista en Tate Modern: las semillas de girasol de porcelana modeladas y pintadas a mano, donde cada unidad permitía imaginar una historia individual. Frente a ese recuerdo, Button Up! le parece menos eficaz para conectar lo masivo con la experiencia personal.

También menciona un muro de ladrillos de Lego dispuesto para representar un arsenal histórico de bombas. Su tamaño impresiona, pero no conmueve, y esa elección material, añade, entra en tensión con la defensa del trabajo manual y artesanal que suele atravesar la producción del artista.

Entre las piezas que examina figura además una pila de jarrones de chinoiserie que narra los horrores de la guerra moderna en el lenguaje azul y blanco de la porcelana tradicional china. La reseña concede que la obra es ingeniosa, engañosa y bella.

(Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)
(Foto: REUTERS/Temilade Adelaja)

Pero la valoración cambia con una araña de cristal de Murano construida con ramas y portavelas convertidos en un osario. En ese caso, el diario entiende que la pieza se acerca más a una escenografía efectista que a una forma de elaboración plástica del horror.

El recorrido está acompañado por extensos textos explicativos junto a cada obra. Para Freeman, esa necesidad de exposición verbal resulta persuasiva, pero también sugiere que las piezas no siempre consiguen hablar por sí mismas. La reseña publicada por The New York Times califica la muestra con dos estrellas sobre cinco. Ai Weiwei: Button Up! permanecerá en Manchester hasta el 6 de septiembre.

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